
Thiago Cardozo, el jugador de asistencia perfecta en el campeón Belgrano y la búsqueda que se quede
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Redacción La Voz
Después de quedarse con el Torneo Apertura de la Liga Profesional y de conseguir el primer boleto de Argentina para la Copa Libertadores 2027, el mundo Belgrano quedó revolucionado. La pregunta de los hinchas es dónde jugará de local en el principal torneo continental.
La decisión política de los dirigentes de hacer esfuerzos para intentar jugar en Alberdi está tomada. Para conseguir la aprobación de la Conmebol, deben realizarse varias obras en el estadio Julio César Villagra.
En 2024, cuando el equipo afrontó la Copa Sudamericana, los cuatro partidos se disputaron en el estadio Mario Kempes (tres de la fase de grupos y uno de octavos), ya que era el único escenario habilitado por la Conmebol. El Gigante no cumplía con los requisitos mínimos exigidos para competencias internacionales.
Tras un par de años alejados del plano continental, la primera estrella trajo el boleto al certamen más codiciado y aceleró los tiempos para encontrar soluciones.
Sin embargo, no todos los hinchas están convencidos de que Alberdi sea la mejor opción. Las razones son diversas y están bajo análisis, teniendo en cuenta tanto las necesidades de los socios como las exigencias de los organismos internacionales.

Para poder jugar partidos internacionales en el Gigante, hay dos obras clave. Por un lado, la modificación del sistema lumínico, que es la más compleja y costosa. Por otro, la construcción de palcos destinados a autoridades de las delegaciones visitantes.
Remover las cuatro torres actuales demandaría un costo cercano al millón de dólares y un plazo estimado de seis meses. Primero deben construirse las bases sobre las que se apoyarán las nuevas columnas, ubicadas en terrenos adyacentes al estadio adquiridos recientemente.
Luego se montarán las torres, que estarán fuera del recinto para garantizar mejor visibilidad desde todos los sectores. Las actuales no son reutilizables. Durante el reemplazo, habría un período de un par de semanas sin posibilidad de jugar con iluminación artificial.
Mientras avanzan las obras, el sistema actual seguirá funcionando. Las luces LED existentes podrían aprovecharse, pero resultan insuficientes: la potencia debería, como mínimo, duplicarse.
También será necesario montar estructuras sobre la tribuna Cuéllar y la platea Heredia, donde se instalarán nuevas líneas de iluminación.
Durante la inspección de 2024, la Conmebol rechazó el estadio porque la visibilidad en los sectores de los tiros de esquina no era adecuada. Ese fue el principal motivo de la negativa.

Otro requisito de la Conmebol es contar con palcos para autoridades visitantes. Los actuales espacios, ubicados en el denominado “vagón” sobre las plateas, no cumplen con la capacidad necesaria.
Por ello, se proyecta la construcción de nuevos palcos en la cabecera de la tribuna Preferencial. Esta obra puede realizarse en paralelo con otras y no afectaría la localía en el Torneo Apertura 2027.
La nueva tribuna popular no está contemplada en esta etapa. No podrá iniciarse hasta que la asamblea extraordinaria apruebe la toma de deuda por un monto superior al permitido por el artículo 52, inciso b, del estatuto, que fija un límite del 12% del presupuesto.

La principal duda sobre jugar en el Gigante, más allá de las obras, los costos y los tiempos, es la capacidad del estadio: actualmente, 35.000 espectadores, según la habilitación de la Municipalidad de Córdoba.
De acuerdo con el reglamento de Conmebol, el local debe otorgar al menos 2.000 entradas al visitante. En el caso de Belgrano, el único sector disponible sería la cabecera de la Preferencial. Con los espacios de seguridad (“pulmones”), eso implicaría perder casi toda esa tribuna para el público local, reduciendo la venta a unos 30.000 boletos.
Desde el club señalan que habilitar ese sector requiere estructuras fijas que deben montarse con anticipación, por lo que no pueden ajustarse en función de la demanda visitante.

La recaudación es otro punto central. Jugar en el Kempes permitiría vender al menos 45.000 entradas y facilitar el acceso del público visitante. Con un valor promedio cercano a los 50 dólares por entrada en Copa, la diferencia sería de unos 750.000 dólares por partido.
En los tres encuentros de la fase inicial, el ingreso adicional podría superar los dos millones de dólares.
Parte de esos fondos podría destinarse a una futura obra: el “codo” entre la Preferencial y la Cuéllar, con capacidad para unos 3.000 espectadores, pensado para público visitante cuando sea necesario, además de nuevos palcos.
Belgrano jugará la Copa Libertadores 2027. El corazón indica que debe hacerlo en el Gigante, pero la decisión no es sencilla: las obras exigen inversión y tiempo, mientras que el Kempes ofrece mayor recaudación con menos urgencias.