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La sucesión de España está en marcha

19 de junio de 2014 a las 08:59 a. m.
La sucesión de España está en marcha

Cayó el campeón..., pero no hubo estruendo. No era anunciada la eliminación de España, el último rey, aunque sí previsible, tal su lógica merma en ambición y en rendimiento después de disfrutar durante cuatro años el peso de la corona.

Se notó en su correteo intenso, pero que tuvo el tranco de un mamut ante la intensidad infinita de Chile, equipo que se defendió con todos y que atacó con muchos, aún teniendo al rival a sus pies.

El golpe al mentón que Chile le dio a España es un jalón importante de este atractivo Mundial, bien decorado de goles, con potencias que quieren revalidar su historia con juego abierto y sin especulaciones.

Sin embargo, esta histórica victoria trasandina demuestra que no hay impunidad para el relajamiento, que la atracción por lo máximo se renueva en otros, y que la piedad por los títulos no existe (y nunca ha existido ni existirá) en un campo de juego.

Ayer se fue España, el último campeón, uno de los grandes. Lo hizo con hidalguía, sin histerias, apostando en dosis licuadas al fútbol más precioso que se vio en los últimos años. El mismo fútbol que se nutrió de metódicas bases y de una fabulosa inversión en superestrellas, que potenciaron a lo largo de los años a los cientos de jóvenes españoles que han jugado a sus lados.

España se hizo al costado para dar paso a una variada expresión de juego que quiere sucederlo. Arremete Alemania, con la consistencia como conjunto de un Panzer y la velocidad en el toque de cualquier auto de calle. Todos corren y en lo suyo son funcionales a la idea de equipo. Müller, su goleador, no es delantero, pero defiende en el borde de su área y no respeta sector cuando avanza.

Los germanos y la de ayer de Chile son las expresiones colectivas más afianzadas hasta ahora en esta Copa. Los muchachos de Sampaoli atenazaron a su adversario, no lo dejaron mover, se multiplicaron en la marca y respondieron con vehemencia ante Casillas. Los de Joachim Löw barrieron a Portugal, lo inmovilizaron con la tenencia pulcra de la pelota y lo martillaron hasta hacer inútil el segundo tiempo, en el que también Muller dijo presente.

Hasta ahora, Italia e Inglaterra jugaron el mejor partido del campeonato. Y jugaron como juegan los equipos en sus ligas. Parece desterrado todo atisbo de catenaccio en la península, influida por el espíritu de Andrea Pirlo y de muchos otros jóvenes que fueron al frente y sin tantas especulaciones. Los ingleses hicieron lo mismo, aunque en ello se les fueron los tres puntos.

Holanda es otro de los que ha impactado. Vapuleó a España en sólo un tiempo con dos de las tres grandes figuras que se han visto hasta el momento: Van Persie y Robben. Ellos expresan el poder de fuego de un equipo que promedia cuatro goles por partido y que busca despojarse de los demonios que los han acompañado en tres finales. Ayer, tuvo carácter para vencer a Australia.

Entre todos, Brasil y Argentina todavía debaten estilos. Añoranzas por Kaká, Ronaldinho, Rivaldo, Ronaldo y tantos otros cracks surgen por la irrelevancia de un equipo que depende demasiado de

Neymar y que sorprende por sus escasas variantes ofensivas. Argentina prueba esquemas. Ya pasado el debut, con un pase a octavos casi seguro, deberá armonizar individualidades para dar una imagen de equipo que compita con las pretensiones de otros que ya mostraron sus garras.