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Así en la vida como en la página

Silvia Renée Arias, cuyo período “bioycasaresco” se inició en 1988 con la publicación de las conversaciones que mantuvo con Bioy y se continuó en 2002 de la mano de quien fue su famosa ama de llaves.

05 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Rogelio Demarchi
Así en la vida como en la página
Adolfo Bioy Casares. El escritor argentino, gran amigo de Borges, es más recordado en España y en Francia que en su propio país.

A  veces, hay investigadores que mantienen durante largo tiempo el asedio a un mismo objeto de estudio y, en esa larga marcha, van produciendo distintos libros que dan cuenta de sus diferentes aproximaciones. Es el caso de Silvia Renée Arias, cuyo período "bioycasaresco" se inició en 1988 con la publicación de las conversaciones que mantuvo con Bioy y se continuó en 2002 de la mano de quien fue su famosa ama de llaves. Pues bien, ese período podría haber llegado a su fin ahora, a 28 años de su apertura, con Bioygrafía. Vida y obra de Adolfo Bioy Casares . Arias, entonces, es una gran conocedora de las distintas dimensiones que definieron el mundo de este gran y no siempre bien leído autor argentino, al que más de una vez, para depreciarlo, se lo ubica "a la sombra" de Jorge Luis Borges (cuando no se prefiere hablar de sus numerosas aventuras sexuales en vez de hacerlo sobre sus ficciones). Es más, Arias fue su amiga personal durante muchísimos años y hasta su muerte; por lo tanto, no era difícil imaginar que en algún momento cedería a la tentación de escribir una biografía.Con todo, si bien el trabajo tiene un punto teórico de partida tan interesante como pertinente –entender que el biógrafo "es una especie de detective" y que "el mito de una vida está oculto dentro de la obra de todo escritor"–, el resultado no está a la altura de la expectativa que genera: sobreabundan los "Bioy decía", recordaba, confesaba o escribió (en sus memorias y sus diarios, por ejemplo), todo lo cual significa que su palabra se ha impuesto en demasiadas ocasiones sin contrapesos, que la detective no hizo bien su trabajo o que no pudo encontrar nada nuevo que valiera la pena para contrastar la palabra del biografiado. De hecho, hay anécdotas menores que permiten asegurar que Arias no creyó necesarias ciertas tareas de indagación perfectamente obvias: cuando narra el ciclo tenístico de Bioy Casares, por ejemplo, dice, al pasar, que solía jugar por las tardes "con un tal Cattaruzza", quien, agrega párrafos después, le ganaba con los ojos cerrados porque estaba "tercero en el ranking argentino". Entonces, era muy sencillo ubicar su nombre completo, como correspondía.En ese contexto, de todos modos, hay una posibilidad de lectura muy interesante, que hasta habilitaría a analizar el libro de Arias en los talleres literarios: indica en numerosas oportunidades dónde y cómo diferentes hechos de la vida de Bioy (amores, temores, pérdidas, sueños, ambientes) se trasladaron a sus relatos. La posibilidad de rastrear ese vínculo entre la vida y la obra de un autor, para advertir sus recurrentes obsesiones, puede resultar muy fecundo para los que aspiran a escribir y los investigadores.

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