Informe. Los Ángeles y su plan de transporte “sin autos” para los Juegos Olímpicos 2028: la prueba que hace en el Mundial 2026
El esquema especial de movilidad para el torneo de fútbol evidencia avances y fallas en la ambiciosa estrategia de reducir el uso del automóvil en una de las ciudades más dependientes del coche.
Los Ángeles enfrenta un ensayo clave de cara a los Juegos Olímpicos de 2028 con el operativo de transporte desplegado durante el Mundial 2026. La ciudad busca avanzar hacia un modelo “libre de autos”, pero las demoras y los embotellamientos registrados durante el torneo de Fifa reflejan la magnitud del desafío en una metrópoli históricamente diseñada para el automóvil.
El sistema implementado para el evento concentra a decenas de miles de aficionados en puntos neurálgicos como Union Station, desde donde se organizan conexiones hacia el estadio ubicado en Inglewood. Para ello, se dispusieron autobuses de tránsito rápido que intentan absorber una demanda inusualmente elevada para el transporte público local.
Red de transporte bajo presión
El operativo incluyó una red de autobuses lanzadera desde 15 puntos estratégicos de la ciudad, con el objetivo de trasladar a los espectadores de forma directa hasta el estadio. Esta estrategia generó una afluencia histórica de pasajeros en el sistema de transporte público, habitualmente relegado frente al uso del auto particular en Los Ángeles.
El incentivo económico fue clave para impulsar el cambio de hábitos: cada trayecto se fijó en 1,75 dólares, una cifra muy inferior a los costos de estacionamiento en las inmediaciones del estadio, que alcanzan los 200 dólares.

Este diferencial de precios buscó persuadir a los residentes y visitantes para abandonar el coche durante los eventos, alineándose con el plan promovido por la alcaldesa Karen Bass. Su objetivo es replicar el modelo de ciudades como París, que durante los Juegos Olímpicos de 2024 priorizó el transporte público y la movilidad sostenible.
El antecedente de 1984
La estrategia actual encuentra un precedente en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, cuando la ciudad logró evitar el colapso vial pese a los pronósticos negativos. Según Dan Schnur, analista político de la Universidad de California-Berkeley, aquel éxito se debió en gran parte a un cambio de comportamiento colectivo.
“Nunca habrá un Los Ángeles completamente libre de automóviles, pero ha habido ejemplos en el pasado donde los angelinos han cooperado para reducir enormemente el tráfico”, explicó Schnur en declaraciones a la agencia EFE.
En 1984, una campaña masiva de concienciación logró modificar los horarios laborales y los hábitos de desplazamiento. Como resultado, la ciudad mostró carreteras inusualmente despejadas durante la competencia.
“Hubo mucho escepticismo en que esto pudiera tener éxito cuando se celebraron los anteriores juegos, pero al fin y al cabo, por mucho que los angelinos amen sus coches, estuvieron dispuestos a cooperar”, añadió el analista.
El plan hacia 2028
El ensayo durante el Mundial 2026 apunta a consolidar ese cambio cultural en el uso del transporte. La administración municipal busca demostrar que una ciudad con fuerte dependencia del automóvil puede adaptarse a un sistema más eficiente y sostenible.
Sin embargo, las dificultades observadas —como retrasos y congestión en los puntos de conexión— evidencian que el proceso de transición requiere ajustes significativos en infraestructura, logística y coordinación.
El reto no solo es técnico, sino también social: implica convencer a millones de residentes de modificar hábitos profundamente arraigados en la vida cotidiana de la ciudad.
Resistencia y debate ciudadano
Más allá del transporte, la organización de grandes eventos deportivos suele generar rechazo en parte de la población debido al elevado gasto público que implican.

“Cualquier ciudad anfitriona se enfrenta a una oposición muy grande y ruidosa por parte de aquellos residentes que piensan que la ciudad debería gastar su dinero en las necesidades locales en lugar de en una Comisión internacional”, señaló Schnur.
Este tipo de resistencia ya se manifestó en Boston, que retiró su candidatura a los Juegos Olímpicos de 2024 tras la presión de sus habitantes.
En el caso de Los Ángeles, los organizadores apelan nuevamente al antecedente de 1984, no solo por el manejo del tráfico, sino también por su modelo financiero. Aquella edición se apoyó en asociaciones de inversión y en el uso de infraestructura existente, lo que permitió minimizar costos.
Schnur destacó que ese enfoque “estableció una fundación para emplear recursos en necesidades locales”, evitando en gran medida la construcción de grandes instalaciones que luego queden sin uso.
Entre la ambición y la realidad
El Mundial 2026 funciona así como un banco de pruebas para una transformación urbana más amplia. El desafío para Los Ángeles será equilibrar su ambición de convertirse en una ciudad con menor dependencia del automóvil con la necesidad de garantizar eficiencia y comodidad en el transporte.

Los resultados preliminares muestran avances en la adopción del transporte público, pero también dejan en claro que el objetivo de unos Juegos Olímpicos “libres de coches” exigirá ajustes sostenidos en los próximos años.
La experiencia de 1984 demuestra que el cambio es posible, pero el contexto actual —con una población mayor y una movilidad más compleja— plantea interrogantes sobre cómo se adaptará la ciudad antes de 2028.



