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Al comando, en un mundo de hombres

Silvia y Marcela Scorza, fabricantes de equipos de higiene urbana. Video y galería de imágenes.

10 de octubre de 2010 a las 12:02 a. m.
Al comando, en un mundo de hombres

Ellas mismas reconocen que a lo largo de casi medio siglo de trayectoria, la fábrica de Oncativo sufrió "varios desplumes". Sin embargo, la familia se las arregló para que mantuviera su poderosa presencia en el mercado de los equipos para la higiene urbana, actividad siempre vinculada, en mayor o menor medida, a las decisiones del sector público. Marcela y Silvia sostienen hoy firme el rumbo, con una inalterable filosofía de adaptación a las necesidades del cliente que dio origen a la Pyme. –¿Por qué será que a los hombres siempre nos llama la atención cuando hay mujeres al frente de la empresa? –Marcela: Encima una empresa de estas, que no fabrica ropa (ríe).–Silvia: El tema es que esta es una actividad netamente masculina. –Dura, pesada, aquí manejan "fierros". –Silvia: Hay que comprar motores, chapa, cilindros, válvulas y llevar un proceso de producción que es pesado. Hay fundición, mecanizado, armado. Se ve que hemos sido buenas alumnas, tuvimos buena escuela, porque todavía hoy seguimos desarrollando esto, después de 35 años sin el jefe de la familia, que era nuestro padre. –Cuando el líder no está, suele ser traumático para la empresa. – Silvia: Por ahí una se pregunta qué habría hecho si hubiera podido elegir en la vida. A esa respuesta no la sabemos. Yo quería ir a estudiar Ciencias Económicas, porque me gustaban los números y era lo que le había prometido a mi padre, ser su contadora. – Bueno, hoy es la titular de la empresa, no está mal.–Silvia: El destino marcó que ellos fallecieran muy jóvenes y que los hermanos tuviéramos que venir a trabajar aquí para seguir con la empresa. –El destino es el que reparte las cartas, dicen en la calle. –Silvia: Si usted me pregunta si yo hubiera hecho esto mismo que hice, no lo sé. Pero es lo que me gusta hacer, lo que amo hacer y lo que hice toda mi vida. Imagínese que nosotros de niñas no veníamos a visitar la fábrica, sino que la fábrica estaba pegada a la casa. –Se criaron adentro. –Silvia: Convivíamos con los ruidos de los fierros, las soldaduras, el vocabulario de los hombres... La mayor parte de nuestras amigas no saben qué es un torno de control numérico, una plegadora o un pantógrafo. –Hablan de otras cosas. –Marcela: Y tampoco podemos reventarle la tarjeta de crédito a nuestros maridos porque las pagamos nosotras (risas de las dos). –¿Qué recuerdos tienen de la fundación de la empresa? –Silvia: Luis "Tatín" Scorza era tornero y comenzó en 1958 con un tallercito para proveer a la fábrica de maquinaria agrícola Bicupiro, también de Oncativo. Luego comenzó a hacer tanquecitos regadores, cajas volcadoras y vendía ese "combo" a los municipios de la zona. Hasta que en 1967 compró este predio, donde funcionaba la empresa de tractores Fiat. A esa altura ya hacía una barredora increíble, con la marca Ufana. –O sea que el hombre había desarrollado, ya entonces, una marca. –Marcela: Quiere decir Única Fábrica Nacional. La empresa en sí misma siempre llevó el apellido. –¿Cuántas máquinas Scorza habrá repartidas por ahí? –Marcela: Casi dos mil equipos a partir de 1966, sin contar los que armó él, con sus manos, en el comienzo. –No quiero meterme en la intimidad pero... –Marcela: No hay inconvenientes, hemos pasado por varias desplumadas pero la fábrica siempre fue para adelante. Es un orgullo. –O sea, me refiero a las vicisitudes de la familia... –Silvia: Él le pidió a su hermano más chico, Aldo, que era tenedor de libros, que viniera a trabajar aquí. Uno con la administración y el