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Los violinistas de villa La Tela hacen sus propios instrumentos

Realizan mandolinas con un reconocido “luthier”. Los maestros aseguran que es una oportunidad única. La orquesta de cuerdas creció y los chicos mejoraron en la escuela.

28 de septiembre de 2014 a las 12:02 a. m.
Los violinistas de villa La Tela hacen sus propios instrumentos
Aprendizaje. Jorge Espinosa es el luthier que capacita a los chicos, en el marco de un proyecto del Fondo Nacional de las Artes (La Voz/Sergio Cejas).

El salón comunitario que funciona en el corazón de villa La Tela arde a las 7 de la tarde. Hay niños que van, otros que vienen. Son los chicos violinistas de este asentamiento precario que se levanta desde hace años a la vera de la ruta 20. Roque, el papá de Claudio, corta unas maderas de kiri que, luego, se convertirán en mandolinas. Dice que aprende y ayuda. Mientras, en la casa de Zulema, la vecina del frente, se preparan buñuelitos y té. Para muchos será lo último que coman antes de ir a dormir.Los violinistas del barrio son un grupo de pibes de 8 a 15 años que comenzaron a soñar con nuevas oportunidades a mediados del año pasado, gracias a la iniciativa de la Asociación Civil Benjaminos (www.benjaminos.com.ar).Entonces, el vecindario de 13 manzanas en el que habitan unas 700 familias numerosas (unas cuatro mil personas), que fue azotada por un tornado en 2003, se llenó de música. Ahora, también, de pequeños aprendices de luthiers . Los primeros pasos Jorge Espinosa es un reconocido luthier porteño que huyó de Buenos Aires hace siete años para refugiarse en la tranquilidad de Cosquín. Allí dirige un taller de construcción de instrumentos y realiza otros, por encargo, para distintas partes del país. Ahora fue convocado por el Fondo Nacional de Artes, en el marco de un proyecto federal de recuperación de técnicas artesanales, como capacitador en la villa. "Es una experiencia piloto. Vamos a hacer un instrumento con los chicos para que sepan cómo funciona", indica Espinosa. El primer módulo de aprendizaje comenzó la semana pasada. La idea es construir mandolinas, más sencillas y simples que los violines. "Es un instrumento de cuatro cuerdas dobles, que se afina y se toca como el violín, pero en vez de usar el arco se toca con los dedos", explica Jorge.Primero dibujaron los planos, luego fueron armando las partes ya cortadas y encolando. La idea es que los chicos conozcan cómo se hace, del principio al fin. Pero, claro, la actividad es más que eso. "Los chicos son muy ansiosos, quieren todo ya. Esto les va a servir para ver que es un proceso largo, lento. También van a aprender por qué suena un instrumento", plantea Espinosa.Como al pasar, mientras trabajan, Jorge les va tirando datos. La tapa cónica es la que transmite el sonido, la cuerda vibra, pasa por el puente y se amplifica en la caja. Los chicos escuchan, miran y comprenden. "Les interesa, están 'recopados'. Yo empecé un lunes, y soy un extraño para ellos. Pero llegué hoy (viernes) y ya venían todos corriendo y gritando: 'profe', 'profe'", cuenta el luthier . Y agrega: "No sé si el instrumento va salir bien o no, pero que va a ser una linda experiencia para ellos y para mí también, seguro. Enseñando aprendo, es así". Ola solidaria Desde Benjaminos todavía se sorprenden de la ola solidaria que desató la historia de los niños violinistas cuando se publicó en La Voz del Interior en enero pasado, que, entre otras cosas, derivó en el taller de luthería en la barriada. En aquel momento, la Casa de las Guitarras donó cuatro violines, dos legisladoras del Frente Cívico aportaron instrumentos y dinero para comprar más, un abogado que trabaja en la Municipalidad de Córdoba acercó trabajo y gente que luego, a su vez, donó tiempo y conocimientos. Es el caso de Camila, una adolescente de 14 años estudiante del Conservatorio de Música que una vez a la semana enseña violín a los chicos. En esta especie de "cadena de favores" también se sumaron tutores o padrinos y el escritor Jorge Felippa tendió un puente con el Fondo Nacional de las Artes. Así, en pocos meses, la orquesta de cuerdas pasó de siete integrantes a 30, de cuatro barrios: La Tela, San Roque, Villa Martínez y Villa Urquiza. Los tres primeros ensayan juntos y suman 24 miembros, en Villa Urquiza aprenden seis niños y adolescentes. Esta es la primera etapa del proyecto "100 violines para mi villa", que promueve la Asociación Benjaminos. Rendimiento escolar El crecimiento de la orquesta fue vertiginoso y, por ahora, el cupo está cerrado. Los recursos no alcanzan para más instrumentos y profesores, que ya son cinco. "El año pasado prepararon seis villancicos en siete meses. Ahora finalizaron el primer cuatrimestre con esa cantidad de temas más Otoño-Primavera ( Las cuatro estaciones ) de Vivaldi y La marcha turca (de Beethoven), que es la canción de El Chavo del 8", explica Walter Díaz, titular de Benjaminos.La experiencia les ha cambiado la vida a muchas familias. Los directores de las escuelas, asegura Díaz, confirman que los chicos que tocan el violín han progresado de manera notable y han mejorado su autoestima. Para ser parte de la orquesta es obligatorio asistir a la escuela y acreditar buen rendimiento."El ciento por ciento está en el colegio. El secundario para un chico de la villa es la Universidad. El programa nos permite contenerlos y darles una oportunidad", plantea, y agrega que en el vecindario todavía hay demasiadas deudas pendientes, como la pobreza y el hambre.De todos modos, la orquesta vino a cambiar, en parte, las expectativas. Los chicos ya tienen una nutrida agenda de presentaciones en colegios y hasta recibieron una invitación para tocar en el teatro San Martín junto con la Orquesta Sinfónica de Córdoba. El broche del año será el 8 de diciembre, cuando la villa celebre su noche de gala con un concierto de chelos, violas y violines en la plaza del vecindario, al pie del árbol de Navidad de 15 metros que se volverá a encender con las esperanzas de cada año.