Humor. Belgrano y su caravana “a la romana”: cómo habría sido un triunfo en la antigua Roma

La celebración celeste en la Circunvalación tiene ecos de los desfiles imperiales: qué diferencias y similitudes hay entre el festejo cordobés y los rituales de victoria romanos.

29 de mayo de 2026 a las 05:50 p. m.
Belgrano y su caravana “a la romana”: cómo habría sido un triunfo en la antigua Roma
Chumbi.

La caravana celeste por la avenida de Circunvalación Agustín Tosco, como acto culminante y multitudinario de la celebración del campeonato logrado por Belgrano sobre River, tiene entre sus antecedentes más célebres los desfiles de victoria de la antigua Roma, denominados “triunfos”, que tenían por objeto honrar a los generales y a las legiones cuando habían conseguido una victoria aplastante y largamente esperada. Claro que, si el enemigo derrotado era de menor importancia, le bajaban el precio al asunto y terminaba siendo una “ovación”, ceremonia que implicaba menos gente, aplausos tibios y algunos vítores protocolares y, en definitiva, un marco digno pero sin la magnitud ni el despliegue de un triunfo.

Para ejemplificar las diferencias, no era lo mismo derrotar a los galos y conquistar las Galias, como lo hizo Julio César, o vencer a Aníbal, el cartaginés, como lo hizo Escipión, que desarticular un desarmadero de cuadrigas en los suburbios de Roma, como lo hizo en su momento Décimo Máximo Pablus Quinterus. Estas acciones eran reconocidas por los romanos, pero dejan en claro la diferencia de magnitud entre un triunfo y una ovación (de más está decir que estos términos, tal como hoy los utilizamos, provienen de aquellas lejanas celebraciones).

Pero, volviendo a Belgrano y a su caravana, la victoria, si se hubiera desarrollado en la antigua Roma, revestiría la condición de triunfo por la importancia del rival derrotado y por la dimensión de la conquista, y hubiera partido del sagrado Campo de Marte, y no de Villa Esquiú, para finalmente ingresar a la ciudad por la puerta del triunfo (la Porta Triumphalis), que se abría exclusivamente para estas ceremonias.

Aquí aparecen ya algunas diferencias importantes, porque la caravana de Belgrano no ingresó a la ciudad, sino que la circunnavegó por la avenida Tosco, debido a que no tenía por dónde entrar, ya que Córdoba carece de una Porta Triumphalis habilitada, una deficiencia urbanística de la que deberán tomar nota las autoridades municipales para próximas celebraciones futbolísticas. Lo más parecido a esta legendaria puerta romana en Córdoba sería el Arco de Córdoba (que tal vez fue levantado con ese fin), construcción emblemática de la ciudad que consta de un arco romano, pero que no fue tenida en cuenta para que fuera atravesada por el colectivo con los jugadores, quienes, en cambio, debieron estar alertas a los sólidos puentes y carteles de la Circunvalación para evitar accidentes similares a los del Coyote persiguiendo al Correcaminos, y de esa forma llegar en condiciones al partido por Copa Argentina contra Gimnasia de Jujuy.

Otro dato diferencial fue que el técnico Ricardo Zielinski participó de los festejos arriba del colectivo con el resto del plantel. En la versión original, hace dos mil años, Zielinski hubiese encabezado la marcha a la usanza de los generales romanos victoriosos, envuelto en una delicada túnica púrpura con detalles bordados en oro, sobre un carro dorado tirado por cuatro caballos blancos, junto con un esclavo que sostenía sobre su cabeza una corona de laureles realizada en oro de 24 quilates.

Si bien es impensado imaginar al entrenador celeste con semejantes atavíos sobre un carro en la Circunvalación, la escena es, además, improbable por varias razones: primero, porque en Córdoba está terminantemente prohibida la tracción a sangre animal; segundo, porque, si bien se podría conseguir un carro con caballo incluido (solo uno), el vehículo estaría bastante alejado estéticamente de lo que establecía el protocolo romano; y, finalmente, porque una corona de oro de 24 quilates, en algunos tramos de la Circunvalación, duraría lo que “duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks”, como escribió Sabina para referirse a lo efímero.

Finalmente, la historia cuenta que las caravanas triunfales en la Roma de los emperadores incluían a los vencidos, que cerraban la formación encadenados y con la cabeza baja, rumbo a un destino incierto: eran los soldados, jefes y hasta reyes derrotados, como en el caso del galo Vercingétorix. Se trata de una situación poco edificante y hoy también impensada, porque ni la FIFA ni la AFA lo permitirían. Si en River todavía hay polémica por el penal que le cobraron a Lautaro Rivero, es de imaginar el nivel de protestas que se habrían desatado si se engrillaba a todo el plantel, con Coudet a la cabeza, después del partido, y se lo hacía marchar el lunes detrás del colectivo, en medio de los bocinazos y los cortes de motos.

Los antiguos romanos seguramente también están detrás del concepto cordobés de “salir de caravana”, con festejos a los que llamaron saturnales y bacanales, pero esa ya es otra historia.