NCAA. La nueva era en el básquet universitario de Estados Unidos: un quinteto de transferidos llevó a Michigan al esperado título
Con un inicial integrado jugadores transferidos, los Wolverines vencieron 69-63 a UConn y conquistaron su primer título nacional en 37 años. La apuesta del DT Dusty May al mercado de pases funcionó a la perfección.
Roddy Gayle Jr. capturó el rebote decisivo y lanzó el balón a lo largo de la cancha para sellar el final. La chicharra sonó y su compañero Morez Johnson Jr. se acercó para compartir un grito y un abrazo eufórico. Segundos después, los jugadores de Michigan corrieron hacia el centro del campo: eran campeones nacionales del básquet universitario de Estados Unidos.
Michigan venció 69-63 a UConn y logró el primer título de la NCAA en 37 años, una consagración que también dejó una conclusión clara: en el básquet universitario actual, es posible construir un equipo campeón en medio del vértigo de las transferencias, los acuerdos NIL y los cambios estructurales del deporte.

Michigan lo hizo con una fórmula extrema. Presentó un quinteto titular compuesto íntegramente por jugadores transferidos, demasiado grande, demasiado físico y demasiado sólido para neutralizar a UConn, incluso en una noche difícil desde el perímetro y con su figura limitada por lesiones. El All-American Yaxel Lendeborg jugó condicionado por molestias en el tobillo y la rodilla, y el equipo apenas encestó el 38% de sus tiros de campo y 2/15 triples.
Nada de eso importó. Tampoco haber sido superado en los rebotes, con 22 capturas ofensivas cedidas.
Aun así, Michigan tuvo lo suficiente para sostener el juego, resistir y ganar.
“Todo el año fuimos un equipo que jugó unido”, dijo Lendeborg, todavía bajo la lluvia de papelitos en el Lucas Oil Stadium de Indianápolis. “Tenemos jugadores que aparecen cuando hace falta. Jugamos un partido completo, integral. Básquet en equipo”.
Lendeborg anotó apenas 4/13 lanzamientos en 36 minutos, luego de torcerse el tobillo izquierdo y sufrir un esguince de ligamentos en la semifinal ante Arizona. Pese a eso, fue una pieza clave en un esquema que se sostuvo desde lo colectivo.
El base Elliot Cadeau, en su primera temporada tras dos años irregulares en North Carolina, fue la gran figura: marcó 19 puntos y fue elegido el MVP del Final Four. Johnson, llegado desde Illinois, sumó 12 tantos y 10 rebotes. El pivote español Aday Mara (2,21 metros), proveniente de UCLA, fue determinante en la defensa interior y limitó a Tarris Reed Jr.
“A nadie le importaron las estadísticas en toda la temporada. Solo ganar”, resumió Cadeau.

Cuatro de los cinco titulares estaban en su primer año en Michigan: Cadeau, Johnson, Mara y Lendeborg, quien llegó desde UAB. El único con mayor recorrido era Nimari Burnett, en su tercera campaña en el programa tras pasos por Texas Tech y Alabama.
Gayle, suplente clave, también simboliza el nuevo paradigma: jugó dos temporadas en Ohio State antes de llegar a Ann Arbor. En toda la rotación de ocho hombres, apenas dos jugadores pueden considerarse “formados en casa”.
Es una estrategia totalmente adaptada a la época, con transferencias sin restricciones, contratos por nombre, imagen y semejanza y el reciente reparto de ingresos que permite pagos directos a los atletas.
Los puristas cuestionaron este modelo, argumentando que la rotación constante dificulta el vínculo entre equipos y aficionados. May, el entrenador campeón en su segunda temporada, bajó el tono de esas críticas. “Creo que todos somos mejores en determinadas situaciones”, respondió.

El director deportivo Warde Manuel coincidió tras la consagración, la primera desde 1989, cuando el Michigan de Glen Rice cortó las redes en Seattle. “Muchos equipos se beneficiaron con los transfers”, dijo. “No se puede simplificar diciendo que Michigan tuvo más. Dusty armó este equipo así”.
Y la fórmula dio resultado. Con autoridad.