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En busca de un pasado común

Las polémicas históricas en boga resultarán saludables si se encaminan a construir un pasado común a todos los argentinos que permita comprender el presente y proyectar el futuro.

31 de octubre de 2011 a las 12:01 a. m.
En busca de un pasado común

Hace rato que los historiadores renunciaron a considerar al objeto de sus desvelos, el pasado, como algo estático, inerte, que puede ser colocado bajo la lupa para extraerle todos sus secretos de una vez y para siempre. Tampoco creen ya en caminos inexorables que conduzcan hacia una finalidad que pueda establecerse de antemano, por fuera incluso de la misma historia. Por el contrario, entienden que, en gran medida, la historia es una construcción y que los acontecimientos históricos, cuya selección puede variar, darán respuestas distintas según las preguntas que se les formulen.Esas preguntas nacen de un sujeto que, de manera inevitable, vive en un mundo de valores, inquietudes e interrogantes, inmerso en un presente cambiante del que sólo tiene una conciencia limitada por sus propias circunstancias.Eso no quiere decir que no haya verdades y mentiras en la historia, intencionadas o no, ni que no haya valiosas investigaciones de incansables buscadores de fuentes, testimonios y certezas antes de formular sus teorías o sus juicios.Por eso, resulta saludable que la sociedad argentina se halle inmersa en una discusión sobre su propia historia.En Córdoba, por ejemplo, se habla del general Juan Bautista Bustos (1779-1830), a propósito de la "repatriación" de los que serían sus restos. Es un héroe olvidado por la historia oficial, pese a que tuvo un papel relevante para el destino del país y, en particular, de esta provincia.Con su rebelión en Arequito, al frente del Ejército del Norte, Bustos impidió que las armas nacionales fueran usadas por el centralismo porteño contra los caudillos del interior. En su condición de gobernador, dotó a la provincia de una Constitución e intentó reunir un Congreso nacional, finalmente frustrado, para evitar la anarquía que ya se avizoraba en el horizonte.Por otra parte, al calor del reconocimiento generalizado de los derechos de los pueblos originarios, surgen severos cuestionamientos a la figura de Julio Argentino Roca (1843-1914), el hombre fuerte de la denominada "Generación de 1880" que, con leyes fundamentales, sentó las bases del país en la segunda mitad del siglo XIX.Hoy se le reprocha que, en aras de ese supuesto progreso, haya exterminado a miles de indios durante su conocida Campaña del Desierto, a la que se considera el primer genocidio argentino.Héroes y villanos suelen mezclarse en el barro de la historia y el paso del tiempo ayuda, aunque no garantiza, una visión menos apasionada.Lo innegable es el valor positivo de estas polémica, si se encaminan hacia la búsqueda del esclarecimiento del pasado y de la construcción de una historia común a todos los argentinos. Porque un pueblo que comparte su historia y comprende de dónde viene estará en mejores condiciones de comprender su presente y proyectar el futuro en un destino común.