Dallas albiceleste. La Argentina es patrimonio de la humanidad futbolera

Cómo los estadounidenses y latinos e hinchas de todas partes del mundo se "adeñuaron" del apoyo al equipo en el Dallas Stadium.

28 de junio de 2026 a las 12:37 a. m.
Sebastián Roggero
Sebastián Roggero
Enviado especial a EE.UU.
La Argentina es patrimonio de la humanidad futbolera
Argentina juega para alegraía de toda la gente.

Argentina es patrimonio de la humanidad. Y se notó en el Dallas Stadium de Texas, donde Argentina fue "local" ante Jordania. Y no porque haya habido más argentinos que jordanos en el partido de la tercera fecha del Grupo J. Sino porque todos los "extranjeros" eran argentinos. Estadounidenses y mexicanos eran mayoría. Y por lejos. Todos argentinizados. Todos esperando ver a Lionel Messi.

Todo el asunto de las entradas, que para los argentinos es un drama, no lo es para los locales ni para esos latinos que viven relativamente cerca de las sedes. Pagan lo que haya que pagar para ver a la selección campeona del mundo. Incluso cuando existe la posibilidad de que Messi juegue pocos minutos. Lo importante es estar. Poder decir: "Yo vi a la Argentina".

Durante estos días, La Voz salió a buscar cordobeses por Dallas. Encontró familias enteras que cruzaron el continente manejando motorhomes, grupos de amigos que aprendían a cargar combustible en las estaciones de servicio estadounidenses, hinchas revolviendo negocios de sombreros texanos para llevarse un recuerdo y miles de personas copando el Klyde Warren Park, donde el celeste y blanco convirtió un parque estadounidense en una plaza argentina.

Pero, mientras aparecían esas historias, se iba armando otra. Más silenciosa. Igual de poderosa. La de quienes no nacieron en Argentina, pero decidieron adoptar a esta Selección como propia.

Hinchada argentina.
Hinchada argentina. (AP.)

En el banderazo había estadounidenses cantando "Muchachos" con una pronunciación casi perfecta. Mexicanos emocionados cuando sonaba el himno argentino. Chicos con camisetas de Messi que jamás habían pisado Buenos Aires. Padres enseñándoles a sus hijos quién era el "Dibu", por qué todos gritaban por Julián Álvarez o por qué un tal Rodrigo De Paul despertaba tantos aplausos.

No era una escena aislada. Se repetía en cada rincón de Dallas. En los bares donde se mezclaban acentos. En las filas para entrar al estadio. En el tren rumbo a la cancha. En las plazas. En los negocios. En cualquier lugar donde apareciera una camiseta albiceleste.

La Voz también se encontró con José Luis González, un mexicano que vive en Illinois y que decidió seguir a la Selección durante todo el Mundial. Organizó vacaciones, compró entradas y recorrió miles de kilómetros sólo para acompañar al equipo de Lionel Scaloni. "Argentina va a llegar a la final", dijo con una seguridad que sorprendía. Hablaba como habla cualquier argentino antes de un partido importante.

Y no era el único

La Scaloneta consiguió algo difícil de explicar. Ya no representa solamente a un país. Representa una manera de jugar, de competir y, sobre todo, de vivir el fútbol. Hay algo en esta Selección que seduce incluso a quienes crecieron alentando otras banderas.

Quizá sea Messi. Quizá sea la historia del campeón del mundo. Quizá sea esa mezcla de sufrimiento, pasión y pertenencia que transmite el hincha argentino y que termina contagiando a cualquiera que se acerque un rato.

Lo cierto es que, mientras los cordobeses seguían armando banderazos con fernet, tonada y camisetas de Belgrano, Talleres, Instituto, Racing o Estudiantes de Río Cuarto, alrededor empezaban a sumarse personas que no entendían del todo las canciones, pero igual las cantaban. Que no sabían bien qué decía la letra, pero saltaban al mismo ritmo. Que no habían nacido en Argentina, aunque durante noventa minutos parecían sentirse parte.

Por eso, cuando Argentina salió a la cancha frente a Jordania, el estadio volvió a teñirse de celeste y blanco. No sólo por los argentinos que hicieron miles de kilómetros para estar ahí. También por todos esos nuevos hinchas que eligieron a la Selección como propia. En este Mundial, Argentina dejó de ser solamente un país. Se transformó en un idioma futbolero que cualquiera puede aprender. Y, por unas horas, miles de personas decidieron hablarlo.