otro con el mameluco en la planta. A los tres o cuatro años de estar juntos, en un accidente de tránsito, se quedó sin su hermano. –Un hecho tremendo. –Silvia: No sólo eso, a los dos años exactos, yendo a una misa en recuerdo de Aldo, en otro accidente, nos quedamos sin mi papá y mi mamá. –Increíble, ¿cómo salieron de esa situación trágica? –Silvia: Quedamos bajo la custodia de nuestros abuelos paternos y una persona gerenciaba la fábrica. Posteriormente, un matrimonio amigo de nuestros padres se hizo cargo de los cuatro hermanos. De muy buena voluntad, excelente persona, todas las tardes cuando terminaba su trabajo él venía a conocer más la situación para ver cómo seguir. Recién en 1983 hubo un cambio muy fuerte en la conducción y comenzamos a trabajar nosotros, muy desde abajo. –A aprender. –Silvia: Yo venía a pegar las cartas con la lengua (hace la seña), no podíamos distinguir entre lo que era un cliente y un proveedor (risas). –Las empresas siempre hablan aunque no se las escuche. ¿Cómo sienten que reaccionó la empresa cuando dos mujeres quedaron al frente siete años atrás? –Silvia: Hubo muchos comentarios.–Marcela: En nuestros clientes privados de Buenos Aires no cayó bien la noticia. Tuvimos que viajar todas las semanas para mostrarles que el staff , y que la empresa era la misma. Sólo se había ido uno de los tres socios.–Silvia: Costó mucho que nos vieran como varoncitos, cuando las que estábamos al frente éramos dos mujeres (ríe). –¿Todo el tiempo las estaban midiendo? –Silvia: Sí, claro. Por la parte técnica también.–Marcela: No somos ingenieros ni financistas, pero tenemos un grupo de gente muy fiel. Los operarios nos acompañan a muerte.–¿Les transmitieron algún mensaje especial? –Silvia: Siempre dijimos que el barco debía seguir, conocíamos sus dudas, pero conocíamos muy bien la empresa y su manejo. Les pedimos que se sumaran, que nos diésemos la mano unos con otros y le metiéramos para adelante. Y así fue, todos estuvieron de acuerdo con ese rumbo. –¿Crecieron? ¿Cómo resultó en la práctica? –Silvia: Somos líderes en la fabricación de equipos de higiene urbana, con casi el 80 por ciento del mercado. Y nuestra función es conservar esa participación. –¿Qué hitos hubo en el proceso? –Marcela: La empresa, que hacía barredoras y compactadoras, siempre estuvo muy cerca del cliente. Cuando en los '80 los municipios comenzaron a privatizar la recolección e higiene, se produjo un gran vuelco en la actividad. Los ingenieros de esas empresas nos pedían cosas más específicas y desarrollos especiales. –Silvia: Fuimos proveedores exclusivos de Aseo en Córdoba y también le vendíamos a Manliba, que eran del mismo grupo empresario. Ellos fueron un hito para nosotros, venían y se instalaban a diseñar aquí mismo lo que ellos necesitaban. Así incorporamos, por ejemplo, el desobstructor de desagües. –¿Y cómo son los ciclos de las ventas? –Silvia: Como le decía antes, hubo varios desplumes. En 2001 y 2002 tuvimos la empresa cerrada por casi un año y medio por falta de trabajo. Entre las dos decidimos que la gente debía, por lo menos, recibir la mitad del salario. Y le pedimos a la Provincia que ayudara también. –¿Arrancaron tras la devaluación? –Marcela: Cuando la fábrica estuvo cerrada vinieron 30 a preguntarnos por qué no fabricábamos maquinaria agrícola. La respuesta es simple: no lo sabemos hacer. –Silvia: El anteaño pasado hicimos uno de los trabajos más grandes, le proveímos 45 desobstructores y succionadores a AySA, de Buenos Aires. –Marcela: En este país quedan pendientes dos grandes proyectos, una licitación en la ciudad de Buenos Aires y otra para Rosario. Queremos, por nosotros y por el resto de los fabricantes argentinos, que se incluya en los pliegos la frase "compre nacional".