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Los cordobeses que hicieron la Gran Guerra

Desde 1914, muchos jóvenes hijos de inmigrantes partieron a defender las patrias de sus padres, desgarradas por la primera devastación que sufrió Europa durante el siglo 20. No fue poca la sangre de Córdoba derramada entre las trincheras del Viejo Mundo.

27 de agosto de 2017 a las 01:56 a. m.
Gustavo Di Palma
Los cordobeses que hicieron la Gran Guerra
Documento. Firma de William Robinson, padre del soldado Haroldo y gerente de la cervecería Río Segundo. (Gentileza Ángela mita tabares)

"Europa me espera, padre, llegó la hora de luchar por la patria de nuestra familia", le dijo Harold a su progenitor semanas antes de quedar incorporado en el ejército inglés, poderosa maquinaria bélica hundida en el sangriento pantano de la Gran Guerra.

Resignado, aunque sin disimular el orgullo, William Robinson entendió que nada podía hacer para retener a su hijo, al que había imaginado a los 21 años con un proyecto de vida dentro de los límites de la promisoria Argentina.

Como Harold, muchos dejaron su vida muy lejos de casa. Otros, en cambio, tuvieron mejor suerte, y pudieron volver para contarlo.

Para la familia Robinson, el Viejo Mundo envió una mala nueva el 9 de agosto de 1917. Al día siguiente la noticia repercutió así en La Voz del Interior: "Informes cablegráficos desde Londres dan cuenta de la muerte en el campo de batalla del joven argentino Harold Robinson. Tenía 23 años y era hijo de mister William Robinson, director gerente de la Sociedad Anónima Cervecería Río Segundo".

El padre de Harold llegó al país con la oleada de inmigrantes ingleses que arribaron a fines del siglo XIX, algunos para trabajar en el ferrocarril y otros en la colonización de la franja de tierras vírgenes a los costados de las vías, que les había asignado el Estado argentino.

En 1883, el destino puso a Robinson en el camino de otro inglés, William Colson, que lo tentó para iniciar un emprendimiento con el que obtendrían importantes réditos económicos: la producción industrial de cerveza desde la pequeña Villa de Río Segundo.

Según las novedades llegadas desde Europa, Harold cayó "en la línea de Francia, cuando combatía valientemente por la causa que abrazó como propia". Desde 1914, las fuerzas francesas y británicas enfrentaban a las tropas del Imperio Alemán en el denominado "frente occidental", establecido a ambos lados de la frontera franco-belga.

En la fecha en que se conoció la muerte del joven Robinson, la ofensiva de las fuerzas británicas contra el Imperio Alemán se desarrollaba en el marco de la "tercera batalla de Ypres", en la provincia belga de Flandes. Por la cantidad de pérdidas humanas y el tipo de armas utilizado, esa es considerada una de las contiendas más letales de la Primera Guerra Mundial.

Meses antes de ese enfrentamiento, entre abril y mayo de 1917, los ingleses habían lanzado un ataque sobre las trincheras alemanas en la ciudad francesa de Arras, siempre con el apoyo de tropas de Canadá, Australia y Nueva Zelanda. En alguna zanja o colina de esa geografía desfigurada por la guerra, entregó Robinson su vida.

Momento de alivio. Una pausa de descanso en la tercera batalla de Ypres, donde murió Harold Robinson. (battlefields.com.au)
Momento de alivio. Una pausa de descanso en la tercera batalla de Ypres, donde murió Harold Robinson. (battlefields.com.au)

Senderos de gloria

Hacia fines de 1914, historias como esa se repitieron en muchos hogares de inmigrantes europeos instalados en Córdoba. La investigadora de Río Segundo Ángela Mita Tabares empezó a rastrearlas hace un par de décadas, reuniendo prolijamente archivos que testimonian la actuación de jóvenes cordobeses en los campos de batalla.

