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Detrás de una puerta, el pasado

04 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Detrás de una  puerta, el pasado
Jesuitas. La bañera utilizada por los jesuitas aún se puede apreciar en la vivienda (Pedro Castillo / La Voz).

La residencia particular de Barón Moyano Miller y Guillermo Barraco está en calle Duarte Quirós 167.

Ingresar a esa propiedad es retrotraerse al pasado colonial. Allí, los ensordecedores ruidos del centro de la ciudad se convierten en silencio por arte de magia. Al vivir en este solar, mantienen vivo el legado jesuita. Moyano Miller dice que esta vivienda es “la más antigua de Argentina”. Fue un claustro de la iglesia de la Compañía de Jesús. Sus muros jesuitas, de calicanto, habrían sido construidos alrededor de 1630.

La casa es una joya de la arquitectura jesuita. Sus dueños la restauraron al comprarla. Se destaca por sus bóvedas (de “cañón cruzado” y de “cañón corrido” en el subsuelo) y sus gruesos muros. En su fachada luce una reja de hierro y un dintel de madera tallada. En su interior se aprecian vasijas gigantescas (usadas en fincas jesuitas), una cisterna para almacenar agua y hasta una bañera de piedra sapo que desenterraron los propietarios. El sótano alberga muebles rústicos y herramientas usadas por los jesuitas. Se sospecha que debajo de las bóvedas existentes en la vivienda habría otra, pero por temor a derrumbes nunca se intentó descubrir.

La vivienda colinda con el Teatro San Martín y está enfrente de los laterales del Colegio Nacional de Monserrat. Tiene 25 metros de frente por 50 metros de fondo. Según Moyano Miller –morador desde hace tres décadas–, hay documentos que indican que en el sótano funcionó la primera imprenta jesuita de América. La casa también se usó como sala de reuniones, y de comedor.

En los últimos años, la vivienda funcionó como anticuario (se llamaba “El Arcón Antigüedades”), ya que Moyano Miller y Barraco son coleccionistas de objetos históricos.

Grietas emergentes. Hoy la casa presenta rajaduras en techos y paredes. Según sus dueños, aparecieron durante la demolición de construcciones linderas pertenecientes al Teatro San Martín y la posterior construcción de un edificio. Aún soporta vibraciones cuando en el teatro se usan herramientas eléctricas para diversos trabajos.

La vivienda tiene un patio de luz central con un jardín. Uno de los muros queda al descubierto y resalta el calicanto jesuita. "Por ser de piedra, el sector de las bóvedas es fresco en el verano; pero en el invierno debemos usar calefacción", reseñó Moyano Miller.Un signo de preguntas se abre en torno del destino de la casa. Sus propietarios creen que lo mejor sería venderla a la Provincia o la

Municipalidad para su restauración y transformación en museo público, ya que las ruinas jesuíticas tienen un inestimable valor histórico y hay objetos de la época colonial dignos de ser mostrados.

Sin embargo, no parece haber interés gubernamental. “Mucha gente se interesa por la propiedad, no así el municipio ni la Provincia”, cuestionó Moyano Miller.