Es el género, estúpido, comentario de "Economía feminista"
Reseña de Economía feminista, de Mercedes D’Alessandro, un ensayo con varias perspectivas sobre el tema.
Si la desigualdad es una cuestión económica, el principal problema económico es el género. Curiosamente, no hay teoría que se haya hecho cargo del tema. Por lo menos hasta ahora, que empiezan a surgir algunas propuestas feministas…
Economía feminista, de Mercedes D'Alessandro, es un excelente ensayo de divulgación que se esfuerza en describir el asunto desde múltiples perspectivas para que el lector comprenda el cuadro global y nacional del que se debe partir. Luego, quien se interese en la cuestión más teórica podrá buscar bibliografía especializada.
La conclusión es que la mujer está sobreexplotada y que de ello resulta "el empobrecimiento de su vida cotidiana". De la depresión del ama de casa promedio de hace 50 años pasamos a la insatisfacción y la infelicidad de la trabajadora/profesional/ejecutiva de hoy, "presionada a alejarse del hogar y la familia".
Los números hablan por sí solos. Si hablamos de salarios, en blanco, "a nivel mundial las mujeres ganan en promedio 25 por ciento menos que los varones"; en negro, un 40 por ciento menos. Si hablamos de tiempo, las mujeres trabajan en promedio unas 2.6 horas diarias más que los varones, porque también trabajan dentro de sus casas… y no cobran nada por las tareas domésticas y el cuidado de la familia.
Ojo con lo que están pensando: ¿debieran hacerlo por amor? Entonces, ¿por qué no lo hacen también los varones?
La mujer "realiza una actividad indispensable en el funcionamiento de toda la sociedad de manera gratuita". En un país como Argentina, si se le asignase un valor monetario a esas horas, el aporte equivaldría a más de diez puntos del producto bruto interno. Todo el sistema científico y el educativo, sumados, funcionan con menos que eso.
Plantea D’Alessandro: "La reorganización de las tareas domésticas y de los cuidados es una cuestión existencial. Implica pensar en quién se ocupa de la casa y los cuidados no solo entre las mujeres y los varones, sino también si los servicios que se contratan en el mercado tienen que estar profesionalizados. Quién paga qué cosas, cuáles son las necesidades que el Estado tiene que cubrir, qué le corresponde a las empresas. Quién cuida y cría a los niños. Qué lugar se le da a la familia y, también, qué es una familia".
Véanlo del otro lado: El trabajo doméstico es la principal ocupación de las mujeres asalariadas en el país; el 40 por ciento de las madres pobres y la mitad de las madres solteras se desempeñan como empleadas domésticas, la actividad que más informalidad presenta. Hay aquí un circuito cerrado que condena a estas mujeres y a sus hijos a la marginalidad y la pobreza. La pobreza, entonces, es sexista: "Las mujeres tienen cuatro veces más probabilidades de vivir en hogares pobres cuando tienen hijos" y "solo el 11 por ciento de las mujeres que no tienen hijos vive en un hogar pobre".
En consecuencia, no preguntarnos acerca de quién lava los platos y quién cuida los chicos tiene un altísimo costo social.

Economía feminista
Mercedes D’Alessandro
Sudamericana
216 páginas
$ 289

