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La línea divisoria, a qué se considera películas “híbridas”

Se llama así a películas con cualidades poéticas que no llegan a permitir distinguir si se trata de un documental o una ficción.

24 de octubre de 2021 a las 06:30 p. m.
La línea divisoria, a qué se considera películas “híbridas”
"San soléis", filme de Chris Marker

Hay un concepto que se ha inmiscuido sin siquiera ser discutido en el vasto ecosistema de festivales de cine. En Pekín o en Bogotá, en Londres o en Santiago de Chile, llegará el momento en el que una película de una competencia o una sección paralela se la considerará “híbrida”.

Con ese término se intenta aludir a lo siguiente: el relato tiene ciertas cualidades poéticas que no llegan a permitir distinguir si se trata de un documental o una ficción. La película, por otra parte, tampoco explicita qué es. Su índole híbrida disuelve cualquier consideración crítica; es un fenómeno de época, o, como suele decirse sin pensar en nada concreto, se trata de una “tendencia”.

Quien preste atención a los dispositivos de comunicación propios de las redes sociales, notará que en todas aparece una misteriosa demanda para el usuario que insiste en que cuente su historia. Contar algo, organizar los acontecimientos vividos ayer, dos años atrás o todavía más atrás en el tiempo constituye un requerimiento de una práctica cultural articulada en la ficción.

La voluntad de ficción es ubicua. Está en los dispositivos, en las propagandas de detergentes, bancos y seguros, en las promesas que una institución académica garantiza a sus estudiantes y asimismo en las campañas políticas. He aquí la vindicación total de los humanos como animales narrativos

Con el cine se inauguró una era distinta en la ficción. Representar frente a cámara un drama, una comedia o una aventura siempre cuenta con una intromisión que no es un artificio de la imaginación. La dimensión documental de la ficción se puede divisar en los gestos de un animal, en la fuerza del viento que mueve un bosque al servicio del placer visual y tantas otras que cosas que en el encuadre no responden a las decisiones de los que fabrican una realidad.

En un plano cinematográfico siempre hay un fulgor de lo real, incluso en un universo fantástico que solamente pueda existir en la imaginación. La saga de Harry Potter pertenece exclusivamente a la fantasía y nada de lo representado puede ser visto como real, excepto el cuerpo de los intérpretes. Toda la saga es también un documental sobre el crecimiento de los actores a lo largo de un segmento del tiempo. Acaso en esa evidencia ontológica resida la fuerza secreta de la apelación sentimental que tiene para sus fieles.

Que lo ficcional y lo documental se entrecrucen es inevitable; que se confundan en tanto exista una cámara es otra cosa. El documentalista sabe que aquello él o ella que no controla es el punto de partida de lo que hace. El cineasta de la ficción trabaja para conjurar ese origen. El concepto de lo híbrido clausura estas distinciones e iguala puntos de partida inconmensurables.