Novela. Reseña de La extinción de Irena Rey: Traducir es un oficio ingrato
La primera novela de la estadounidense Jennifer Croft es un viaje ambicioso hacia el universo de la traducción, en un escenario de bosques polacos, fanatismo literario y crímenes imperceptibles.
Convendría tal vez antes de leer esta novela –La extinción de Irena Rey– considerar lo siguiente sobre el artificio del texto y sobre la historia que surge de él.
El artificio: una traductora escribe una novela sobre el encuentro de una escritora polaca con su séquito de ocho traductores de distintos idiomas europeos. A esta novela de la traductora-escritora, que es argentina y traduce al español, pero que escribe la novela en polaco, la traducirá al inglés una de las traductoras que forman parte también de aquel séquito distinguido.
Y de esa traducción al inglés se basa la traducción al español del libro que estamos leyendo nosotros, cuya traductora sería así la única persona de identidad no alterada por ningún heterónimo de Jennifer Croft, la verdadera escritora esta sí de La extinción de Irena Rey.
La historia: un grupo de ocho traductores de polaco es invitado por la escritora Irena Rey para reunirse en su mansión en Polonia con el objeto de presentarles su última novela antes de que comiencen a traducirla.
El acontecimiento no es novedoso, dichos encuentros se repiten ante cada obra alumbrada por el genio polaco. La mansión se encuentra enclavada en medio de una impresionante reserva natural boscosa a tres horas de Varsovia, cerca de la frontera con Bielorrusia.
De este modo, Francés, Serbio, Esloveno, Español, Sueco, Alemán, Ucraniano e Inglés (se los nombra al principio así, con la evidente intención de despersonalizarlos) esperan por la nueva novela de su autora predilecta con la expectativa renovada de que con ella reciba al fin el Nobel que tanto merece.
Irena no es una jefa, sino el objeto de una adoración colectiva. Los traductores son sus admiradores y sus fanáticos también, groupies de entusiasmo perruno por su estrella de rock favorita. Español es personaje y narradora del texto a la vez, una treintañera enamorada como ningún otro congénere de su diosa literaria.
Pronto Irena desaparece de la mansión sin embargo, y el desamparo y la incertidumbre se encarnizan con sus fieles soldados.
Empieza así una larga pesquisa sobre el paradero de la autora que dotará a la obra de ciertos rasgos policiales, y será una excusa a la vez para que Croft (quien es traductora también) se regodee en reflexiones sobre el oficio de la traducción. La conciencia ecologista de Irena suma un ingrediente más a la complejidad del texto.
Con un homenaje a Tierra de empusas, de Olga Tokarczuk –sobre todo en la descripción de los micelios del bosque y su relación con los mitos–, la novela es en definitiva la trama de una búsqueda. Como un Godot al que nos cansamos de esperar que regrese y decidimos ir a su encuentro antes de aburrirnos en una mansión polaca.

Para leer La extinción de Irena Rey
Jennifer Croft.
Anagrama.
2025.
382 páginas.

