El dolor más intenso
En la gradación del dolor, el más profundo es el causado por la certeza de que pudo haberse evitado, como las nueve muertes producidas en la autopista Córdoba-Rosario.
Existen gradaciones en el dolor que causan las tragedias. Lo que da mayor intensidad a las laceraciones del espíritu es la fusión de incapacidad, imprevisión y la fatal presunción de que no puede pasarnos nada de lo que pasa más allá de nuestras fronteras. De esos factores, la imprevisión en el múltiple choque registrado ayer sobre la Autopista Córdoba-Rosario, entre Pilar y Laguna Larga, fue el más absurdo. Porque abundaron los alertas meteorológicos, con el agregado de la existencia de un cuerpo de Policía Caminera. En circunstancias normales, ambos elementos hubiesen bastado para atenuar las dimensiones del drama, que un año atrás ya se había producido con idénticas características y tres víctimas fatales.En la rudimentaria cultura democrática que creemos poseer, se vive (y sobrevive) en proselitismo permanente; por eso se inauguran una y otra vez –con fines electoralistas– obras públicas técnicamente incompletas, que son un desafío a la seguridad. Por caso, raramente se construyen caminos con banquinas que permitan el estacionamiento de vehículos de gran porte, que, como lo enseña otra tradición –la de la cruenta historia caminera–, terminan por transformarse en trampas mortales. Ese reclamo fue reiterado ayer por la Cámara Empresaria del Autotransporte de Cargas de Córdoba (Cedac).¿Por qué no se realizan cortinas forestales en las zonas rurales, donde el trabajo con la tierra de los campos deja depositadas toneladas de polvo por kilómetro, que ráfagas de viento de regular intensidad convierten en telones de azarosa transparencia, y que tormentas de gran violencia transforman en murallas invisibles?Cualquier gasto para mejorar la autopista en lo que sea necesario construir o para contener las tormentas de tierra siempre será menor a la pérdida de vidas humanas o a los operativos de socorro. Cualquier medida de prevención siempre será más útil que acudir luego a recoger cuerpos y vehículos destrozados. También suena antojadizo aludir a imprudencia de los conductores cuando no había un operativo de prevención.Lo que hace más profundo el dolor por las nueve vidas cobradas es que existían alertas meteorológicos claros y concluyentes. Y existían con una anticipación que concedía amplio margen para adoptar amplias medidas de seguridad. En esas circunstancias, y en varias otras, es cuando deben intervenir los organismos gubernamentales, comenzando por la Policía Caminera. Porque el nuestro es un país donde ahora pasa lo que nunca pasaba; porque hay cambios en las técnicas de roturación de la tierra y existe un fenómeno llamado cambio climático, que ya debería haber creado conciencias de los nuevos riesgos naturales y de las prevenciones que deben adoptarse.En la graduación del dolor, el más profundo es el causado por la certeza de que este luctuoso accidente pudo haberse evitado.

