La gran final. Belgrano jugará por su gente, los colores y la historia
El Pirata está en su primera final nacional y va en busca de una vuelta olímpica, será ante River el domingo a las 15.30 en el Kempes.
Desde el 19 de marzo de 1905, cuando se fundó el Club Atlético Belgrano, sus hinchas han esperado un domingo como el que se viene, uno en el que el equipo principal juegue un encuentro por un campeonato en la máxima categoría del fútbol nacional. Y la paciencia con la que las generaciones aguardaron esto tendrá su momento especial ante River Plate en el estadio Mario Kempes.
Pasaron 121 años desde el día en el que el Pirata se hizo club y al fin el sueño de estar en una final de Primera se concreta, se hace realidad y se presenta para ser histórica. El Celeste jugará a las 15.30 ante el Millonario por el título del Torneo Apertura de la Liga Profesional 2026.
El certamen, además de otorgar una estrella oficial de Primera, le entrega a su ganador un boleto a la próxima edición de la Copa Libertadores de América, otro sueño para los cordobeses, quienes nunca han jugado en el mayor campeonato de clubes del continente.
Sentimiento Pirata

Belgrano llega a esta instancia acompañado de un sentimiento muy especial que se construyó con los años y que hoy se muestra en una plantilla que tiene una ilusión tremenda de conseguir el objetivo: el sentido de pertenencia.
Porque ese sentimiento no se puede entregar como una credencial o comprarse en alguna tienda, se construye en el día a día hasta que se mete bajo la piel y se queda allí para siempre. Y esto es lo que ha pasado con estos jugadores que ahora se preparan para el partido más importante de la historia del club.
El técnico Ricardo Zielinski llegó al club en 2011, después de ser contratado por Armando Pérez en diciembre de 2010 para hacerse cargo de un equipo que no estaba del todo bien en la Primera Nacional. Construyó un conjunto con una idea de juego y, desde su trabajo, más el compromiso de todos, llegó a la definición de la promoción con River, quedándose con el ascenso y con el Millonario descendiendo. Todo un hito.
Está tan arraigado lo que es “ser de Belgrano” entre los protagonistas, que “el Ruso” sostuvo después de lograr el pase a la final: “Este partido es importante para la gente de Belgrano (al referirse a la final), para su hinchada, que es maravillosa”. Y agregó: “Hemos vuelto para hacer las cosas para que la gente se ponga contenta y realmente lo disfrute. Porque es un disfrute ser de Belgrano, por eso esto es por la gente”.
Apuntalado en este “fuego sagrado”, Belgrano construyó una campaña que lo llevó a ser nombrado por varios jugadores de otros clubes como un candidato y no defraudó a aquellos que creyeron en él.
Uno que “confió” en la “B” fue el propio Ángel Di María, quien aseguró que “Belgrano es uno de los equipos que mejor juegan”.
El equipo está nutrido de jugadores que sienten la camiseta como pocos, porque fueron gestados en las entrañas del club, como Lucas “el Chino” Zelarayán, Franco “el Mudo” Vázquez, Emiliano Rigoni, Santiago Longo, Álvaro Ocampo, Agustín Falcón, Ramiro Hernandes, Juan Velázquez, Gonzalo Zelarayán, Lautaro Gutiérrez, Jeremías Lucco y Ramiro Tulián, más todos los demás juveniles que están con el plantel.
Y sentados al lado de Zielinski, sus colaboradores también muestran que son piratas de ley, porque están Juan Carlos Olave, Marcelo Misetich, el “profe” Alfonso Meoni y todos los empleados que acompañan a los jugadores, la mayoría de ellos también presentes en el ascenso de 2011.
Su juego, su carta ganadora
Hoy el equipo acumula tres victorias y un empate en los últimos cuatro partidos, justo cuando el entrenador decidió hacer cambios en el sistema de juego, construyó una aguerrida mitad de cancha y tocó las posiciones de varios futbolistas para terminar de armar un conjunto más compacto y de mejor andar en el campo. Una línea defensiva de cuatro, dos volantes centrales, tres volantes más delante de ellos, donde están insertos el enlace y un punta definido. Sistema simple: 4-2-3-1, pero efectivo, que le permitió ganarle a Sarmiento 4 a 0 y confirmar en el cierre de la fase de grupos que habría clásico con Talleres.
Visitó a la “T” en el Mario Kempes por los octavos de final y ratificó la manera de jugar logrando borrarlo del campo. Le ganó con autoridad y el 1 a 0 fue un resultado mezquino.

