Arte. El universo imaginario de Pablo Canedo

El Macu Unquillo inaugura el 25 de julio una muestra con el legado de la obra de Pablo Canedo, el notable artista y varios años presidente de la Agencia Córdoba Cultura, que falleció en octubre del año pasado dejando una obra prolífica y singular.

18 de julio de 2026 a las 03:37 p. m.
El universo imaginario de Pablo Canedo
Armado de la muestra de Pablo Canedo en el Macu Unquillo.

Toda obra cuenta una historia. Hay algo siempre misterioso en la manera por la cual ciertas pinturas cuentan historias. La acción puede estar ahí y ser evidente. El misterio de ciertas obras es que, aun cuando no hay acción ni personajes, algo profundo y furtivo ocurre que moviliza los hilos de una historia.

La obra de Pablo Canedo se encarga de contar historias. Como un viajero que viene del más allá, el mundo personal y fantasioso de Canedo prescinde de la figura humana y de la acción generando un flotante halo enigmático que interroga.

Más conocido por su función pública como presidente de la Agencia Córdoba Cultura varios períodos y como concejal, Pablo Canedo fue un notable dibujante y pintor, con una técnica refinada y minuciosa que proyecta un mundo imaginario enigmático y sutil.

La muestra que se inaugura en el Macu de Unquillo el viernes 25 de julio, recorre las distintas etapas de Pablo Canedo incluyendo el último cuadro que dejó inacabado en su atril y permite considerar el extraordinario artista que era.

Una muestra que va desde sus primeras pinturas con inspiración en la metafísica italiana y las construcciones solitarias, a la serie de las sillas homenajeando a los bailes en los barrios de Córdoba, las obras con técnicas mixtas de juguetes y los mundos imaginarios, los laberintos y las plazas geométricas que remiten a Kafka y a Borges y varios dibujos de técnica extraordinaria que experimentan con texturas de tramas llovidas, cruzadas, granuladas y fragmentadas, que generan espacios tejidos de las que emergen formas.

Armado de la muestra de Pablo Canedo en el Macu Unquillo.
Armado de la muestra de Pablo Canedo en el Macu Unquillo. (Javier Ferreyra )

Cocinero y dibujante

Mientras distribuyen los cuadros por las paredes, una parte del grupo directivo del Museo de Arte de Unquillo recuerda a Canedo: “Sin él, el Macu no existiría y toda la actividad artística de Córdoba sería mucho más pobre. Le ponía una energía increíble a todo y era el único de los funcionarios a los que De la Sota le hacía caso. Incluso lo convenció de expropiar el Palacio Ferreyra”, dice Adriana Peretti directora del Macu.

Muchas veces la intimidad del artista se diluye en un segundo plano, pero en el caso de Canedo su vida personal emerge como un correlato indispensable para admirar su obra.

Gran cocinero, amante de la cocina italiana, elaboraba su propio vino con amigos, refinado conocedor de champán a los que podía distinguir por cosecha, devoto del coñac, era un sibarita consumado, gran lector, elegante orador, correcto políticamente y por sobre todo pragmático: “Cuando nos reuníamos no andaba con vueltas. Nos paraba en seco y decía: se hace así y así”, recuerda el artista Ernesto Berra.

“Cuando fuimos a su taller después de que murió, nos sorprendió la cantidad de obra que tenía. La función pública le quitaba muchos horas y energía, pero él volvía a la noche y dibujaba y pintaba sin parar", agrega Berra.

Las primeras obras de Canedo tienen un corte filosófico pulido y levemente elegante. Los edificios solitarios, la arquitectura geométrica, la solitaria intimidad reservada y callada de las construcciones remiten a la escuela metafísica italiana y tienen ese aire misterioso y sensual. La ausencia de la figura humana y la calma pasmosa del ambiente, invita a imaginar historias borgeanas en esas geografías de tonos pastel y rigurosa geometría.

La serie de las sillas es un clásico de Canedo porque con uno de esos cuadros ganó un premio nacional de pintura que empujó fuerte su carrera.

La serie permite observar varias cosas: la ausencia de figura humana y los fondos limpios que se interrumpen con la presencia de las sillas que son los personajes, entrelazadas y sometidas a una arquitectura vertical, haciendo equilibrio mientras suena un imaginario cuarteto, porque las sillas de hierro remiten a la cultura popular cordobesa con sus bailes de barrio y el entrelazamiento astuto del baile cuartetero que dejan ver la maestría técnica del dibujo.

Armado de la muestra de Pablo Canedo en el MACU Unquillo.
Armado de la muestra de Pablo Canedo en el MACU Unquillo. (Javier Ferreyra )

El legado de un maestro

La etapa de los juguetes es prolífica y enigmática. Los juguetes forman parte de una etapa simbólica en la que el juego se intercala con escenarios de paisajes imaginarios formando un escenario lúdico.

El juguete humanizado convive con los esquemas geométricos de la arquitectura narrando un escenario furtivo y clandestino. En algunas de estas obras es donde mejor se observa su depurada técnica del dibujo. “Canedo se sentía más dibujante que pintor. Fue además un gran maestro”, cuenta Juan Utrera, que fue su alumno en la Facultad de Artes y luego gran amigo y colega.

“Pablo fue el continuador de la gran generación de artistas cordobeses como Farina, Mónaco, De Monte, Cuquejo. En sus obras establece un diálogo con los maestros. La pintura en sí siempre es un diálogo confidencial con los predecesores, de la época y de otras épocas. Producir es mostrar las influencias y Canedo amaba la pintura flamenca, El Bosco sobre todo, y eso se observa en esta serie de los juguetes”, continúa Utrera.

Los espacios extraños y psicológicos, las construcciones imaginarias, el ambiente hierático ofrecen un juego lúdico con un toque de humor hermético y fresco al mismo tiempo. “Se divertía pintando”, agrega Raúl Díaz, otro artista de su generación que recuerda las largas charlas, su gran cultura y el humor cotidiano. “Sobre todo era un perfeccionista, alguien exigente que consideraba que la buena técnica estaba por sobre la idea”, dice Díaz.

Armado de la muestra de Pablo Canedo en el Macu Unquillo.
Armado de la muestra de Pablo Canedo en el Macu Unquillo. (Javier Ferreyra )

El sentido simbólico

La muestra, la primera gran exposición que se realiza después de su muerte, tiene un doble significado: por un lado, presentar un recorrido por las diversas etapas de Canedo que permiten admirar su técnica, su imaginación, su humor, el eclecticismo radiante de su obra. Por el otro, que sea el Macu el lugar para homenajearlo, porque el compromiso que asumió con este espacio en Unquillo fue la piedra angular para llevarlo adelante.

Mientras cuelga las obras, Luli Chalub recuerda las reuniones de los martes, la rapidez con que resolvía las cosas, el disfrute de los placeres y el perfeccionismo singular con el que realizaba su obra mezclando la función pública y el silencioso trabajo del artista.

De las inquietantes torres solitarias al ritmo del cuarteto sentenciado en la pirámide de sillas entrelazadas, de los juguetes humanizados a las furtivas plazas geométricas, de los laberintos a las juguetonas formas urbanas salpicadas de animales y personajes esotéricos, el humor y el enigma se conjugan en una obra fabulosa que es además un enorme legado de depurada técnica.

Para ir

La muestra estará disponible en el Macu de Unquillo del 25 de julio al 11 de octubre.