Lecturas silenciosas
Los escondían entre los recovecos de las paredes y debajo de algunas baldosas o zócalos. Que fueran encontrados les habría significado quizá hasta la muerte. Gustavo Tisera explica cómo hacían para esconder dentro de las celdas de la UP1 los aparatos de radio y libros de filosofía y política con los que “estudiaban”.
“Lo más valioso que teníamos eran los libros y las radios. Hicimos diferentes ‘canutos’, los teníamos escondidos en las paredes o en el piso cosa para seguir estudiando. Si (José) Moukarzel (un detenido asesinado) u otros (presos políticos) hubieran querido cambiar sus vidas y hubiesen dicho algo de lo que había en las paredes, posiblemente los militares nos hubiesen masacrado a todos”.
Pero enseguida aclara: “Ellos no nos traicionaron. No negociaron nada. Moukarzel sabía de informes sobre lo que se vivía en La Perla, los tratos, los torturadores”.
A través de la radio sólo escuchaban los informativos de la noche, cuando los ruidos de la cárcel se atenuaban y podían oír si los borceguíes de los guardicárceles se acercaban a sus celdas: “La radio era totalmente light. Todo era enfrentamientos, en los que morían compañeros y nunca uno de ellos (militares). Daban el discurso oficial del Tercer Cuerpo”.

