Mundial 2026. Alemania abrió la herida: los papelones mundialistas que terminaron en escándalo y humillación
La eliminación frente a Paraguay desató una crisis en el fútbol alemán y reavivó el recuerdo de otras derrotas históricas que terminaron con técnicos despedidos, insultos, agresiones y países enteros en estado de shock.
Cuando más grandes son, más ruido hacen y más polvo levantan al caer. El dicho corre para un árbol, una gran empresa que quiebra, un político encumbrado o, en el fútbol, cuando una potencia es eliminada tempranamente en un Mundial, en situaciones insoportables para sus hinchas, como cuando es expulsada por una selección que, supuestamente, no está a su “altura futbolística”.
Cuando esto ocurre, lo que se espera —lo que se viene— es un batifondo doméstico en puerta, lejos de las cámaras y del bullicio de la Copa, pero lo suficientemente estruendoso como para no pasar desapercibido. Varios de estos “ajustes de cuentas” quedaron en la historia o en la memoria colectiva de los hinchas.
En este Mundial norteamericano, el equipo que más ruido hizo al caer, hasta el momento, fue Alemania, que quedó eliminado en dieciseisavos de final ante Paraguay, equipo que incluso era objeto de chanzas regionales porque se le había “abierto” el fixture al tener que enfrentar a los germanos y, posiblemente, después a los franceses. Sin embargo, fueron los paraguayos quienes eliminaron a Alemania, tras disputar dos partidos con los que les taparon la boca a más de uno en el Mercosur y alrededores.
Para los alemanes, la derrota fue intragable. Los medios titularon “vergüenza”, “humillación” y “pesadilla” en grandes caracteres, con fotos de jugadores cabizbajos o tapándose la cara con la camiseta. Palabras e imágenes que dejaron en claro que el orgullo alemán estaba herido. Las críticas demoledoras hacia el técnico Julian Nagelsmann determinaron su salida, no sin antes permitirle una conferencia de prensa en la que el propio DT desnudó su peor faceta al ningunear a los guaraníes: “Si te elimina Paraguay, no sos un equipo de primer nivel. Ya no”.
Sin embargo, las consecuencias puertas adentro de la estruendosa caída alemana constituyen poco menos que una discusión menor si se las compara con lo ocurrido en Argentina cuando la selección que dirigía Guillermo Stábile fue eliminada en el Mundial de Suecia, tras caer goleada 6-1 ante Checoslovaquia. Aquel hecho quedó marcado a fuego en la historia del fútbol argentino como “El Desastre de Suecia”, un calificativo que, por sus connotaciones, suele utilizarse para señalar grandes catástrofes accidentales —como Chernóbil—, naturales —como terremotos o huracanes— o militares —como la invasión de Napoleón a Rusia—.
Bajo ese título, la selección del 58 fue esperada en el país. Amadeo Carrizo, el emblemático arquero de River, recordó que el avión debió aterrizar en Monte Grande para que “no nos mataran”, bajo la acusación de “vendepatrias”. Aun así, tuvieron un comité de recepción que les dio la bienvenida a monedazos.
En la historia del fútbol europeo también se recuerda la eliminación de Italia en el Mundial de Inglaterra 1966, en fase de grupos y ante Corea del Norte. Los italianos lucían ya dos estrellas en su camiseta y debían empatar para pasar, pero los coreanos ganaron 1-0 con el gol de un delantero que se ganaba la vida como imprentero y soldado. Los asiáticos eran debutantes absolutos y el equipo estaba conformado, en su mayoría, por militares elegidos por Kim Il Sung, abuelo del actual líder.
La delegación evitó Roma, donde miles de tifosi la esperaban con un nutrido arsenal. Se decidió aterrizar en Génova, pero el operativo se filtró y no pudieron eludir un tsunami de tomatazos y una lluvia de monedas, mientras la prensa titulaba “¡vergogna!”, “el calcio ha muerto” y “la página más negra del fútbol italiano”.
Ser un equipo grande y con chapa en el fútbol tiene sus beneficios, pero también sus problemas.

