Aniversario. Belgrano, el nombre que el fútbol estaba esperando
Hace 121 años se formalizó la fundación del club del barrio Alberdi, en un acto que parecía parte de un juego de niños. La idea, sin embargo, ya llevaba un par de años de maduración.
“Belgrano se fundó en 1903 por las siguientes familias: tres hermanos Lascano, cuatro Orgaz, tres Oviedo Bustos, tres Bazán, dos Alfonso, José Piñeiro y el general del Ejército Ponce de León”. La frase pertenece a las memorias manuscritas de Ernesto Barabraham, futbolista de la primera época y periodista de La Voz del Interior.
En su invalorable narración, guardada celosamente por su hija Celina durante varias décadas, también reconstruyó el marco en el que una barrita de amigos discutía entusiastamente la elección del nombre del club. Circulaban propuestas vinculadas con la denominación de las calles adyacentes, una costumbre arraigada entre los jóvenes a la hora de bautizar a los primeros clubes de la Docta. Las mociones eran “Caseros”, “Organización Nacional” y “27 de Abril”.
Barabraham contaba, además, que la fundación informal había ocurrido, en realidad, un par de años antes. “En la noche del 19 de junio de 1903 —escribió el pionero— discutían en 27 de Abril esquina Organización Nacional, y llegó el señor padre de Orgaz (Eleodoro) y les preguntó qué les pasaba. Al enterarse, propuso el apellido del creador de la bandera, nombre que desde ese momento quedó como el obligado”.
La propuesta de don Eleodoro no fue caprichosa ni mucho menos: al día siguiente se cumplía un nuevo aniversario del fallecimiento del prócer. La moción fue aceptada y, en homenaje al creador de la bandera, la nueva institución se bautizó con su nombre, respetando los colores de la insignia nacional para vestir al equipo: una camisa celeste a la que luego se le agregó una letra “B”, blanca o negra, en el bolsillo. El pantalón era blanco y las medias, celestes, de tal manera que, a primera vista, se adivinara la enseña nacional. Patriotismo en estado puro.
Presidente a los 14
Si bien aquel pudo haber sido el primer chispazo de existencia del club, las actas se formalizaron recién el 19 de marzo de 1905, un domingo atípico, enmarcado por elecciones provinciales de senadores y diputados cargadas de acusaciones de fraude y corrupción. En ese contexto comicial, los entusiastas footballers también se convirtieron en sufragantes para consagrar a un candidato que, seguramente, no ofreció demasiadas promesas electorales.
Sin urnas de por medio y a “voto cantado”, Arturo Orgaz, con apenas 14 años, firmó como presidente el acta número uno del Club Atlético General Belgrano. Sin embargo, la historia no solo le reservó al juvenil dirigente un lugar por aquel acto fundacional y por ser el back derecho del equipo (un “2” en la actualidad), sino también por su protagonismo constante en todos los ámbitos que decidió encarar.
Orgaz se recibió de abogado a los 23 años y más tarde fue partícipe central de la Reforma Universitaria, el movimiento político-cultural que en 1918 se animó a derribar las sólidas, aunque vetustas, estructuras de la casa de altos estudios, luego expandidas por todo el continente americano. Y no solo eso: en sus 65 años de vida también tuvo tiempo para militar en el radicalismo hasta la caída de Hipólito Yrigoyen, ser senador provincial por el Partido Socialista, escribir una decena de libros de variado y dispar contenido, fundar otro club (Athenas), presidir la Liga Cordobesa de Fútbol entre 1924 y 1928, enseñar Instrucción Cívica en el Colegio Nacional de Monserrat y ser titular de la cátedra de Introducción al Derecho en la UNC.
El sueño infantil estaba concretado y comenzaba así una larga lucha contra la adversidad, enfrentada con más ingenio que recursos económicos. En 1914 se instaló en su actual solar, alcanzando la meta de tener cancha propia. Lo mejor estaba por venir. Aquellos niños soñadores, convertidos ya en hombres, dejaron de competir por inocentes botellas de refrescos y se metieron de lleno en la lucha por conseguir la primera copa puesta en juego por el fútbol cordobés, un logro que les permite presumir de haber sido el primer campeón de la Liga Cordobesa.
Belgrano entraba así a la cancha, pisando fuerte y con decisión. El fútbol argentino lo estaba esperando.

