Entrevista. Raúl Flores: Soy un artista cordobés, absolutamente criollo

Un itinerario que profundiza en la trayectoria personal de este artista, gestor y curador, y sirve para hablar del arte contemporáneo argentino.

15 de marzo de 2026 a las 06:31 p. m.
Redacción La Voz
Raúl Flores: Soy un artista cordobés, absolutamente criollo
Entrevista al artista, curador y gestor Raúl Flores.

"Soy un artista cordobés, absolutamente criollo. No importa si estoy en Europa o en Argentina, siempre me presento así”. Con esas frases, se define en esta entrevista el artista, curador y gestor Raúl Flores.

Nacido en la ciudad de Córdoba a mediados de los años sesenta, durante la realización de las místicas Bienales IKA, Flores creó su carrera de trayectoria internacional entre Córdoba, San Pablo, Madrid y Buenos Aires.

Sus primeras obras pigmentadas de intuición transcurren en formatos híbridos entre la noche y la moda. Al poco tiempo, sus procedimientos efímeros se formalizaron a través de fotografías y sus piezas llegan hasta las salas del Museo de Reina Sofía (España). Actualmente, se desempeña como curador del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires, una institución destacada dentro de la escena global del arte y forma parte del staff de W-galería.

Los inicios

Flores es oriundo de una familia criolla del norte de la provincia, sus padres se casan y migran del campo a la ciudad: se instalan en Villa Rivera Indarte, en Córdoba.

Desde el borde de la urbe, entre caballos a galope cerca del río Suquía, Raúl vive su niñez rodeado de su clan. A los 10 años, durante la década de los años setenta, empezó a tomar clases de pintura en el Convento de las Claretianas: a partir de ahí, Flores incorporó el arte como centro de su vida.

El entrevistado continuó su formación en diversos espacios de la Escuela Figueroa Alcorta. En el año 1986, junto con el artista Sergio De Loof fundan La hormiga, un espacio artístico independiente interdisciplinario. Flores recuerda cómo Marcelo Franco, periodista de La Voz del Interior, acompañó la gestación de este proyecto a través de coberturas en la sección de Cultura; y luego, años después el reencuentro con Franco, tras la dirección del Suplemento Sí en Clarín. Posteriormente, le siguen muestras en La Tramoya y en el teatro La Cochera.

Los años noventa: el under, el sida y la fotografía

Durante la década de la pizza y el champagne, Flores se inserta en la escena de la noche y el arte porteño; mundos que, por aquel entonces, se encontraban solapados por el espíritu de fiesta.

La producción del artista cordobés consistió en objetos fronterizos que se rompían la misma noche que se mostraban.

Eran elementos despojados de cualquier interés de comercialización o conservación, ya que la fantasía estaba ligada a que se conviertan en piezas de moda. Sin embargo, uno de los collares de aquella data fue resguardado por la colección Bruzzone.

A mediados de los noventa, Flores produce obras con golosinas: gomitas, chupetines y RES las fotografió. Aparece la cámara fotográfica como la posibilidad de generar obras para el sistema del arte, por fuera del underground.

Raúl no abandona el vínculo con su tierra natal, en el año 1996 expone en Casa 13 fotografías que pertenecieron a una exhibición anterior realizada en la Fundación San Telmo, de la familia de coleccionistas Helf. Años después, estos trabajos se integran al acervo de la colección Bugliotti.

En paralelo al boom de la fotografía en el campo del arte, las colecciones privadas y públicas empiezan a incorporar esta disciplina a sus patrimonios.

En el '98, Flores gana la prestigiosa Beca Kuitca y sus fotografías se insertan en los acervos más importantes del país. En diciembre del 2000, el artista participa de la exposición Versiones del sur, más allá del documento en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid, junto con renombrados artistas latinoamericanos.

“Todo iba muy rápido –relata Raúl–; estaba rodeado de artistas maravillosos que no paraban de producir: Feliciano Centurión, Ana López, Jorge Gumier, Jorge Londaibere, Alberto Goldestein, Liliana Maresca. En estos años, donde el sida estaba presente, convivíamos con nuestra juventud, mientras varios se morían, todo a un ritmo vertiginoso. Estaba a flor de piel hacer lo que realmente queríamos porque no había mercado, colecciones profesionales, galerías, museos. Esto será irrepetible y le dio unas condiciones excepcionales a nuestro hacer", aseguró.

A partir de dos mil: hacer crecer la tribu

Con el robustecimiento de las instituciones culturales y fortalecimiento de agrupaciones dentro del sistema del arte, en los años subsiguientes la carrera de Flores ramifica su práctica artística hacia los territorios de la gestión y la curaduría.

Desde el año 2012, con el nacimiento de Yungas, se dedica a un proyecto que busca desarrollar y profesionalizar la escena artística local generando espacios alternativos de formación en artes visuales.

Raúl dedica un año a un programa de capacitación por provincia, en el año 2015 vuelve a Córdoba. Encuentra colaboración para el desarrollo de la formación a: El Gran Vidrio, el coleccionista Atilio Bugliotti, Cultura de la Nación y la feria MAC. Un año después, surge Casa Flores en la zona del Mercado Norte con artistas becados: Damián Santa Cruz, Lucía Von Sprecher, Lucas Despósito, Martín Carrizo, Majo Arrigoni, Noesasi, Samanta Ferro y Victoria Liguori.

Casa Flores

Funcionó desde el 2017 hasta los 2021, aproximadamente. Fue un espacio autónomo de gestión y producción de arte dirigido por artistas cordobeses. Casa Flores funcionó como talleres de los artistas becados por el programa Yungas y como lugar de encuentro y diversión.

Durante estos años (2015-2020), fue el momento de crecimiento del mercado del arte local, la ebullición de proyectos de arte contemporáneo dedicados a la producción y a la comercialización.

Luego, ocurrió la pandemia y el recorrido de los integrantes del proyecto se bifurcó.

¿Cuándo lo cotidiano se convierte en extraordinario?

Las obras de Flores recogen escenas cotidianas, están compuestas por elementos efímeros, accesibles, mundanos; sin embargo, su registro fotográfico los desborda desde una poética sensible para transformarlos en piezas de arte.

Sigue produciendo en la actualidad en el circuito comercial a través de W-galería y espacios independientes porteños.

El obrar de Flores, es esa red integrada por cada artista que se formó en Yungas, los benefactores, las instituciones que acompañaron y los docentes.

Sus obras, sus prácticas curatoriales y de gestión conforman a un artista cordobés y absolutamente criollo que nació en 1965 cerca del Suquía, y que hoy cura exposiciones en uno de los museos más prestigiosos de la Argentina. Alguien que descubrió en lo cotidiano experiencias extraordinarias.