Aquella jornada, en un estadio con 55 mil hinchas de Talleres y “bien de visitante”, hizo que el equipo se sintiera “vivo” y que pudiera construir un gran camino.
Tras eliminar a su eterno rival y luego de que los jugadores cumplieron promesas de pelos celestes o cortes extraños, en tres días debió recibir a Unión de Santa Fe por los cuartos en el Gigante y allí se siguió jugando el clásico. Porque fue el momento de la gente, de disfrutar lo logrado hacía 72 horas y de repente la comunión gente con jugadores se hizo más poderosa que antes.
Nuevamente su despliegue en el estupendo terreno del Julio Villagra le permitió imponerse sin sobresaltos a los santafesinos y la llama sagrada dentro del cuerpo se encendió en forma paralela con la gente. Es que el cruce con el Tatengue fue un paso más hacia el sueño de todos.
Y llegó el momento de ir a La Paternal para visitar a Argentinos Juniors, aquel que en 2025 lo dejó sin la final de la Copa Argentina cuando le ganó en Rosario la semifinal 2 a 1.
De repente, la oportunidad de una revancha deportiva apareció en escena, pero cuando todo parecía que llegaba a su fin porque perdía 1 a 0 a falta de un minuto, el amor propio, las ganas, el corazón y eso de jugar “a lo Belgrano” afloraron para llegar al empate y estirar el encuentro hasta los penales para darle a la gente un triunfo que valió el pase a la gran final.
Zielinski entendió hace cuatro partidos que el equipo necesitaba cambiar para encontrar el mejor final de semestre, un rumbo distinto en el terreno y una levantada en el aspecto individual para conseguir que el camino tuviese más alegrías.
“Hacerle la cabeza”
En medio de esta reconstrucción futbolística que se dio hace cuatro fechas, el entrenador apostó por algunos jugadores que no habían tenido un buen presente o pocos minutos en campo. Así, colocó al juvenil Agustín Falcón por sobre el paraguayo Alcides Benítez en la banda derecha; resolvió que Franco Vázquez se sentara en el banco y su lugar quedó para Santiago Longo; metió a Lucas Passerini de centrodelantero, renovándole el crédito al “Tanque”, y a González Metilli que fue por la izquierda.

Ese planificación de Zielinski sirvió para que el Pirata tuviera una muy buena recta final, que lo depositó en la definición por el título ante River.
Pero la mejora no es casualidad, es trabajo y pensar mucho en la forma en que se deben ajustar las piezas, cada detalle para dejar claro que el “padre de la criatura” es el mismísimo DT.
En el inicio de abril, River goleó a Belgrano 3 a 0 por la fecha 13 de la Zona B en el Monumental y ese encuentro regresó a la mente de todos cuando ambos equipos confirmaron su presencia en la definición del torneo. Aquí es donde el entrenador será clave. “El Ruso” debe ajustar los detalles de aquella floja tarde para evitarse sorpresas y es un hecho que será así porque el doble cinco de los últimos partidos llegó para quedarse y el vértigo del equipo también se sostiene. Belgrano está donde su gente soñó que podía estar en el inicio del año, cuando metió siete fechas sin perder.
Hoy el Pirata está en el lugar en el que los ancestros esperaron verlo y donde Córdoba busca este domingo su consagración, porque la provincia y nuestro fútbol se merecen el protagonismo que la historia nos reclama. Lo separan de la gloria al Pirata nada más que un partido, y como dijo el presidente Luis Fabián Artime: “River tiene muchos títulos para mostrar y viene a jugar ante el humilde Belgrano, pero que crece día a día”.



