"Se fue apagando" El duro análisis de "Huevo" Sánchez sobre la actualidad y el pasado reciente de Atenas en la Liga Nacional

El equipo de barrio General Bustos está nuevamente peleando por la permanencia y el entrenador bahiense, campeón con el Verde, argumenta los motivos.

22 de marzo de 2026 a las 04:02 p. m.
El duro análisis de "Huevo" Sánchez sobre la actualidad y el pasado reciente de Atenas en la Liga Nacional
Oscar Sánchez fue campeón de la Liga Nacional con Atenas en 2003 y realizó un duro análisis del presente del club. (La Voz / Archivo)

Oscar Sánchez acostumbra a realizar en sus redes sociales, filosos análisis sobre distintos temas del básquet argentino y también mundial. Esta vez, "el Huevo" escribió sobre la actualidad y el pasado reciente de Atenas, que nuevamente está comprometido con la permanencia en la Liga Nacional de Básquetbol.

En esta nueva presentación del técnico bahiense la tituló "Atenas se fue apagando", argumentando, según su análisis los motivos que llevaron al club de barrio General Bustos a ser el máximo campeón de la Liga Nacional al difícil presente.

Oscar Sánchez fue campeón de la Liga Nacional con Atenas en 2003 y realizó un duro análisis del presente del club.
Oscar Sánchez fue campeón de la Liga Nacional con Atenas en 2003 y realizó un duro análisis del presente del club. (La Voz / Archivo)

"Como suele pasar en los clubes grandes, no fue por una sola razón, sino por la suma de decisiones, ausencias y leves cambios que, con el tiempo, terminan siendo determinantes", indicó "Huevo Sánchez, campeón con Atenas de la Liga Nacional 2002/2003.

"A mi entender, hubo un quiebre silencioso pero decisivo: el final de la dupla Bruno Lábaque–Felipe “Felo” Lábaque", asegura el técnico.

Con nueve triunfos y 19 derrotas, Atenas anteúltimo en las posiciones, lo que lo condena a jugar un playout para no descender. Le quedan ocho partidos por delante en la fase regular para evitar el cruce con el último de la tabla (Argentino de Junín) y mantener la categoría.

El análisis de "Huevo" Sánchez sobre Atenas

Atenas de Córdoba no cayó de golpe; se fue apagando. Y como suele pasar en los clubes grandes, no fue por una sola razón, sino por la suma de decisiones, ausencias y leves cambios que, con el tiempo, terminan siendo determinantes.

Durante décadas, Atenas fue el corazón competitivo de la Liga Nacional. No solo por sus títulos, sino por algo más complejo de sostener: una identidad. Detrás de eso hubo destacados jugadores, entrenadores y un reclutador como Lechu Audano, que dominaban y captaban el talento de toda la provincia. De ahí salía todo: talento, pertenencia y mentalidad.

Esa estructura sostenía generaciones como la de Marcelo Milanesio, Pichi Campana y una camada de internos que dominó la liga.

El retiro de esos monstruos coincidió con mi llegada, que solo pude disfrutar a cracks como Pichi, Logri, Matías y Bruno. Ahí entendí lo que era estar en un club impresionante de verdad y dirigir jugadores distintos. No era solo jugar: era representar algo. Era sentir que cada práctica tenía el peso de la historia. Era, literalmente, estar en algo comparable a Boca o River.

Atenas era más grande que cualquier equipo de futbol de Córdoba; ponerse el buzo era escalofriante, al menos para mí. ¡Yo dirigía Atenas!

Pero lo que muchos no ven desde afuera es que los ciclos no solo los marcan los jugadores.

A mi entender, hubo un quiebre silencioso pero decisivo: el final de la dupla Bruno Lábaque–Felipe “Felo” Lábaque.

Bruno era el líder dentro de la cancha. El que ordenaba, el que transmitía y el que sostenía la cultura ganadora, era bravo también (sabía que corría con el caballo del comisario…). Recuerdo, al asumir, mis palabras: “Mirá, Pichón, en el póster de esta temporada no voy a salir yo solo; vas a estar también vos, que saliste decimotercero, siendo el reemplazante de Marcelo Milanesio”.

Con el tiempo, “Súper” Bruno se retiró y, creo yo, ahí el interés de Felo, su padre, mermó notablemente.

Felo fue un dirigente polémico y exigente en la derrota, pero imprescindible en la gestión. Conseguía sponsors, armaba equipos competitivos muchas veces sin consultar al entrenador y mantenía a Atenas en lo más alto.

Aun así, después de aquel traslado en limusina a la fiesta de campeón y de entregarme ese anillo de oro que ven en la foto, decidí decirle que no a mi continuidad.

Con este magistral y bravo dirigente me animo a decir que el retiro de su hijo no solo marcó el final de un jugador, sino también el momento en que Felo empezó a perder ese fuego que lo hacía único.

Su vínculo con Bruno era mucho más que deportivo. Era una devoción pocas veces vista. Y cuando ese ciclo se terminó, también se fue apagando su intensidad como dirigente. Siguió estando, pero ya no era lo mismo. La política pasó a ocupar más espacio y Atenas, sin esa energía ni ese empuje constante desde arriba, lo sintió.

A partir de ahí, todo se fue desacomodando: decisiones más cortoplacistas, cambios constantes, problemas económicos. Mientras otros crecían, Atenas empezaba a perder lo que la había hecho distinta.

Y hay algo más: ser “el más grande” también pesa. La urgencia por ganar te empuja a no reconstruir, a no tener paciencia. Perdías un cuarto y ya eras un técnico en la cuerda floja.

Hoy Atenas deambula por el fondo. Y no es casualidad. Ya con la historia sola no alcanza.

Córdoba sigue siendo enorme. El potencial está. Pero Atenas necesita volver a creer en lo que lo hizo grande.

Hoy, si un chico quiere comprar una camiseta del club, no existe. Porque tampoco existe el ídolo. Ya la 9 no está.

Porque los recuerdos no ganan partidos.

Y porque, en el fondo, todos sabemos que cuando Atenas está bien, el básquet argentino es otra cosa.

Abrazos, y gracias por ese anillo. Tal vez, la mayor proeza de mi carrera.


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