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Burbujas sociales: Los que no piensan como yo

Diana Cohen Agrest escribió el libro y conduce el programa ¿Qué piensan los que no piensan como yo? Habla sobre cómo el ejercicio del debate de temas controvertidos se vierte en redes sociales.

30 de abril de 2017 a las 12:01 a. m.
Burbujas sociales: Los que no piensan como yo
Diana Coihen Agrest

Diana Cohen Agrest es doctora en Filosofía y magíster en Bioética. Conduce por la Televisión Pública, todos los jueves a las 23, el ciclo ¿Qué piensan los que no piensan como yo?, programa que propone debates sobre temas controvertidos.

El ciclo se originó en un libro, editado en 2008, que este año tiene nueva edición revisada. Sobre cómo las personas expresan su postura on line, Cohen Agrest es cautelosa: "Por un lado, hay una horizontalidad que quizás hasta esté realizando la utopía de la democracia directa a través de redes sociales. Hoy en día se organizan muchísimas protestas y reclamos a través de redes y la voz del ciudadano se escucha de manera insospechada hace años. Ese es el uso positivo. Pero también se produce una homogeneización del pensamiento, porque las redes aúnan a personas que piensan parecido".

-¿Es esta una época en el mundo de menos tolerancia a las opiniones divergentes?

-Tal vez tiene que ver con el aparato psíquico, mecanismos inconscientes por los cuales cada vez que escuchamos o leemos algo en realidad buscamos reconfirmar nuestras preconceptos. Desde ese punto de vista las redes nos vienen bien: ratifican lo que pensamos. Mi programa plantea una propuesta inversa: confirma lo que ya pensamos con argumentos, pero a la vez nos plantea atrevernos a desafiarlos asomándonos a otras perspectivas y razones. La palabra razón no es caprichosa. Cuando uno opina lo hace  por una cuestión visceral, por una corazonada, uno tiende a empezar frases con "yo creo" o "yo siento". Pero como decía Lacan, los sentimientos mienten. Lo que hay que hacer es ponerlos a prueba con las razones.

-¿Hay cierto miedo a atender los argumentos distintos, a que pongan en jaque las seguridades del pensamiento propio?

-Es mucho más cómodo quedarnos con nuestra propia manera de pensar. Yo tenía determinadas ideas en torno a determinadas controversias que confronté con otras personas y me cuestioné en gran medida si no debía modificar mi manera de pensar y sentir. También hay otro punto de vista: en general uno prefiere no confrontar. En Argentina sobre todo, lo que se usa es lo que en ética se llama "argumento ad hominem" (un título bastante machista para una falacia lógica, hoy se podría hablar de un argumento "ad feminem", se usa también con mujeres). Es el hecho de evaluar o criticar a la persona en lugar de discutir la idea. Terminamos devaluando al otro en lugar de examinar sus razones.

–En el libro y en el programa algunos temas son más ríspidos que otros: bioética, tecnología, medicina. ¿Qué los define como los más controversiales?

–Las drogas, por ejemplo, es un tema controvertido. El cannabis medicinal, por ejmplo, recientemente aprobado. Hay gente que está preocupada porque puede pasar del cannabis medicinal al recreativo. Es lo que en ética se llama "pendiente resbaladiza", es decir que una vez que empezás a aceptar una práctica controvertida después es más fácil ir aprobando otro tipo de prácticas éticamente cuestionables. El cannabis medicinal se celebra pero puede dar lugar a otras prácticas. Por ejemplo, la discusión ahora es la política de reducción de daños. Pero el tema atraviesa otros, el paco, los chicos que consumen paco. Hay posiciones controversiales en otros temas, como fertilización asistida, prevención de enfermedades genéticas, el "bebé medicamento", etcétera.

-A veces pareciera que hay una presión por tomar posición incluso antes de pensar argumentos...

-Sí, pero no sé si es de esta época nomás. Hace años que le preguntan a Maradona su opinión de cualquier cosa, igual que a Ricardo Darín. Es como si lo políticamente correcto estuviera instalado. Está relacionado con ser pacato. Y en Argentina somos muy pacatos, incluso desde las posturas más liberales o anticonservadoras.

Diana Cohen Agrest

Debate

315 páginas