Video. El asado en Kansas City: cuánto cuesta comer carne en la capital norteamericana del barbecue
Recorrida de La Voz por un supermercado de Kansas City, donde la selección argentina debutará este martes ante Argelia.
Hay cosas que el argentino extraña apenas cruza una frontera. La familia, los amigos, el café de la mañana. O el mate, obvio. Pero si hay una ausencia que se siente casi de inmediato, especialmente para un cordobés, es la del asado.
Por eso, mientras la Selección Argentina transita las últimas horas antes de su debut mundialista ante Argelia este martes en el imponente Arrowhead Stadium, la curiosidad nos llevó a un lugar tan común como revelador: un supermercado de Kansas City. La misión era simple. Averiguar cuánto cuesta hacer un asado en la ciudad que presume de ser la capital estadounidense del barbecue, como se le dice acá a algo parecido al asado.
Y la sorpresa llegó rápido. Porque entre góndolas repletas de carne, enormes heladeras y cortes perfectamente exhibidos, apareció una sensación difícil de explicar. A más de 8.000 kilómetros de Córdoba, en pleno corazón de Estados Unidos, por momentos parecía que estábamos recorriendo cualquier supermercado argentino en la previa de un domingo familiar.
Había costillas, cortes vacunos de gran tamaño, carne de cerdo, pollo y hasta chorizos que, salvando las diferencias, inevitablemente hacían pensar en esos choripanes legendarios que salen de los carritos del Parque Sarmiento. No era Córdoba. Pero tampoco se sentía tan lejos.
Los precios, claro, cuentan otra historia. O quizás no. Que cada quien haga el cambio de dólares a pesos y saque sus conclusiones. Los chorizos se consiguen por unos 12 dólares el paquete de seis. Las costillitas de cerdo rondan los 17 dólares (por algo más que un kilo), mientras que cortes similares al matambrito de cerdo oscilan entre los 14 y 16 dólares.
En la sección de carne vacuna aparecen algunos de los cortes más codiciados. Un bife tradicional puede encontrarse por alrededor de 10 dólares, mientras que las piezas más grandes y marmoladas —esas que parecen sacadas de una película estadounidense— llegan a los 22 dólares y pueden superar los 30 dólares dependiendo del tamaño.
Entre todos ellos sobresale el famoso New York Strip Steak, uno de los cortes más populares de la región y una tentación irresistible para cualquier amante de la parrilla.
Pero para entender por qué la carne ocupa un lugar tan importante en esta ciudad hay que mirar un poco más allá de las etiquetas.
Kansas City no es solamente una sede del Mundial. Es uno de los templos gastronómicos más importantes de Estados Unidos. Aquí el barbecue no es una moda ni una atracción turística: es parte de la identidad local.
La tradición se remonta a principios de la década de 1920, cuando Henry Perry comenzó a cocinar carne en un improvisado foso junto a una estación de tranvías. Con el tiempo, aquella práctica se convirtió en una verdadera institución cultural que hoy atrae visitantes de todo el mundo.
A diferencia de nuestro asado, donde el protagonismo se lo llevan las brasas, la paciencia y la sal gruesa, el estilo de Kansas City se basa en largas horas de ahumado. Algunas piezas permanecen más de 18 horas cocinándose lentamente con maderas como roble o nogal, absorbiendo aromas y sabores que forman parte de una tradición centenaria. Sí, basta imaginar lo regadas que podrían ser esas 18 horas de fuego en Córdoba…
El resultado es una ciudad donde la carne se vive con la misma pasión con la que en Córdoba se discute si el mejor choripán está en la Costanera, en el Parque Sarmiento o en la parrilla de casa.
Existen más de 100 restaurantes especializados en barbecue. Las opciones van desde costillas y brisket hasta las famosas burnt ends, consideradas por muchos como el verdadero tesoro gastronómico de Kansas City.
Y la pasión llega a tal punto que aquí también se compite. La ciudad alberga la American Royal World Series of Barbecue, considerada la competencia de barbecue más grande del planeta, donde cientos de equipos llegan cada año para medir quién domina mejor el arte del humo y la carne. Seguro que los parrilleros de las previas en el puente del estadio Mario Alberto Kempes y las calles de Alberdi y Alta Córdoba tendrían chances de título en esa competencia.
Por eso, mientras miles de argentinos empiezan a copar las calles de Kansas City para acompañar a la Scaloneta, resulta inevitable encontrar un punto de conexión entre dos culturas separadas por un continente entero.
Porque si algo se descubre recorriendo esta ciudad es que el fútbol no es lo único que une a los pueblos. También lo hace la comida. También lo hace el fuego.
Y aunque aquí la salsa barbecue reemplace al chimichurri y las largas horas de ahumado ocupen el lugar de nuestras brasas, hay algo que se mantiene intacto.
La certeza de que alrededor de una buena carne siempre aparece la misma sensación: la de estar un poco más cerca de casa.

