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Por qué leer a Matías Bragagnolo

El escritor propone una literatura extrema y original como pocas en el panorama nacional.

19 de abril de 2017 a las 05:15 p. m.
Cezary Novek
Por qué leer a Matías Bragagnolo
Matías Bragagnolo

En todas las épocas hay autores que dedican su obra a especular sobre posibles devenires de las costumbres, modas, dispositivos tecnológicos o procesos sociales actuales. Es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo. Es el caso de la narrativa de Matías Bragagnolo, que se podría emparentar con William Burroughs y con J.G. Ballard en su capacidad visionaria, pero también con Alberto Laiseca por su barroquismo en la manera de amontonar situaciones y castigos grotescos página tras página.

Petite Mort se puede leer como una novela policial negra y también como un tratado sobre el cine snuff, una completa historia de la pornografía y un manual de perversiones.

La historia concluye con un impresionante epílogo admonitorio que retrata un pesadillesco futuro muy próximo. Deudor del Osvaldo Lamborghini de El niño proletario y del Sade de las 120 Jornadas, Bragagnolo persigue la quintaesencia del espanto mientras experimenta lúdicamente con las perversiones abstractas de las instituciones, del sexo y del espíritu.

Situada en otro tiempo y espacio, El brujo enlaza directamente con el final distópico del libro anterior. El infierno según Bragagnolo es aquí y ahora, tiene forma de cárcel de máxima seguridad y funciona como una versión futurista de "El jardín de las delicias" del Bosco montado sobre la arquitectura de los aguafuertes de Piranesi.

Todo es opresivo, oscuro y corrupto a nivel molecular. Al igual que en Petite Mort, no hay personajes buenos ni malos, sino depravados y aún más depravados.

Con calculada y visceral desprolijidad, en ambos libros se juega con las hibridaciones formales.

Petite Mort alterna la narración tradicional en primera y tercera persona con el guión, el ensayo y la monografía. El brujo arranca como un informe técnico institucional con la historia de un presidio modelo para luego presentar elementos sueltos de ese ecosistema: la droga, los castigos, el director, el personal carcelario, las pandillas.

El personaje al que alude el título recién aparece pasada la mitad del libro y es apenas un vehículo, heraldo de un espanto aún mayor que todas las atrocidades que le preceden.

Nacido en 1980 y abogado de profesión, Bragagnolo fue finalista de los concursos Laura Palmer no ha muerto (Gárgola, 2010) y Extremo Negro- Ban! (2013) con Petite Mort que, -al igual que su segunda novela, El brujo- fue publicada por la editorial Extremo Negro.

Actualmente, se encuentra trabajando en una saga de cinco volúmenes que toma como base la secta Los niños de Dios y la polémica de su paso por la Argentina a comienzo de la década de 1990.