Entrevista. María Negroni: Me siento más poeta que ensayista

La autora acaba de publicar Elegía Joseph Cornell un texto que entreteje poesía y ensayo con experimentos lingüísticos inspirados en el artista.

28 de abril de 2026 a las 04:41 p. m.
María Negroni: Me siento más poeta que ensayista
María Negroni escritora, poeta y traductora en su casa en Buenos Aires.

“Aullar en silencio” dice María Negroni que dice Marguerite Duras. Y se queda unos segundos en silencio como si tomara aliento para explicar por qué esa frase define la poesía.

María Negroni pareciera que se inspira más en la literatura que en la vida, sus textos son capas y capas de citas literarias, retazos de epígrafes, anecdotario de la vida cotidiana de escritores, hilos que va tensando de textos para encontrar en la filigrana del lenguaje algo que merece la sorpresa, que decanta en un hechizo, que trastorna con risas las casualidades de los destinos, infaustos o felices, de sujetos que le interesan.

El collage como género literario, los restos de historias, salpicados de pequeños detalles que forman un moteado de vivencias, follaje de individuos como documentos poéticos de las rarezas del mundo, senderos no transitados, merodeos inquietos, inquisiciones poco pulcras en lo escrito.

Toda la obra de María está plagada de citas, de curiosidades, como una vitrina de coleccionista omnívoro que se deja llevar por su biblioteca emocional y toma de acá o de allá cosas y las va hilando mientras las deja flotantes como briznas para armar un relato. Poeta, ensayista, narradora, traductora, docente, el ejercicio de las letras ocupa su existencia.

Nacida en Santa Fe, se fue a vivir a Nueva York a fines de la década de 1980 y acaba de publicar Elegía Joseph Cornell, un texto en el que prima la tensión poética, la ensoñación, la virtud de los márgenes y la inquietud juguetona por las palabras.

El vagabundeo de Cornell por las calles de Nueva York recogiendo pequeños objetos que se convertían en teatros petrificados de sus obsesiones, lo convirtieron en un artista extravagante y lunático, y María le dedica un homenaje en forma de collage entretejido con poesía, fotos, recuerdos, diálogos imaginarios, biografía onírica que resulta una caja de emociones sísmicas como las que hacía Joseph Cornell.

−¿Cómo nace tu interés por Joseph Cornell siendo que no es una figura literaria?

−Viví 25 años en Nueva York, una ciudad que me fascina. En esa época no era lo que es ahora. Era una ciudad mas extraña, rara, hosca, violenta y descubrí en un museo las cajas de Cornell. Era un paseante solitario por los bajos fondos de Manhattan, y se dedicaba a caminar por la ciudad y a buscar en negocios de usados todo tipo de chucherías que se llevaba a su casa en la que convivía con un hermano parapléjico y su madre y ahí armaba las cajas. Cornell es como una especie de Baudelaire del siglo 20, que se metía en los bajos fondos de París, buscaba fragmentos y desechos de lenguaje para llevarlos al mundo de la poesía. Cornell buscaba objetos abandonados que le hacían pensar en algo, porque los objetos están cargados de historia.

−¿Una especie de coleccionista de cosas insólitas?

−Cornell tenía una predilección por las cosas pequeñas porque después las metía en sus cajas. Ponía bolitas, postales, pipas, plumas, catálogos de hoteles, fotos de bailarinas, un mundo que ya no existía en ese momento. Su imaginario era del siglo 19, muy anacrónico, y yo también lo soy, por eso me sentí muy identificada con él. Un día me entero que en la cinemateca de Nueva York había una retrospectiva del cine de Cornell. Lo maravilloso es que es un cineasta que no filma, porque compraba rollos caseros de cine y pegaba partes. Vi todas las películas y en la última, en una de las tomas, entra una niña de unos 10 años, montada desnuda sobre un caballo blanco, con todo el pelo que la cubre, de noche, con un castillo al fondo, y antes de que acabe la toma la nena se da vuelta y mira, con la mirada hacia algo que no vemos y la mirada de la nena era un enigma que me dejó totalmente fascinada. Este libro es el producto de esa fascinación.

−Tus libros son como las colecciones de Cornell, solo que vos coleccionas citas, ideas, motivos. ¿De ahí sale tu poesía?

−No sé de dónde viene mi poesía. Creo que de la curiosidad. Soy una paseante como Cornell. La colección lo que tiene es que como que tirás un hilito y aparecen cosas y no sabés lo que encontrás. Al investigar aparecen personajes, objetos extravagantes, situaciones. La colección tiene ese elemento de la rareza y esa especie de voracidad de comerse el mundo, de meter todo.

−¿Tu fascinación con Cornell tiene que ver con tu interés en el gótico?

−Sostengo la hipótesis de que el impulso gótico nace en Inglaterra al mismo tiempo que en Francia está el Iluminismo, el siglo del orden, de la racionalidad y la organización del conocimiento. Siento que el gótico es una especie de enfrentamiento a la razón. Como si dijera “Esperen señores, están organizando el mundo, clasificando y ordenando, pero se han olvidado de algo que no los va a dejar tranquilos y de lo que se han olvidado es del deseo”. Porque el deseo está muy vinculado a la sexualidad y a lo femenino, que sale por donde menos se espera. Y eso nos pasa a todos: podés tener todo ordenado, clasificado, perfecto, y de repente se te saltó algo. La idea de recuperar esta cosa oscura es como una especie de defensa de la poesía. El mundo de la razón es el mundo de las cosas claras, es el poder que siempre quiere claridad. La poesía en cambio no. La poesía se instala en el lugar de lo inconveniente, del matiz, de la ambigüedad, de la duda. No es la certeza. La poesía es la pregunta.

−Ese temperamento poético marca toda tu obra.

−Antes que ensayista soy poeta. Aunque sea en prosa, la buena literatura siempre contiene material poético. Y no es el uso de metáforas, imágenes o cosas bellas. La poesía tiene que ver con una especie de mezcla muy particular entre la emoción y el pensamiento. Cuando Marguerite Duras dice “escribir es aullar sin ruido” cualquier persona que esté leyendo eso tiene que parar. “Aullar sin ruido” es una cosa tan fuerte, que cuando la leés te produce una especie de desafío. Ese asombro es la poesía, que aparece en cualquier género. Lo que te mueve y te moviliza. De todas las formas literarias, la más difícil, la más alta y sofisticada es la poesía. No solamente requiere sensibilidad, también requiere mucho pensamiento, muy cerca de la filosofía.

"Elegía Joseph Cornell", obra de María Negroni.
"Elegía Joseph Cornell", obra de María Negroni. (captura de pantalla.)

Para leer Elegía Joseph Cornell

María Negroni

Acantilado

2026

24.500 pesos