Justicia. Belgrano campeón, Córdoba avanza: de la postergación a la consolidación en la élite

Tras décadas de ser considerado el "cuarto equipo" de Córdoba y enfrentar serias crisis económicas, el club de Alberdi logró revertir su historia mediante una gestión profesional y una estructura sólida.

24 de mayo de 2026 a las 07:46 p. m.
Belgrano campeón, Córdoba avanza: de la postergación a la consolidación en la élite
Luis Fabián Artime, en los festejos del Belgrano campeón. El título celeste, primero de Liga para Córdoba.

Las vueltas de la vida. Corrían los años 70 y 80 y Talleres, la avanzada futbolística de Córdoba en el país, era bien acompañado por Instituto y Racing. Entre los tres clubes y sus equipos se repartían el interés mayor al jugar y después entrar de lleno en los principales torneos de la AFA.

En aquel entonces, el “Gringo” Rubén Coletti, un defensor que representaba fielmente el espíritu guerrero de los de Alberdi, salía desde su cueva para poner las cosas en orden cuando los resultados no acompañaban. Lo hacía bastante seguido. Belgrano, postergado, militante del torneo de la Liga Cordobesa de Fútbol, había perdido bastante terreno ante otros equipos que le habían quitado un considerable protagonismo.

Los celestes vivían momentos de incertidumbre. Por un tiempo, la distancia con el Talleres de juego bonito y grandes futbolistas, se midió por kilómetros. Problemas institucionales y económicos condicionaban su prosperidad deportiva. Era el cómodo cuarto equipo de la provincia.

El tiempo fue poniendo las cosas en su lugar, pero muy despacito. Primero fueron los torneos Nacional B, y luego el continuo ascenso y descenso de categoría que atravesaron todas las instituciones de esta provincia. Sin embargo, a pesar de esos vaivenes, Belgrano ya había logrado recuperar su lugar.

La llegada de Armando Pérez a la presidencia tuvo el mismo efecto que la de Amadeo Nuccetelli en Talleres. Pérez pensó en grande. Construyó desde el pie una estructura que lo respaldó en las buenas y lo ayudó a sostenerse en las malas. Después de mandar a River Plate a la “B” en 2011, soportó un nuevo descenso años después, pero volvió a salir a flote.

Curiosamente, la llegada de Andrés Fassi a barrio Jardín sirvió de estímulo para los sueños celestes. Talleres y Belgrano, desde hace diez años, se comparan a partir de hechos positivos, lejos de aquellos tiempos que hicieron retroceder al fútbol cordobés. Belgrano y Talleres se han retroalimentado en la estabilidad y el crecimiento. En estos últimos años, sus espíritus competitivos les han servido para hacerse bien mutuamente.

Aquellas finales protagonizadas por Talleres y Racing en 1978 y 1980 se dieron cuando Córdoba recién abría su cabeza al profesionalismo, cuando todavía las diferencias con Buenos Aires y Rosario en ese aspecto, eran importantes. Seguramente un vuelta olímpica en esas dos instancias hubiera ayudado a acelerar los tiempos. Pero eso no ocurrió.

Con un físico más trabajado, con una estructura ósea más firme, Belgrano afrontó este gran desafío, el más importante de su historia, con la certeza y la tranquilidad de saber que no es más que la consecuencia lógica del deber cumplido. La de llegar bien lejos.

Hoy Belgrano tiene un predio deportivo de excelencia; tiene un estadio cada vez más generoso; tiene dirigentes que formularon objetivos y los cumplieron; tiene simpatizantes apasionados y consecuentes, y tiene algunos hijos pródigos con un altísimo sentido de pertenencia.

La necesaria armonía, tan imprescindible como esos goles de Nicolás "Uvita" Fernández, se ha instalado en la orilla del río Suquía. ¿Qué resultó de todo esto? Un título, el que no estaba en la vitrina del fútbol de Córdoba, y el respaldo a la convicción de ir por el camino correcto.