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Efectos especiales: La vida es bella, según Instagram

Por qué Facebook se parece cada vez más a Instagram.

13 de julio de 2016 a las 09:13 a. m.
Efectos especiales: La vida es bella, según Instagram
Instagram pareciera poner un filtro de felicidad a las imágenes.

Con su más reciente cambio de reglas de juego, Facebook se parece cada vez más a Instagram. Este caso de transculturación inversa (Instagram fue adquirido por Facebook hace cuatro años por mil millones de dólares) se manifiesta en la decisión de volver a las bases y limitar la lectura de los usuarios a lo que publican sus amigos y familiares, dejando afuera expresamente las notas periodísticas.

Es decir: no importa si me gusta ver noticias de tal o cual medio en mi muro, los muchachos de Zuckerberg decidieron por mí que lo importante en su red social (es de ellos, incluido mi perfil y todo lo que hay en él, me avisan en las condiciones de uso) son las fotos del gato y las vacaciones o el cambio de estado de mis contactos, no las desagradables noticias de la actualidad.

El dato de que casi el 30 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 24 años tienen como principal medio de información a las redes sociales con Facebook a la cabeza (según una encuesta actual de YouGove entre 50 mil personas de 26 países), tampoco parece relevante, y Mark puso el gancho para que su parque de 1.600 millones de usuarios se asemeje a una burbuja ausente de información de actualidad. Cierto que es, tal vez, sea para mejor, aunque me gustaría decidirlo por mí.

¿Qué tiene que ver esto con Instagram? Que en general, es una red social empeñada en reproducir socialmente fotos estéticamente correctas en relación a un código tácito, y sin demasiados anclajes con la cruda realidad. Cierto es que no existe algo com el "grado cero de intermediación" (mucho menos en los medios periodísticos actuales), pero en Instagram la idea de irrealidad aparece súper reforzada por los filtros, al punto de que "sin filtro" se ha convertido en la práctica en un filtro más.

No está escrito en las reglas de uso, donde la casi única prohibición expresa es la desnudez frontal y el ocultamiento sistemático del pezón femenino es casi una obsesión, pero basta revisar cualquier perfil para percibir que hay una normativa estética que uniforma a sus 500 millones de usuarios.

Lo interesante, en última instancia, es que no terminamos de saber si lo que sucede es que nadie sube fotos "malas" a Instagram, o si cualquier foto que sea una porquería se convierte en una foto "decente" una vez pasados por el Clarendon. En cualquier caso, el efecto de esta ética instagramera es el mismo y no se ven fotos "incorrectas" a su perfil: no proliferan allí selfies en la sala de espera de un hospital, en el museo del holocausto en Berlín o en el funeral de la abuela.

"La fotografía es, en un mismo instante, el reconocimiento simultáneo de la significación de un hecho y de la organización rigurosa de las formas percibidas visualmente que expresan y significan ese hecho", dijo alguna vez Henri Cartier-Bresson, el padre del fotoreportaje. Henri murió en 2004, seis años antes del inicio de la era Instagram. La definición sigue vigente, sólo que no en Instagram.