La Voz en EE.UU. Arlington-Dallas, la próxima parada de la ilusión: así espera Texas a la Selección y a la marea argentina que sigue a Messi
La Voz se traslada a la sede en la que Argentina jugará los siguientes dos partidos de la fase de grupos. Ante Austria y Jordania, el lunes y el sábado, respectivamente.
La mañana posterior a la goleada fue distinta en Kansas City. Todavía había hinchas argentinos caminando por los alrededores del Arrowhead Stadium con la camiseta puesta; en los teléfonos se repetían los tres goles de Lionel Messi frente a Argelia; y aún quedaban historias por contar de una jornada que terminó en fiesta. Pero, mientras el recuerdo seguía fresco, la ruta del Mundial ya apuntaba hacia otro destino.
La selección argentina dejó atrás su estreno perfecto y comenzó a mirar hacia Texas. Allí, en Arlington, disputará los dos partidos restantes de la fase de grupos: frente a Austria (el lunes a las 14) y ante Jordania (el sábado a las 23). Y hacia allí también empieza a desplazarse una nueva ola albiceleste, compuesta por argentinos llegados desde distintos rincones de Estados Unidos y por otros que siguen aterrizando desde el país con un objetivo simple: acompañar al campeón del mundo.
El Mundial cambia de ciudad, pero la sensación es la misma: allí donde aparece Messi, aparecen los argentinos. Arlington es una ciudad de poco más de 400 mil habitantes, ubicada entre Dallas y Fort Worth, en el corazón del norte de Texas. Este viernes, muchos hinchas argentinos permanecían en el aeropuerto de Kansas City sin poder viajar a Dallas debido a una fuerte tormenta. Hubo vuelos cancelados y otros demorados.
En definitiva, Arlington puede resultar un nombre desconocido fuera de Estados Unidos, pero en el mundo del deporte es una referencia global. Allí juegan los Dallas Cowboys, una de las franquicias más populares de la NFL. También tienen su sede los Texas Rangers, campeones recientes de las Grandes Ligas de béisbol. Y allí se levanta uno de los estadios más impresionantes del planeta: ese será el nuevo escenario de Argentina.
El AT&T Stadium, rebautizado durante el Mundial como Dallas Stadium por cuestiones reglamentarias de la FIFA, recibirá el partido frente a Austria el próximo lunes y también el duelo ante Jordania, que cerrará la participación albiceleste en la fase de grupos. Impacta incluso desde lejos. Sí: el estadio Mario Alberto Kempes resulta “chico” a su lado. Además de su tecnología, cuenta con pantallas gigantes, butacas para más de 80 mil espectadores y un techo retráctil que cubre el campo de juego si es necesario.
La enorme estructura metálica aparece sobre el horizonte texano como una construcción futurista. Su techo retráctil, sus dimensiones y una capacidad que puede superar los 100 mil espectadores lo convierten en uno de los escenarios más imponentes de esta Copa del Mundo. Allí se disputará una de las semifinales. Argentina podría volver a ese estadio si no termina primera en su grupo y avanza por el otro lado del cuadro.

No es casual que sea el estadio que más partidos albergará durante el torneo. Es magnético. Pero, más allá de su magnitud arquitectónica, lo que genera mayor expectativa es lo que ocurrirá en las tribunas.
En Kansas City quedó claro que la selección sigue movilizando multitudes. Miles de argentinos coparon calles, bares, hoteles y los alrededores del estadio durante varios días. Hubo camisetas celestes y blancas en cada esquina, cánticos que se escuchaban a cuadras de distancia y una sensación permanente de localía que sorprendió incluso a los propios estadounidenses.
Ahora la expectativa es repetir esa imagen en Texas. La región cuenta con una importante comunidad latina y una numerosa presencia de argentinos que viven desde hace años en distintos puntos del estado. A ellos se sumarán miles de hinchas que ya comenzaron a organizar viajes, encuentros y celebraciones para acompañar a la Scaloneta. En Dallas, por ejemplo, ya está La Mona Jiménez. El cuartetero fue invitado al Mundial por la AFA y visitó a Lionel Messi en la concentración del hotel Origin, en Kansas City.
Uno de los principales puntos de reunión será el Klyde Warren Park, un espacio verde ubicado en pleno centro de Dallas que durante estos días se transformará en una especie de embajada informal argentina. Allí están programados los tradicionales banderazos previos a los partidos frente a Austria y Jordania. Los organizadores esperan una convocatoria multitudinaria.
La escena ya es conocida para quienes siguen a la selección desde hace años: bombos, camisetas, banderas gigantes, familias enteras y grupos de amigos llegados desde diferentes provincias que se encuentran, por primera vez, a miles de kilómetros de casa gracias al fútbol.

