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Armó una biblioteca en su ferretería

En Villa Rivera Indarte, Diego Sánchez instaló una biblioteca popular gratuita dentro de su negocio. Les presta libros a sus vecinos, gratis. Recibe la ayuda de muchos que desean que la idea florezca. De paso, hasta les convida mate a los clientes-lectores.

17 de agosto de 2014 a las 12:02 a. m.
Armó una biblioteca en su ferretería
Un sueño. Diego dice que un día se le presentó la imagen de los libros contra una pared. Y la hizo realidad (La Voz/Raimundo Viñuelas).

Entre un par de botines de seguridad con puntera de acero y un rollo de alambre de púas, un rótulo pegado en el mostrador sorprende al cliente con un adagio borgiano: "Los verbos leer, amar y soñar no soportan el imperativo". Sobre el mismo mueble de despacho, otra etiqueta sugiere: "Leer es vivir acompañado". Y a un palmo de distancia, junto a una ménsula que sostiene pinceles y pinturas, una leyenda proclama: "Cumple sus sueños quien resiste". Diego, el dueño del negocio, atribuye la cavilación al rockero Ricardo Iorio, bajista de Almafuerte.Las sentencias manuscritas son como pequeños farallones de papel que enderezan la curiosidad de los clientes desprevenidos hacia un rincón donde hay una estantería de madera que contrasta con el resto del local. Es que, en lugar de exhibir mercadería propia de una ferretería, está repleta de novelas, cuentos y otros textos. Destello inspirador A Diego Sánchez (41) la lectura lo acompaña casi todo el tiempo. Lee desde niño, ama los libros y está empeñado en cumplir un sueño entrañable: hacer crecer la biblioteca popular gratuita que armó el verano último en la ferretería El Sorrento. El negocio, de su propiedad está ubicado en Ricardo Rojas al 9000, de Villa Rivera Indarte, al noroeste de la ciudad de Córdoba. "Un domingo de enero, mientras me desperezaba, se me presentó, como un destello, una imagen fugaz de libros contra una pared del negocio; así empezó este disparate que me encanta", resume sobre su singular emprendimiento.Coloca el señalador en una página de un cuento de Javier Quintá en Es lo que hay / Antología de la joven narrativa en Córdoba (Editorial Babel), ceba un mate apenas dulce, se pasa para este lado del mostrador y se apresta para la charla.Cuenta que los libros y la vocación ferretera lo acompañan desde la infancia. Eduardo, su papá, fue dueño de la tradicional ferretería céntrica El Obrero, en Alvear y Libertad. "Vivíamos en un departamento en esa misma esquina; y mi viejo, al que le apasionaba leer, tenía una biblioteca repleta de novelas, enciclopedias, fascículos y todo lo que imagines", recuerda.La conversación se interrumpe cuando una señora entra y pide "semillas para los pájaros". Paga la compra y le dice a Diego que le anote Secreto bien guardado, la primera novela de la cordobesa Viviana Rivero; él asienta el título en un cuaderno Gloria de 48 hojas. Ese es todo el trámite necesario para llevarse un libro en préstamo. Maravilla del barrio "La iniciativa de Dieguito es maravillosa y tenemos que apoyarlo para que la biblioteca se mantenga y crezca", dice María Oliva de Pérez, una clienta-lectora "de fierro", como la define el ferretero-bibliotecario. María Luisa Sabattini es otra vecina que se sumó a la causa. Ella es tía del malogrado novelista Jorge Barón Biza ( El desierto y su semilla ). No bien se enteró de la idea le envió una carta en la que destaca: "En este proyecto tendremos el privilegio de ayudarte a ganar una batalla en la guerra entre el libro, la comunicación virtual y la ignorancia". También remitió una invitación a sus amistades invitándolas a participar en el desafío.Su hijo Marcelo Scelso también recogió el guante. El autor de La espera (su primera novela) ofreció una mano para que Diego amplíe los anaqueles."La mejor ayuda que podemos darle a Diego es tomar los libros que nos ofrece y leerlos", sugiere "El señor de los cuentos". Scelso es este personaje de capa y galera que lee cuentos a los alumnos de escuelas rurales de Córdoba.La biblioteca tiene 200 ejemplares a la vista y otros 400 esperan en un cuarto contiguo. Resistir "Ferretería El Sorrento / Biblioteca Popular Gratuita", sorprende la inscripción del cartel que domina la fachada. Desconcierta tanto como el letrero que informa sobre el horario de atención al público: "Abro cuando llego y cierro cuando me voy. Y si no estoy es porque ya me fui o todavía no llegué". Sánchez ofrece el último mate de la rueda a Érika Carnero, que acaba de entrar al negocio.La clienta-lectora acepta. Le pide un candado para la cadena de la bici y que le recomiende "algo para leer". "Diego es un tipazo, muy solidario y siempre dispuesto a darte una mano", reconoce la joven.Él hace como que no escucha el elogio, mientras repasa el catálogo de la biblioteca popular que sueña con ver crecerLa que lo ayuda a resistir.

Puntos de vista

Marcelo Scelso (Novelista). "La mejor forma de darle una mano a Diego es tomar los libros que nos ofrece y leerlos. El libro es un nexo entre las personas y él construye puentes con su pequeña biblioteca".

Matías Alsina (Proveedor). "¡Este emprendimiento es un lujo! Ojalá tenga la difusión y el apoyo que merece la biblioteca popular, por el bien de los vecinos. Es una gran idea".

M. Luisa Sabattini (Vecina). "Diego es extraordinario. El ideal del hombre de hoy es ganar dinero haciendo lo que le gusta. A él no le interesa. Sólo sueña con que la gente disfrute de la lectura".