Un catálogo del oficio: la mesa de trabajo, al museo
Pequeños fragmentos de papel con anotaciones, algunas fotos, cámaras, proyectores, diapositivas, cajas, cuadernos, libros, afiches, pero sobre todo el relato y los encuentros que propicia Rodrigo Fierro encierran lo más jugoso de una estadía que inaugura la "Sala Cero" del Museo de Fotografía Palacio Dionisi.
Acerca un mate generoso a quien se sienta del otro lado de la mesa. La cuestión es "estar recibiendo" dice Rodrigo Fierro, y la frase se convierte en la mejor definición de lo que sucede en una de las salas del Museo de Fotografía Palacio Dionisi (Yrigoyen 622), que a partir de su proyecto "Contexto para la exhibición de un proyecto" se denomina "Sala Cero". Un nuevo espacio que invita a la reflexión.
Cuando el artista no está, todo es diferente. El espectador puede sentir que espía lo que el propio Rodrigo llama "un catálogo de acumulaciones dado a la vista": objetos que dan cuenta de una vida y una trayectoria de más de 20 años en el mundo del arte. Pistas que aportan datos para reconocer sus pasos, su entorno más íntimo, sus proyectos, sus herramientas, incluso qué libros lo han acompañado. Cuando estuvo de visita, la artista y docente Cecilia Irazusta le dijo que en cada diálogo que allí acontece, su archivo se actualiza.

Rodrigo trasladó al museo su mesa de trabajo. Habitar es para él lo más lindo de esta experiencia. Le pasan cosas como encontrarse con gente inesperadamente, y por otra parte, él propicia reuniones con sus afectos, sus alumnos.
Fragmentos
En una suerte de esterilla de corcho, Rodrigo pinchó fragmentos de papel con frases, también fotos, dibujos, objetos cotidianos. "Estos son mis libros, mis bitácoras", dice señalando una de las bibliotecas que ocupa la sala. Las cajas de papeles fotográficos guardan las copias de sus proyectos. Esta disposición de elementos le recuerda a su obra La fotografía es finita, hecha a partir de una parva de fotos de su archivo. En unas hojas que deja sobre el escritorio comparte sus obras de los últimos años. Por allí se lee "El canto de la fotografía", a propósito de esta materialidad de la imagen fotográfica.

Otra de las bibiotecas es un pequeño museo: ahí está la cámara y el flash de su abuelo, un "legado admonición", como asentó en una hoja donde tira más pistas de su vida al lector visitante. En este mobiliario también asoma una Leika, más cámaras, proyectores y muchas cajas de diapositivas, como una de Goñi Fierro, pariente lejano del norte cordobés de quien exhibe algunas fotos.
Rodrigo también ha llevado la cámara de su papá, con la que empezó a hacer fotos. En otros estantes hay mucho material audiovisual, como una Súper 8 y cassettes VHS de cuando estudiaba cine en la facultad. También, un par de largometrajes en los que hizo la dirección de fotografía. Está el negativo de Pigmalión, la película con la que se recibió en la UNC.

También exhibe la única tarjeta profesional que tuvo, impresa en papel fotográfico ("De la época del ensayo documental que hice en Güemes"); trabajos con alumnos; catálogos, una foto del teatro La Luna.
Archivo vivo
En el Dionisi hay material que desplegará en noviembre en una exposición que presentará en el Museo Evita Palacio Ferreyra con obras como Archivo de la deuda, y Cultivar la cosa pública (serie del pizarrón verde, de la que una de sus fotos en 2013 le valió el primer premio del Salón Ciudad de Córdoba); y Cuidado con la fotografía.
Este habitar concentra capas de historia que hacen pensar en la práctica artística. Reflexiones apostadas en anotaciones, manuscritos y textos impresos. "Mucho sobre papel y escrito a mano", refuerza él, adelantando que esa impronta teñirá lo que se viene. Invitado por Ediciones Documenta Escénicas, a fin de año publicará un libro de relatos de viajes "más ligado a lo literario" dice. Quizá se titule "Ojo a la deriva".

A partir de su muestra "Hiela" (Museo Caraffa, 2013) y de La fotografía es finita, le atrajo el papel: "Me llevó a otros lugares, me trajo aquí, a esto, a mi archivo de fotos, cajas, cuadernos, a la biblioteca. Mis esterillas son así (señala la que está en el museo), no tengo libreta ni agenda, uso papeles sueltos".
Ha escrito varios ensayos. Hay uno que se puede leer en el Dionisi, texto aún en proceso. La escritura es otro ejercicio diario que practica allí. Por todo esto, lo de Rodrigo en el museo se acerca más a una instalación o performance. Es una instalación habitada, propone él, en la que "se va generando una atmósfera". Muchos le dijeron "me dan ganas de estar". Porque es más para compartir y dialogar que para ir a ver, sugiere.

Como la tiene en su casa, en una pared colgó junto a obras suyas (pocas), imágenes de artistas (Lucas Di Pascuale, Julia Romano, entre otros); una pintura de su abuelo que imita a Vincent van Gogh; un dibujo de su madre que recibió después que ella falleciera. También hay pruebas de las fotos que exhibirá en el Palacio Ferreyra ("un adelanto", dice sonriendo).
¿Lo del Dionisi es una retrospectiva? "La siento como una retrospectiva encubierta –responde–, hay tildes a casi todo lo que hice".

De un lado, el instrumental de la fotografía y el audiovisual. Enfrente, libros, ensayos. La exhibición de cámaras y tantos elementos que usa un fotógrafo atrae a visitantes que son fotógrafos o un señor que arregla máquinas. En estas circunstancias la muestra se "empapa de oficio", afirma. Y las charlas activan ideas. Quiere que la escritura se relacione a estos diálogos, intercambios que suceden en su estadía. Siempre tuvo una conexión con la palabra. Por eso le interesó la invitación de Documenta: "Estuvo buenísima la experiencia, no sé los textos, es una aventura que tiene algo de ignorancia y timidez".
Entreverada con lo textual, late la fotografía a su propio ritmo. Mucho antes de hacer una foto, Rodrigo concentra deseos, y se va "imaginando el viaje". Hace pocos años retomó la calle, registrando algunas marchas. Le huye al invierno y al verano caluroso, la luz domina sus decisiones ("la mayoría de mis trabajos tiene luz natural o disponible"). Ahora imagina las fotos que hará en la primavera. A propósito, durante una experiencia reciente en la que navegó mucho, durante la residencia Wabi Sabi en Tigre (Buenos Aires), la curadora Romina Resuche le dejó una hermosa revelación: "Se nota que te gusta reflexionar, pero que más te gusta vivir".
La muestra
"Contexto para la exhibición de un proyecto". Museo de Fotografía Palacio Dionisi (Yrigoyen 622). Propuesta de Rodrigo Fierro, con curaduría de Pablo Genero que inaugura la "Sala Cero". Hasta el 5 de agosto, de martes a domingos de 10 a 20. Entrada general: $ 15. Miércoles gratis.

