Crónica. Belgrano, una locura que vale semifinales: la noche que hizo vibrar a todo Alberdi

Con el envión del clásico ante Talleres y un 2-0 inolvidable frente a Unión, el Pirata volvió a encender a Córdoba y se metió entre los cuatro mejores del Torneo Apertura.

12 de mayo de 2026 a las 09:44 p. m.
Belgrano, una locura que vale semifinales: la noche que hizo vibrar a todo Alberdi
La fiesta de Belgrano ante Unión.

El Belgrano que eliminó a Talleres volvió a movilizar a Córdoba el martes 12 de mayo de 2026. No fue un día más: fue histórico. Otra vez, como en el clásico. Con un triunfo de esos que hacen latir el corazón más fuerte que nunca.

Belgrano hizo feliz a su gente con el 2-0. Está en semifinales del Torneo Apertura. Está “de la cabeza”, como su hinchada. Lo que sigue es la crónica de una victoria memorable ante Unión, en el Gigante de Alberdi.

La previa fue una locura. Las calles alrededor del estadio estaban distintas, y para bien. El triunfo en el clásico fue tema excluyente. Y González Metilli también. Todos hablaban de lo ocurrido en el estadio Mario Alberto Kempes, con el 1-0 que puso a la “B” en los cuartos de final del Torneo Apertura.

Esa felicidad también se reflejó en los contenidos que publicó La Voz en su cuenta de Instagram. “Me caso”, decía una hincha que se sumó a la consigna “¿qué le dirías a González Metilli?”. Claro que la mayoría de los mensajes para el volante remitían a la alegría que les había dado en el clásico. “Fue sexo”, decían otros ante el micrófono de La Voz. La frase se convirtió en remera y fue la más vendida en una previa en la que unas 40 mil personas fueron copando el estadio. Fue un día de final.

Ese clima se trasladó al recibimiento. Las banderas de siempre y muchas más. Banderones, humos, fuegos artificiales. Todo. La locura de la gente con el “Belgrano, mi buen amigo” y el “el que no salta es de la ‘T’”, que sonó ensordecedor. Mientras tanto, algunos hinchas les sacaban fotos a los jugadores teñidos del plantel: Lisandro López, Lucas Zelarayán, Emiliano Rigoni. Y también a González Metilli, que se había cortado el pelo.

Festejos de Belgrano tras vencer a Unión.
Festejos de Belgrano tras vencer a Unión. (José Gabriel Hernández / La Voz)

Cuando arrancó el partido, la intensidad fue total. Se vivió al límite. Como en ese zurdazo tremendo que le sacaron a Sporle. Después llegaron esos minutos en los que no pasaba nada y el encuentro se volvió trabado, de lucha. El Belgrano-Unión se transformaba en un drama.

Hasta que, de pronto, Adrián Sánchez metió ese cabezazo que pareció entrar en cámara lenta y que se gritó multiplicado por cinco. Se viralizó en abrazos, en saltos, en miradas al cielo. En besos, como los de Eugenia y Néstor, que habían vuelto a la cancha después de años. Estaban extasiados. Perdida y definitivamente enamorados. En realidad, enamorados de Belgrano.

Belgrano vs. Unión, en Alberdi.
Belgrano vs. Unión, en Alberdi. (José Gabriel Hernández / La Voz)

Eran ellos dos. Eran los 40 mil en el Gigante. Era la fiesta. El momento más loco del partido. El 1-0 era un mundo. Un mundo pirata. Un mundo feliz.

Y después llegó el 2-0. Gente llorando. Gente intentando mandar un audio por WhatsApp que no salía porque los datos estaban saturados. Felicidad pura. Un descontrol. Una montaña rusa. Una situación inéditamente maravillosa, casi sublime. Todos se sentían parte. Todos fueron uno. Todos fueron Belgrano.

Todos sentían que habían hecho algo para que Belgrano se metiera en la semifinal del Torneo Apertura de la Liga Profesional. Entre ellos estaba Gustavo Luna, de la agrupación Pueblo Pirata. Con el partido 0-0, Gustavo pidió sal en uno de los puestos de comida de la platea Heredia y la desparramó en la tribuna. “Vamos a cambiar las energías. Vamos a hacer que Belgrano gane”, dijo.

Belgrano, festejos tras ganarle a Unión.
Belgrano, festejos tras ganarle a Unión. (José Gabriel Hernández / La Voz)

Después, cuando pasó lo que pasó, lloraba solo entre los gritos de todos. Para él, su acción había sido clave. Sintió que ayudó. Se sintió Belgrano.

Es una historia entre las 40 mil que se vivieron en Alberdi, donde Belgrano escribe su historia. Y donde Gustavo —como todos— elige creer.