Crímenes simbólicos: reseña de "Universidad para asesinos"
El libro es la nueva entrega de la serie del comisario Kostas Jaritos, del escritor Petro Márkaris.
Cuando Petros Márkaris inscribió sus novelas en el género policial, lo hizo convencido de que estaba adoptando el formato más efectivo actualmente para reconfigurar la novela social. Esto es: una ficción que da cuenta del estado de una sociedad desde una perspectiva crítica. Por eso decidió concentrarse en un personaje, el comisario Kostas Jaritos, y escribir una saga, novelas que se encadenan como capítulos de una serie televisiva.
De una a la siguiente, mientras hace su tarea, que es descubrir asesinos y perseguirlos, Jaritos, entre otras menudencias, envejece, ve a su hija doctorarse y casarse, sufre como un griego más la crisis política y económica, se resiente por un cambio de jefe, discute con su mujer, se va de vacaciones. Por si no se nota: ser policía e ir detrás de un criminal no lo es todo en la vida; ni siquiera es lo más importante, más bien es un accidente.
Universidad para asesinos es el nuevo eslabón de la serie. Y tiene bastante de todo eso, pero en un tono más moroso y desencantado que las anteriores 10 novelas. Cuando vuelve de vacaciones, Jaritos se entera de que, por la jubilación del director de la policía, ha sido elegido como director interino. Está a prueba, digamos. No es el único cambio para el que debe prepararse: su hija está embarazada, así que será abuelo.
Y como siempre, y como corresponde, hay unos cuantos asesinatos con un patrón en común: docentes universitarios que abandonaron sus cátedras, apenas tuvieron la oportunidad, para pasar al campo de la política y transformarse en funcionarios del gobierno.
Aunque con cierta prudencia, habría que leer un paralelismo entre Jaritos y las víctimas: el comisario podría ascender en el escalafón y tener más poder producto de su responsabilidad y eficiencia, sin cambiar su esfera de actuación; la posibilidad que se le abre es absolutamente lógica en su carrera. Los universitarios asesinados, en cambio, han jugado con ciertas reglas del sistema para favorecerse individualmente, sin medir las consecuencias que eso acarrea para la universidad: se van a un ministerio, por ejemplo, sin renunciar a la cátedra, que entonces queda en una situación irregular por falta de presupuesto (al no renunciar, retienen sus sueldos).
Por supuesto, eso no justifica que alguien los mate. Pero vale pensar que Márkaris los convierte en las víctimas como una manera de sancionar simbólicamente su conducta. El juego, como corresponde, incluye inverosímiles asesinos.
Tusquets
326 páginas
$ 679