Dallas también decidió involucrarse de lleno en el Mundial. La ciudad invirtió recursos para revitalizar su centro urbano y convertirlo en un punto de encuentro para los visitantes. En las últimas semanas aparecieron intervenciones artísticas, espacios recreativos y sectores especialmente diseñados para acompañar la competencia.
Uno de los proyectos más visibles está sobre Main Street, donde parte de la zona céntrica fue convertida en un corredor peatonal con áreas de descanso, propuestas culturales y actividades vinculadas al fútbol. Hay murales, escenarios, instalaciones artísticas y hasta pequeñas canchas montadas en plena calle para que turistas y vecinos puedan jugar mientras esperan el inicio de los partidos.
La idea es que el Mundial se viva mucho más allá de los estadios, algo que viene costando en algunas sedes. Esto también se refleja en el Fan Fest oficial de la FIFA, instalado en Fair Park. El predio ocupa una superficie amplia y funciona como punto de encuentro permanente para quienes no tienen entradas o desean compartir la experiencia con aficionados de distintos países. Allí se proyectan los partidos en pantallas gigantes, hay espectáculos musicales, actividades culturales y propuestas gastronómicas durante toda la competencia.
Para los argentinos, sin embargo, buena parte de la agenda pasa por sus propios encuentros. Además de los banderazos, se organizan fiestas, reuniones y eventos especialmente pensados para la comunidad albiceleste. Nombres como La Diez Fan Fest, Alta Joda o la Fiesta Bresh aparecen en la programación de los próximos días y prometen extender la celebración más allá de los 90 minutos.
Todo indica que el clima será muy diferente al de Kansas City. Texas ofrece otra escala, mayor movimiento y una población mucho más numerosa. También una tradición vinculada a los grandes eventos deportivos que convierte a la región en una maquinaria preparada para recibir multitudes. Sin embargo, hay algo que se mantiene inalterable: la presencia de Messi. “Argentina, Messi. GOAT, GOAT”, dicen algunos locales. A pocos días de cumplir 39 años, el capitán argentino sigue siendo el principal atractivo del Mundial. Su triplete en el debut volvió a confirmar una vigencia extraordinaria y alimentó una expectativa que ya era enorme antes del inicio del torneo.
Cada ciudad que visita la selección parece atravesar un fenómeno similar. Hay personas que recorren cientos de kilómetros para verlo por primera vez; familias que organizan sus vacaciones alrededor de un partido; y estadounidenses que quizá nunca siguieron el fútbol argentino, pero aprovechan la oportunidad de presenciar a uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

Arlington será el próximo escenario de ese fenómeno. Argentinos que viajan desde México conforman otra de las oleadas esperadas.
Y mientras la selección prepara el partido frente a Austria, la marea argentina vuelve a ponerse en movimiento. Algunos llegan por carretera desde estados vecinos; otros aterrizan en Dallas después de largas escalas. Muchos aún conservan la euforia de la goleada frente a Argelia. Todos comparten la misma ilusión.
Porque el Mundial ya dejó atrás Kansas City (aunque el plantel sigue entrenándose allí). Ahora la historia continúa en Texas, donde Argentina buscará dar otro paso hacia los octavos de final y donde miles de hinchas intentarán volver a convertir una ciudad estadounidense en una extensión de su propio país. Como ocurrió en el debut. Como sucede desde hace años cada vez que juega esta selección. Como si la camiseta, Messi y la ilusión fueran suficientes para sentirse en casa en cualquier rincón del mundo: esta vez, en Dallas, y en Arlington en particular.