Según los documentos que atesora Tabares, Sidney Williams fue el primer voluntario argentino que salió desde Córdoba para combatir en la Gran Guerra. Antes del 10 de noviembre de 1914, cuando zarpó el barco que lo llevó a enrolarse en el ejército inglés, Williams trabajaba en la Compañía de Tranvías Eléctricos de la ciudad. El "fondo anglo-argentino de guerras" le permitió costear el viaje y garantizó una ayuda mensual a su familia.

Otro cordobés, Wilfrido Temple Hughes, llegó a ser comandante de tanque del ejército británico a los 30 años. Cuando retornó al país en 1919 expresó al diario católico Los Principios su sorpresa por la gran cantidad de compatriotas con los que se cruzó en el frente occidental (en la entrevista refiere el dato de "120 mil soldados aliados que marcharon desde Argentina").

En la frondosa nómina de cordobeses que se fueron a la Gran Guerra aparece también Juan María Roque Alsina, cuya "sangre girondina", según La Voz del Interior del 1 de agosto de 1917, lo llevó a defender el suelo de Francia. "¡Pobre niño! Ha caído en el campo de batalla luchando por un ideal", lamenta ese día el diario junto a la foto de un soldado cuya candidez no puede ser disimulada por el uniforme.

Desde Córdoba a las trincheras de Flandes fue a parar Pablo Condat, que durante los primeros días del conflicto no dudó un instante en alistarse en el ejército francés. Primero fue destinado a Toulouse (sur de Francia) y desde esa ciudad llegó hasta la frontera con Bélgica, en la zona de guerra más caliente.

Una crónica de febrero de 1917 del diario La Dépeche destaca que "en el curso de un ataque del regimiento 17 de infantería del ejército francés contra las trincheras alemanas, el soldado de origen argentino Pablo Condat dirigió su escuadra con gran valor".

El relato agrega luego: "Herido de tres balas en la región lumbar, Condat quedó arrojado en un hoyo profundo, lleno de agua, desde donde con la cabeza sostenida por otro soldado, no cesó en todo el combate de estimular el ardor a sus hombres".

Poco tiempo después de incorporarse al ejército francés, el audaz cordobés había sido ascendido a cabo. Su corajuda actitud en el enfangado terreno cubierto de plomo le valió una mención de honor de la fuerza.

Otra muerte en las batallas de la Gran Guerra que enlutó a una familia de Córdoba fue la de Emilio Barés, también enrolado en el ejército francés. Aunque había nacido en Buenos Aires el 27 de enero de 1888, Barés pasó toda su infancia y adolescencia en la capital cordobesa.

Según consigna La Voz del Interior en una crónica del 7 de marzo de 1917, el deceso de Barés se produjo en la región de Brouilles Haute Meuse, aledaña a la frontera franco-belga, cuando transcurría diciembre de 1916. Igual suerte corrió el cordobés Argentino Tossi, alistado en el ejército italiano el 24 de junio de 1915 y muerto pocos meses después, con 24 años, en los alrededores de Gorizia (noreste de Italia).

A los hermanos Rómulo y Ernesto Boglietti, oriundos de barrio General Paz de la ciudad de Córdoba, la Gran Guerra los sorprendió mientras se encontraban estudiando y probando suerte con el fútbol en Italia. El gran reto que les tenía reservado la patria originaria de sus padres estaba más allá de las canchas.

No eran pocos los voluntarios que desconocían el idioma del país para el que servían, según el testimonio del cordobés Hughes. Sin embargo, eso no les impidió ser grandes difusores de tradiciones criollas: sin haber pisado jamás suelo argentino, muchos europeos aprendieron a tomar mate gracias a ellos.

A 100 años del debut del gas mostaza

A mediados de 1917, el ejército inglés y sus aliados atacaron las posiciones alemanas en la región de Flandes Occidental. Así comenzó la "tercera batalla de Ypres" o "batalla de Passchendaele", que se extendió entre julio y noviembre de ese año sin que se produjeran cambios importantes en el frente de combate, aunque se calcula que murieron y resultaron heridos más de medio millón de soldados.

