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Las solidaridades nocturnas: reseña de "El bar de las grandes esperanzas"

Comentario del nuevo libro de J. R. Moehringer.

17 de agosto de 2016 a las 11:41 a. m.
Gustavo Pablos
Las solidaridades nocturnas: reseña de "El bar de las grandes esperanzas"

Años antes de escribir Open, el intenso y fascinante libro de memorias del tenista André Agassi, el periodista norteamericano J. R. Moehringer se propuso contar su propia vida, y el resultado de ese proceso –que primero encaró como ficción y luego como autobiografía– es The Tender Bar (que en castellano ha sido traducido como El bar de las grandes esperanzas, un título de reminiscencias dickensianas aunque poco fiel al original).

La historia comienza en Manhansett, pueblo situado en Long Island, a 27 kilómetros de Manhattan, con unos ocho mil habitantes a principios de los años 1970, donde el autor creció al cuidado de su madre y de su abuela, con la presencia un tanto distante de su abuelo y la más cercana y paulatinamente comprensiva de su tío Charlie.

Pero, en primer plano, con el fantasma de un padre ausente, un DJ de bastante éxito aunque al que hasta su adolescencia Moehringer sólo conoce por la voz, una voz que le llega desde un viejo aparato de radio y que define como un “antídoto contra toda la discordancia que me rodeaba”.

Las figuras del padre y de la madre y la imagen tutelar del bar constituyen el eje en torno al cual gira la historia y, por tanto, los deseos y las búsquedas del protagonista. J. R., desde muy niño, siente la falta de su padre y la necesidad de estar cerca de su madre para que con su proximidad nada malo llegue a sucederle, y además con el imperativo de brindarle en el futuro, a través de sus estudios y de su trabajo profesional, lo que a ella siempre le ha faltado: tranquilidad y bienestar económico.

El bar de las grandes esperanzas es un libro de memorias que puede leerse como una novela de iniciación, con los diversos ritos de pasaje que un adolescente debe surcar para transformarse en el autor de esta historia que ahora leemos.

Las más de 400 páginas aglutina una gran variedad y diversidad de episodios: la vida en la casa de su abuelo, el deseo de su madre por huir y obtener independencia, los nuevos desafíos cuando ambos se instalan un tiempo en Arizona, su primer trabajo en una librería (administrada por un curioso dúo que lo introduce en la literatura), sus años en Yale, las relaciones con sus primos, el amor por momentos absoluto pero en general vacilante que le dispensa Sidney, su pasión por Sinatra (a quien empieza a escuchar cuando deja de oír la voz de su padre en la radio), sus primeras pasos como periodista en el New York Times, etcétera.

Y siempre con el contrapunto del Publicans, el bar donde los relatos circulan como las copas y la solidaridad es la única moneda de cambio; un lugar de paso, de recreo y de confesión, así como trampolín para un nuevo salto.

Los libros, la escritura y el bar forman ese inmenso escudo de protección y de construcción de la identidad. De alguna manera, El bar de las grandes esperanzas es un proceso de exposición pero fundamentalmente de invención, un ejercicio para ordenar y darle sentido las piezas de ese puzzle que fue su historia personal.

El libro

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El bar de las grandes esperanzas

J. R. Moehringer

Traducción: Juanjo Estrella González

Duomo Ediciones

464 páginas