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Cultura

Opinión. Mauricio Macri por Valentín Rizzuti: ¿se debe hacer humor con cualquier persona?

La entrevista utiliza un tono humorístico, pero deja a un lado la lógica humorística que se espera en el encuentro de un personaje de enorme poder político como es un expresidente.

03 de julio de 2026, 14:43
Mauricio Macri por Valentín Rizzuti: ¿se debe hacer humor con cualquier persona?
Rizzuti con Mauricio Macri.

La discusión sobre los límites del humor intenta establecer una frontera que excluya los temas moralmente sensibles. Se pasa por alto, sin embargo, el trazado de otra frontera: la que excluye los temas que no deberían ser favorecidos con el gesto propio del abordaje humorístico. La reciente entrevista de Valentín Rizzuti a Mauricio Macri ilustra el porqué.

Rizzuti tiene apenas 19 años y se volvió favorito en redes sociales gracias a las entrevistas al paso que les hacía a señoras desconocidas en la calle. Tiene un estilo propio que despunta con preguntas rápidas y un perfilamiento exacto de sus entrevistadas, lo que le permite romper el hielo con una facilidad envidiable.

La semana pasada, se estrenó el ciclo “Un día con”, dentro del programa Tapados de laburo, del canal Olga. El primer entrevistado fue el expresidente Mauricio Macri, con quien mantuvo su estilo, alternando en ocasiones con un personaje de amante enamorado. Lo acompañó durante su rutina, siempre armado de preguntas y comentarios bastante ocurrentes.

El resultado fue la construcción de un Macri saludable, seductor, buen padre, cálido, relajado, culto y simpático con los jóvenes en la medida justa, para no caer en ridículo. En ningún momento se mencionó su labor política y hasta la incomodidad del entrevistado estuvo coreografiada.

La recepción tuvo una buena porción de críticas hacia lo que se consideró un intento de levantar la imagen positiva del expresidente. Hacer humor con Macri parece ser nada gracioso.

Subversión

Las funciones del humor son variopintas y contextuales, pero existen invariantes cuando el objeto se circunscribe al terreno político.

El filósofo Henri Bergson (1859-1941) ofrece en La risa un análisis del mecanismo del humor en su dimensión social. Para que el humor funcione, tiene que haber una anestesia del corazón, un aquietamiento de las emociones que habiliten la percepción intelectual de, por ejemplo, el gobernante. Dejando de lado la indignación, nosotros, que no tenemos ese poder, podremos definir con agudeza el objeto de burla.

Bergson establece, además, la función de control social no violento. Quienes se ríen de lo mismo entienden que el objeto en cuestión se ha corrido de una norma y debe ajustarse a lo que, se supone, debería hacer. La risa es, por lo tanto, una forma de sanción que deja al objeto desnudo en su absurdidad.

El humor empleado como herramienta política, como la ejecución de una crítica hacia el poder, ilumina las imposturas, la doble moral y la hipocresía, expone de manera ingeniosa y sucinta las incoherencias. Pone en suspenso las emociones que la política contemporánea tan bien utiliza en detrimento nuestro para que pensemos.

Por eso el humor, especialmente en clave política, emplea un código que excluye a los poderosos y es propiedad de una inmensa mayoría, que ante la ausencia de voz y ante la frustración, se encuentra en la horizontalidad de la risa.

Redención

Macri siendo burlado por su hija, reaccionando a los memes que se hicieron de él y mostrando dificultades para vibrar la lengua con la “r” anula el mecanismo crítico del humor.

El rechazo que produjo su entrevista con Rizzuti radica no solo en el esfuerzo de Macri por conquistar a un público joven que desconoce su historial político, sino también en la confirmación de lo que ya sabemos de su vida: departamento de categoría, pilates a domicilio, chofer, y una agenda que incluye charla en la Universidad de San Andrés, evento en el teatro Colón y partida hacia Estados Unidos para ver el Mundial de Fútbol.

Se produce, así, una incómoda disonancia en el espectador, en tanto Macri profundiza una asimetría que la exhibición de su intimidad pretendería reducir para despertar estima y simpatía.

La entrevista utiliza un tono humorístico, pero deja a un lado la lógica humorística que se espera en el encuentro de un personaje de enorme poder político como es un expresidente. El tono sin la función queda en el aire como una cáscara que, en el terreno político, se vuelve cuasi propaganda.