Historia pura. Belgrano conmovió: la noche en que el Pirata fue más Belgrano que nunca y se metió en la final
El equipo de Ricardo Zielinski parecía eliminado ante Argentinos Juniors, pero encontró un empate milagroso en el descuento, resistió en el alargue y ganó una tanda de penales inolvidable para llegar a la final del Torneo Apertura ante River.
Belgrano fue el más Belgrano de todos los Belgrano. Guerrero, luchador, milagroso, intenso. Fue con fe. Fue con el alma. Cuando no le quedaba nada, dio todo. Hizo todo.
Estaba perdido ante Argentinos. Estaba afuera. Y, en la última, encontró ese gol salvador para el 1-1 y llevar todo a los penales. Nadie en el estadio creía lo que pasaba. Nadie fue indiferente a ese gol en Córdoba.
Y faltaba más. Mucho más.
Los penales. Los líderes del equipo que habían fallado. Y parecía que todo se acababa. Que la gesta con Talleres se opacaba. Que lo de Unión no había sido suficiente. Y no. Porque sí. Porque Belgrano lo dio vuelta en los penales. Porque Belgrano se metió en la final del Apertura. Porque Belgrano acaba de hacer feliz a muchas personas. Y quiere más.
Lo que sigue es la crónica de un 17 de mayo que quedará guardado en la memoria por los siglos de los siglos.

La previa
Del banderazo en la salida de los jugadores, armado por las filiales de Buenos Aires, a la llegada a La Paternal. Así pasó ese mediodía dominguero. Y así pasó algo que llamó la atención: la comitiva de Belgrano que llegaba al estadio Diego Armando Maradona no creía lo que veía.
«Si este partido se hubiera jugado en Alberdi, no se podría caminar…». Era una descripción, era una queja. La gente de Argentinos no es la gente de Belgrano.
El colectivo con el plantel llegó al estadio y solo un hincha le devolvía un cántico a los jugadores desde la vereda. Era, para ese ambiente, un partido más. La comitiva celeste miró atónita la escena. Mientras desde Córdoba llegaban videos de parrillas colmadas y previas regadas, acá en Buenos Aires todo era “normal”.

Acaso una prueba más que Belgrano debía afrontar: imponerse a Argentinos, que juega instancias como estas como si nada. Y así arrancó ese partido.

El durante
El plan anti-Argentinos buscaba evitar lo que no se pudo evitar. Un gol tempranero, creado a pases, desmarques y a la velocidad de la luz. A ese combo letal se le agregó la lesión de Lisandro López, referente del plantel y voz de mando.
Esos primeros 15 minutos fueron un suplicio. El 0-1. El Belgrano perdido. Todo.
Un Argentinos dueño de los espacios reducidos. Preciso en el primer toque. Un tiki-tiki veloz que se escurría entre los esfuerzos de Santiago Longo y Adrián Sánchez.

Los colores de los cabellos de los jugadores de Belgrano se veían aislados, lejanos, en una cancha “pequeña” pero “inmensa” para ese equipo que no estaba nunca en control de nada: ni de la pelota, ni de los espacios, ni del marcador.
Los “Lucas” de arriba estaban en la lucha. Zelarayán, por tener un rato la pelota. Passerini, por ganar un rebote. Y no pasó ni eso ni lo otro en ese primer tiempo en el que Belgrano no fue el Belgrano que se esperaba.

Y, obvio, en el segundo tiempo hubo cambios. Adentro Vázquez y Hernández por Longo y González Metilli. Ese Belgrano vencido no salió de esa sentencia en el inicio del complemento. Zelarayán pedía movimientos para “jugar”. Y Belgrano tuvo la pelota un poco más. No tuvo esa lucidez para romper a Argentinos.
A todo eso, Zelarayán seguía con gestos ampulosos buscando activar “juego”. Y hasta el DT, Ricardo Zielinski, notó que era imposible “jugar”. Y terminó con tres delanteros: además de Passerini, con Gutiérrez y “Uvita” Fernández.
Solo quedaba Zelarayán creyendo. Hacía hasta lo que no podía. Apuraba a los rivales para que salieran de la cancha. Hasta les daba la pelota para los saques laterales. El “10” era la impotencia.

Pero el que tenía potencia en su pierna derecha era “Uvita”, para clavar el 1-1 en tiempo de descuento. El banco de suplentes de Belgrano estalló. La Córdoba celeste estalló. Zelarayán estalló. Segundos antes, hubo un tiro en el palo.
El imposible que Belgrano necesitaba… lo hizo. Y llegó al alargue “desarmado” tácticamente, pero entero de alma. Y Argentinos no tenía a sus cracks en cancha. Ese alargue era 50-50.
En ese tiempo extra, “Uvita” se hizo carrilero. El “Mudo” fue un cinco de marca. Así, sacrificio puro. Belgrano ya no sufría a Argentinos. Belgrano peleaba el partido. Seguía sin juego. Le sobraba espíritu. Como en la mano derecha de Cardozo para evitar el 2-1.
Y los penales. El Belgrano que estaba “chau” le decía hola a los penales. Y Belgrano estuvo “chau” en los penales. Y varias veces. Y pasó un milagro. Un milagro hecho por hombres vestidos de celeste.
Belgrano le dice hola a la final con River. Belgrano vive algunas de las horas más felices de su historia reciente.

El después
Zelarayán se había sacado de encima haber errado ese penal y fue el primero en llorar cuando entró el penal de Hernández. Lo mismo hizo Vázquez, el otro que había fallado.
Todos miraron a la parte alta del palco de una de las tribunas. Allá estaban los dirigentes, que palmeaban vidrios y gritaban desaforados. Estaban estallados esos corazones. No les entraba en el pecho.

Hasta Ricardo Zielinski mostró emociones. Dentro de sus estándares, obvio. Y en la conferencia de prensa admitió a La Voz:
«Se nos dio. Este grupo tiene comunión con la gente, se entrega. Y también tiene juego. Acá se dijeron muchas cosas y al final demostramos que damos todo por esta camiseta».
El que no guardó palabras fue Luis Fabián Artime:
«El 68 por ciento de Córdoba está feliz porque este club tiene pertenencia. Jugadores hinchas, dirigentes hinchas, hinchas que ponen todo… y estamos a un partido de hacer más historia».

Hablaba cerca del dirigente, “el hombre” de la tanda de los penales: Ramiro Hernández.
«Me mostraban videos de Córdoba y es tremendo. Increíble lo de la gente. Fue una noche increíble».
El que no quiso hablar fue “Uvita” Fernández. Pero guiñó el ojo a todos. Estaba feliz. Muy. Como Zelarayán, el último en irse del Diego Armando Maradona.
«Lo que estamos viviendo estos meses nos hace muy felices y queremos coronar».

Lo dijo el 10, que tuvo su noche feliz en la cancha Diego Maradona. Todo de 10 en un Belgrano que vive horas de extrema satisfacción.