Hubo dos factores que complicaron los planes aliados: el barro sembrado sobre el terreno por el lluvioso verano boreal de 1917 y el uso de gas mostaza por parte de los alemanes, una siniestra arma que provocaba lesiones mortales en la piel y las mucosas.

Aunque ese novedoso recurso de guerra fue desarrollado por científicos de Alemania, luego comenzaron a utilizarlo desde el bando aliado, pero en mayor cantidad y con más frecuencia: en el frente occidental predominaban los vientos del oeste.

De aquella batalla quedaron relatos espantosos. Un informe médico británico sobre los efectos del gas mostaza en el organismo de los soldados atacados en Ypres es muy revelador: "Paciente de 39 años, ingresó el 29 de julio de 1917 y murió 10 días después. Diagnóstico: pigmentación parduzca en grandes áreas del cuerpo; anillo blanco de piel donde estaba el reloj pulsera; quemaduras superficiales en cara y escroto; laringe muy congestionada y tráquea cubierta de una membrana amarilla; bronquios con abundante gas y pulmones muy voluminosos y colapsados; hígado congestionado y graso y estómago con numerosas hemorragias submucosas; sustancia cerebral excesivamente húmeda y muy congestionada".

Tras las huellas de mister Robinson

La principal especialidad de Ángela Mita Tabares es el estudio minucioso de la historia de Río Segundo, su lugar en el mundo. Ya lleva cuatro décadas en eso y la apasiona  el período fundacional del pueblo que ama, hecho que la llevó a encontrarse con valiosos datos sobre inmigrantes ingleses, como la familia del soldado Robinson, que dejaron alguna huella en el lugar a medida que avanzaba el ferrocarril.

En una especie de búsqueda frenética de eslabones perdidos en los confines del tiempo, Mita comenzó a explorar la vida y obra de muchos de esos personajes. Las evidencias de sus pasos por Córdoba, ya diluidas a esta altura, hoy pueden ser conocidas en gran medida gracias a sus investigaciones.

Sobre William Robinson, que aparece en los documentos de los primeros años de la Cervecería Río Segundo como director gerente, Tabares no pudo encontrar mayores datos, menos aún alguno que permita asegurar que esa familia vivió en el pueblo. No hay rastros en el Registro Civil, tampoco en el cementerio, ni en ninguna de las pocas casas antiguas con reminiscencia de viejos tiempos de esplendor, que son los distintos rincones donde la historiadora escarba el pasado.

Según las investigaciones de Tabares, Robinson se desempeñaba hacia 1883 como "superintendente de tráfico" del Ferrocarril Central Argentino. Ese año arribó a Río Segundo para descansar mientras se reponía de una enfermedad, y en esa circunstancia conoció a William Colson, que se desempeñaba como jefe de la estación y se encargó de facilitarle su estadía en la villa.

Colson le hizo probar a su huésped la cerveza que fabricaba para consumo familiar y Robinson quedó impresionado por su calidad, por lo que le propuso producir la bebida a nivel industrial. Así nació la Cervecería Anglo-Argentina de Guillermo Colson y Compañía, luego famosa en Córdoba y el país como Cervecería Río Segundo.

En 1917, cuando Robinson perdió a su hijo Harold en la Gran Guerra, el emprendimiento que había impulsado de manera fortuita ya se había transformado en una gran empresa. Pero el derrotero de esa familia desapareció del radar de la historiadora Tabares, mientras Colson le dejó mucha tela para cortar, hasta el punto que sus parientes en Inglaterra tomaron contacto con ella para reconstruir la historia familiar.

"Homenaje de la Cervecería de Río Segundo Sociedad Anónima al fundador de la fábrica en este pueblo", dice la lápida sobre la tumba donde yacen los restos de Colson, en la calle central del cementerio de Río Segundo. Al igual que su socio, el creador de la cerveza también padeció un drama familiar: su primera esposa, Mary Francis Lakes, huyó del hogar con Diego Wilkie, un maquinista del ferrocarril.