Temas del día:

Un dudoso reconocimiento

El homenaje de los legisladores de Córdoba al Club Talleres se extralimitó, al incluir también a la barra La Fiel, que aún debe transitar un largo camino para demostrar que merece la distinción.

26 de mayo de 2013 a las 12:01 a. m.
Un dudoso reconocimiento

Los legisladores son propensos a rendir homenajes y proclamar adhesiones a cuanto movimiento social y popular se manifieste. Sucede en el Congreso de la Nación y hasta en el más pequeño concejo deliberante, por lo que la falta de mesura y equilibrio es un patrón común para los representantes del pueblo, que deberían actuar con mayor responsabilidad sobre las señales que envían a la sociedad.

Como sucedió en su momento con el Club ­Atlético Belgrano, cuando logró el ascenso a la máxima categoría del fútbol argentino, la Unicameral de Córdoba brindó ahora un reconocimiento similar al Club Atlético Talleres, que ascendió al Nacional B.

Es cierto que el recinto por excelencia de la democracia también puede expresar y dar curso a los sentimientos más populares, como lo son el reconocimiento al deporte de mayor raigambre y a un club de larga tradición y que en pocos meses más cumplirá el centenario de su creación.

Pero hay desmesuras que no se pueden tolerar, porque estas revelan una peligrosa asociación entre las barras bravas y la política, cuyos vínculos no sólo incluyen la pasión y el fervor por un equipo sino que esconden –en innumerables casos– militancia y negocios espurios.

La plaqueta que se entregó a la fundación La Fiel por su aporte a la no violencia en el fútbol deja planteados muchos interrogantes sobre los antecedentes de sus líderes.

Basta recordar que este grupo fue protagonista de múltiples reyertas con sus adversarios en la tribuna de Talleres, en especial cuando el derrotero del club no era tan auspicioso como el actual.

Uno de sus líderes amenazó a otro hincha a través de las redes sociales pocas horas después de recibir la distinción. Es cierto que pueden corregirse los errores del pasado, pero hubiera sido necesario un mayor tiempo de espera y de observación de sus conductas.

Además, este tipo de vínculos entre la política y el deporte revela una asociación cuyos antecedentes no son los mejores para ponderar ante la sociedad. Las historias ocultas de esos vínculos han prohijado en distintos clubes los hechos más nefastos que se recuerden en la historia argentina, que incluyeron negocios con los símbolos de las hinchadas, territorios protegidos para la distribución de drogas y la constitución de fuerzas de choque para la vida política y gremial.

No se trata de imputar estos hechos a la mencionada fundación, sino sólo de recordar qué ha sucedido –y sucede– en la historia reciente del deporte más popular del país.

Ahora, más que nunca, la mencionada organización está obligada a dar pruebas de su objetivo de erradicar la violencia de las canchas de fútbol. Será una forma de honrar la plaqueta que le entregaron y mostrarla con orgullo ante sus comprovincianos.