Si hay un rival incómodo, de esos que te hacen pensar el partido dos veces antes de jugarlo, ese es Argentinos Juniors. Y es justamente el que le tocó a Belgrano en semifinales del Apertura.
El Pirata deberá viajar a La Paternal, a ese estadio Diego Armando Maradona que hoy es una fortaleza difícil de vulnerar: 23 partidos sin perder para el Bicho, con 17 triunfos y seis empates. Un dato que no es casualidad, sino consecuencia directa de un equipo que encontró identidad, funcionamiento y, sobre todo, convicción.
Porque Argentinos no es un equipo que gane porque sí. Es un equipo que te somete. Que te ahoga con la pelota, que te obliga a correr y que, cuando te equivocás, no te perdona. En ese escenario, Belgrano sabe que no alcanza con resistir: va a tener que competir de igual a igual.
El equipo de Nicolás Diez llega en un momento ideal. Ganó ocho de sus últimos 10 partidos y viene de dejar en el camino a Huracán y a Lanús sin haber sufrido goles en contra. Y ahí empieza la radiografía.

El rival que exige todo
En el arco aparece Brayan Cortés, arquero chileno que fue figura en los cuartos de final. Seguro en el juego aéreo, rápido de reflejos y con buena salida con los pies, es de esos arqueros que suman puntos. Ante Huracán tuvo una doble atajada clave que sostuvo al equipo en momentos delicados. No es un arquero que espera: participa.
En defensa, Argentinos muestra orden y sincronización. La línea de cuatro con Leandro Lozano, Francisco Álvarez, Román Riquelme y Sebastián Prietto combina firmeza con buena salida. No es una defensa que rechaza por rechazar: intenta jugar. Y eso explica por qué es uno de los equipos con menos goles en contra del torneo.

Pero el corazón del equipo está en el medio. Federico Fattori es el motor, el que corre, el que recupera, el que ordena. A su lado, Alan Lescano le da fútbol y llegada al área. Es un volante que está para las grandes ligas, con gol y calidad.

Y si a eso se le suman Nicolás Oroz y Hernán López Muñoz, el resultado es un mediocampo que mezcla recuperación con talento. Argentinos no solo recupera: sabe qué hacer con la pelota.
Arriba, la juventud y el gol. Facundo Jainikoski, con apenas 18 años, aporta frescura y movilidad, mientras que Tomás Molina, ex-Talleres, es el hombre de área. El que no necesita muchas chances para convertir. Ya lo demostró ante Huracán, marcando el gol de la clasificación.

Un equipo completo
Este Argentinos tiene una característica que lo define: juega bien. Hace tiempo que el Bicho construye equipos que gustan, que proponen, que ilusionan. Y, como reconoció el propio Diez, muchas veces se quedó en la puerta. “Si te mantenés ahí, en algún momento se te va a dar”, dijo el DT, convencido de que este puede ser el año.
La llegada de Diez no fue casual. Tras la salida de Pablo Guede, con un ciclo desgastado, la dirigencia apostó por alguien de la casa. Un hombre que entiende el ADN del club, que se formó en el semillero y que mamó una idea de juego. Su experiencia como ayudante de Jorge Sampaoli y Sebastián Beccacece le dio herramientas, pero su identidad está en Argentinos.
Hoy, ese proyecto empieza a dar resultados. Es un equipo sólido, confiable y con variantes. Fuerte de local, con una idea clara y con jugadores en gran nivel.
El Pirata tiene sus armas
¿Y Belgrano? Belgrano tiene con qué. Tiene oficio, tiene experiencia y tiene un entrenador como Ricardo Zielinski que sabe jugar este tipo de partidos. Pero deberá hacer un partido casi perfecto. Minimizar errores, aprovechar cada oportunidad y, sobre todo, no dejarse llevar por el ritmo que propone el rival.
Porque si Argentinos logra imponer su juego, el partido se juega donde quiere el Bicho. Y ahí, en La Paternal, con su gente y su racha, suele ser letal.
Ya la pasó mal el Pirata ante este rival en las semifinales de Copa Argentina el año pasado. Pero ahora será otra historia y el cruce está planteado así: de un lado, un equipo que quiere confirmar que está para campeón. Del otro, uno que quiere dar el golpe.
Belgrano sabe que no es imposible. Pero también sabe que, para lograrlo, tendrá que rozar la perfección. Porque enfrente no hay margen: hay un equipo que te exige todo. Y un poco más.

