Ray Loriga, ganador del Premio Alfaguara: "Madurez es una palabra que no me gusta demasiado"
Ray Loriga ganó el Premio Alfaguara de Novela por Rendición, una ucronía sobre los demonios de la guerra y el bienestar vigilado que refleja el desconcertante presente. El escritor español fue una figura rupturista en la década de 1990.
El páramo y la ciudad, la guerra y la civilización, el dolor y el bienestar, la vida ante la muerte y la aparente muerte en vida, el anonimato y la vigilancia constante: dos órdenes de realidad en los que el mundo hoy bien podría dividirse pero también los que se reparten el universo de Rendición de Ray Loriga (Madrid, España, 1967).
La novela ganadora del último Premio Alfaguara está narrada por un hombre que es forzado a dejar atrás una apacible vida rural junto a su mujer e hijo adoptado, a causa de una catastrófica guerra de la que poco se sabe. El relato sigue por su posterior arribo a una urbe transparente y perfecta, de intimidad inexistente, que pone en juego lo que él era hasta entonces.
Con ecos a La carretera de Cormac McCarthy en el andar errante, apocalíptico y paternal del inicio y a la confluencia del mundo feliz de Aldous Huxley con la sociedad de control óptico de George Orwell en la segunda mitad, Rendición es menos una crítica a las nuevas tecnologías y las redes sociales –como se la ha promocionado- que una exploración del hiato subjetivo entre dos estados de cosas contrastantes y la deriva de la conciencia (y la literatura) en ese pasaje, cuyo único horizonte parece ser la rendición (el fin, el testamento o la transformación).
Rendición, paradójicamente, supone asimismo el resurgimiento de Loriga en el mercado hispanoamericano, un retomar las riendas y dar batalla de quien supo ser un emblema precoz de la década de 1990 -en simultáneo a la generación McOndo- con libros como Lo peor de todo (1992) y Héroes (1993).
Si bien su producción se ha mantenido constante –con trabajos recientes como Ya sólo habla de amor (2008), Sombrero y Mississippi (2010), El bebedor de lágrimas (2011) y Za Za, emperador de Ibiza (2014)- aquí sus libros han llegado discontinuados desde su exitosa irrupción juvenil. Eso explica que en su gira de prensa latinoamericana, Loriga –mejor conocido en México, Colombia y Chile- sea entrevistado en la Argentina por primera vez en 22 años. "Espero despertar el suficiente interés como para que estas visitas sean más frecuentes", apunta el autor por teléfono.
Contra la madurez
En el año en que Loriga celebra sus 50, Rendición lo encuentra escribiendo sobre amargos y profundos dilemas humanos que hacen un guiño al presente en contrapunto a las tribulaciones de adolescentes conflictivos de sus primeros textos, en los que David Bowie, Iggy Pop o Lou Reed asediaban como satélites inspiradores.
"Me parece forzado tener la experiencia vital y la escritura de mi edad y pretender ser un escritor de veintitantos que la está rompiendo en lo moderno. Ni siquiera sé muy bien lo que significa ser moderno".
"Siempre digo que \'madurez\' es una palabra que no me gusta demasiado, porque lo siguiente es pudrirse (risas). Eso me preocupa", dice Loriga. Y sigue: "Empecé a escribir y a publicar muy joven, con eco constante. Mis libros salieron en editoriales de peso y desde el principio hice una ecuación y me proyecté en el futuro a los 20 años. Yo no quería ser un escritor de 50, eso me parecía una impostura, y por la misma razón ahora soy todo lo contrario. Me parece forzado tener la experiencia vital y la escritura de mi edad y pretender ser un escritor de veintitantos que la está rompiendo en lo moderno. Ni siquiera sé muy bien lo que significa ser moderno. Escribo desde la cultura en donde estoy en cada momento. Estoy aquí y escribo así".
En algún momento fue calificado como "el escritor más moderno de España". Hoy Loriga hace ostentación de un teléfono Alcatel como única conexión virtual. Por eso aunque su nueva novela se enmarque en el auge narrativo de distopías y ucronías tecnosociales, encuentra más reflejo en textos clásicos que en un episodio de Black Mirror.
Loriga: "Rendición no es de ciencia ficción porque no posee elementos científicos. Es ficción. A lo largo del siglo 19 y 20 hay literaturas que nuclean esto, fábulas como Orlando de Virginia Woolf que cruzan tiempos y cambios de género en un contexto histórico reinventado. De pronto ha habido una confluencia extraña que recupera la tradición de Aldous Huxley, George Orwell, William Burroughs, J.G. Ballard y William Gibson y que a mí me ha sorprendido. Pero supongo que es oportuna también, una serie de libros quizás creados por el nuevo paradigma de la velocidad, los cambios personales asociados con las redes sociales, con los movimientos virulentos que modifican la percepción de la identidad, la privacidad, el control estatal o la atomización de la mirada de los otros. Algunos autores coincidimos en esos temas a la vez que se recuperan visiones proféticas".
Contexto y contraste
En el mismo sentido atemporal, la gran inspiración de Rendición fue Los viajes de Gulliver y su disección social e individual simultáneas. "Empecé con la idea sencilla de la traslación del individuo para indagar en el asunto de la identidad. Quiénes somos de verdad fuera del contexto y el contraste, cuál es nuestro tamaño, qué somos de verdad –agrega el escritor-. Para ello se me ocurrió inventar un personaje, una voz narradora, en dos situaciones enfrentadas y diferentes. Lo rural, la comarca en la que está enraizado, y luego arrancarlo de raíz y trasplantarlo a un futuro impreciso de una sociedad diferente con otros códigos y normas. Y cómo él no soporta ese viaje, y qué guarda de su propia identidad o qué descubre. Y para ello la mejor posición era el territorio de la fábula. Elementos reconocibles que se aplican a un lugar y tiempo que probablemente sea este, o que es parecido a este, o un futuro no muy lejano o un pasado que no existió. Al arrebatar las marcas geográficas, nacionales, cronológicas, pude ir al hueso de la experiencia de este individuo".
"Ha habido un cambio de paradigma de socialización en poquísimo tiempo. Los escritores estamos intentado explicárnoslos a nosotros mismos"
Y completa: "De Black Mirror he visto algunos capítulos pero me faltan, voy retrasado. Todavía estoy en el primero de The Wire (risas). No hago tiempo de llegar a todo pero sí, es el signo de los tiempos, ha habido un cambio de paradigma de socialización en poquísimo tiempo. Los escritores estamos intentado explicárnoslos a nosotros mismos y compartir con nuestros lectores las dudas".
"Así funcionaba todo en la ciudad transparente: de lo que no querías te daban mucho, y de lo que de veras te hacía falta, nada de nada", dice el protagonista de Rendición acerca de una sociedad complaciente y funcional que deja sin efecto a la negatividad, el misterio, el deseo, el dolor.
En ese sentido, nociones como las de "transparencia" o "colmena" enlazan con la crítica del filósofo Byung-Chul Han, reducida a una queja influyente pero marginal ("La ciudad era perfecta y quejarse de lo perfecto es cosa de locos", añade el narrador).
¿Es Rendición un texto pesimista? Loriga: "Rendición va de rendición a rendición hasta una victoria final. Es una victoria pírrica, íntima, personal e intransferible, una epifanía, una comprensión del avance siguiente. El tono en apariencia pesimista responde a las dificultades de un individuo concreto para dejarse despeinar por el movimiento del futuro. Me gustaría pensar que el libro, como apuntó Elena Poniatowska, es una fábula luminosa".
Ray Loriga
Alfaguara
(2017)
210 páginas
$ 269

