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El espejo del básquetbol

La pretendida superliga del fútbol argentino podría reflejarse en lo realizado por el básquet en los '80.

20 de mayo de 2016 a las 06:16 p. m.
El espejo del básquetbol

Por un lado, los clubes y el torneo superior, por el otro el ente rector con las selecciones nacionales y las divisiones de ascenso. Así se plantea la lucha que tiene involucrados a los impulsores de la superliga y a quienes defienden el esquema tradicional que nació con la AFA en 1893.

La iniciativa, se sabe, plantea una estructura divisionista con resultados óptimos en España, Inglaterra y México, entre otros, y que en nuestro país nunca se implementó en el fútbol, aunque sí en otras dos disciplinas: el básquetbol y el vóleibol.

Pionero. La Liga Nacional de Básquetbol hizo la punta en 1984, a través de la creación de la Asociación de Clubes, una entidad paralela a la Confederación Argentina de Básquetbol que revolucionó y potenció como nunca antes la competencia interna. La AdC es la encargada del manejo de las primeras dos categorías de ese deporte, y en ese ámbito se negocia todo: torneos, televisación, esponsorización, reglamentación y, por supuesto, la distribución de dividendos.

Por aquellos años de gestación, el fútbol también analizaba la necesidad de cambios profundos, discutiendo largamente un proyecto de federalización que Rodolfo O’Reilly, secretario de deportes del gobierno de Raúl Alfonsín, le había elevado a Julio Grondona.

Tras mucho debatir, ambos deportes realizaron cirugía mayor. Pero mientras el básquet se animó a romper estructuras y organizar un campeonato con representación provincial, el fútbol sólo cambió la modalidad de los torneos y, paradójicamente, sepultó el Nacional y obligó al interior a buscar lugar desde el ascenso.

El básquet abrió “a dedo” la conformación de la nueva competencia, buscó las plazas más rentables, fijó condiciones y estas dejaron el tendal de “heridos” entre los menos convocantes. “La Liga la jugará el que pueda, no el que quiera”, dijo León Najnudel, mentor principal del movimiento. Mal no le fue. El viejo Argentino de Clubes pasó al archivo y la Liga sacó del letargo a un deporte que, durante décadas, se había subido a un tobogán sin fin.