Columna. Consumación del doctor Freud
Obra casi desconocida de Arturo Capdevila, la he rescatado como una rareza.
Consumación del Doctor Freud
Alma y el Capitán; Alma está muy inquieta, teme que suceda algo malo y así lo manifiesta:
–Alma: No me animaría a quedarme sola, porque algo, seguramente espantoso, está por suceder.
–Capitán: Es verdad. Adivino que...¡Silencio! Apaguemos la luz. (Guardan silencio. Tocan con los nudillos en la puerta)
–Alma: Me da miedo.
–Capitán: (abre y mira)._ No hay nadie, Alma. Pero tranquilícese Y mientras recorro la bodega, espéreme aquí mismo.
–Alma: Sea, entonces, con una condición: que no tarde en volver.
(El capitán desaparece por la escotilla. Al punto, un fantasma encapuchado abre la puerta).
–Encapuchado: (a los suyos, animándolos a entrar). Ya se marchó. Entrad, encapuchados monjes; monjes grises de la Congregación de los Sueños. Entrad y partíos en dos bandos. Este recinto está impregnado del espíritu del gran Comandante Freud. Su alma está atada a la brújula, a ese mapa, a ese libro de ruta. Entrad. Aquí estaréis como en su alma: que toda entera se ha convertido ya en esto (van entrando). Así: vosotros a la derecha; vosotros a la izquierda. Como frailes que en el último límite de la noche cantan maitines frente a frente en el coro, para propiciar el alba. Así, como ancianos de Israel en la sinagoga, por tiempo de persecución.
(Se colocan. Alma ha venido a quedar al medio, extática)
–Encapuchado: Empezad la salmodia. ¿Hay algo que no sea sueño?
(Empieza como un canto llano, profundamente melancólico)
–Los Unos: ¡Todo es sueño, todo es sueño! Duermen, sueñan, las flores, apenas mecidas de ese otro sueño del viento.
–Los otros: ¡Todo es sueño, todo es sueño!
–Los Unos: Duermen, sueñan las piedras, los montes, las masas del aire en el cielo.
–Los otros: ¡Todo es sueño, todo es sueño!
–Los Unos: Duerme, sueña la noche parpadeante de estrellas. Duermen, sueñan bajo la techumbre del cielo que duerme, los mansos animales que se echan a dormir sobre las praderas...
–Los otros: Los que se albergan en los huecos de las rocas. Los que se acurrucan junto a las cenizas de las chimeneas...
–Los unos: Duermen, sueñan las corrientes de los ríos, las sonámbulas olas del mar, las nubes y las lluvias...
–Los otros: Vivir, soñar... Soñar, vivir...
–Alma: (exaltada)._¡Sí! ¡Todo es sueño! Yo solamente velo sin descanso en la vida y hasta en la muerte. ¿No dormiré yo nunca? Sólo el amor es mi consuelo. Sólo él, mi médico; sólo él, mi embriaguez y mi olvido. ¿Quién soy yo sin él? Soy solamente la que pregunta en la noche como la Esposa del Cantar de los Cantares. ¿Dónde es ido mi Amado? Y eso pregunto yo ahora: ¿Dónde es ido mi Amado; qué hicisteis de él?
–Encapuchado: Duermen, sueñan, hablan, caminan en sueños los hombres. No sabemos más.
–Todos: ¡Todo es sueño, todo es sueño!
–Alma: Todo es sueño. Pero yo soy la Sedienta y la Hambrienta de mi Amado. Y le llamo en la noche: ¡Amado mío, ven! Y él me contesta! ¿Oís? ¿Le oísteis?
(Se escucha la voz de Freud):
–Comandante Freud: ¡Paloma mía, esposa mía! (Entra cargando los restos de unas cadenas y encara a los que rodean a Alma, que se acerca a él) Vedme, aves nocturnas, pajarracos de la noche del alma... murciélagos de la nada del sueño... Estaba escrito que me habríais de encadenar... pero también lo estaba que habría de romper vuestras cadenas... Ved cómo fueron rotas y despedazadas. “¿Quién es, quién es?” Ya os lo oigo preguntar. Y bien: Yo soy el Comandante victorioso. ¿Qué estáis haciendo, pues, que no caéis de rodillas? ¡Caed, pobres miserables fantasmas, como cae el derviche musulmán con la frente en el suelo y las manos hacia delante! Y tú, que pareces el capitán de esta tropa, el prelado de estos monjes, habla ahora. ¿Quién eres tú; quiénes son ellos?
(Mientras Los Unos y Los Otros se arrodillan, el Encapuchado contesta):
–Encapuchado: Somos los sueños del hombre. Los fantasmas de la conciencia dormida, señor Comandante. Cierra sus párpados el mortal, y según se va durmiendo –que es cuando los ojos miran hacia adentro- despertamos nosotros. ¿Sabéis lo que es la noche? Una rueda de negro espanto sobre el cual galopan en manadas las pesadillas a los latigazos del demonio. “¡Tengo miedo!”, gime entonces el Alma. Y los recuerdos y las deshechas imágenes del mundo, entonces, empiezan a pasar como grises bandadas...”

