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Una nave desarbolada

El kirchnerismo fortalece su modelo sobre la base de la destrucción de las instituciones de la República.

25 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Una nave desarbolada

Nunca se ha invocado tanto a la Constitución Nacional como en estos días; nunca se ha obrado y dejado de obrar tan intensamente contra la Constitución Nacional como en estos días. Por caso, agraviando el principio de la independencia y equilibrio de los poderes, la Presidenta ordenó el miércoles último, desde Caracas, que el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación devolviera al Senado el proyecto de ley de coparticipación total del impuesto al cheque.

Fiel a la obediencia debida al poder político, Eduardo Fellner, una de las máximas autoridades del Poder Legislativo, remitió de inmediato el texto aprobado por los senadores, a pesar de que había prometido a todos los presidentes de bloques opositores que no tomaría decisión alguna hasta el jueves o viernes últimos.

Extraña paradoja, fruto nefasto de la incapacidad o de la inmadurez de los partidos de la oposición, el kirchnerismo es el único movimiento del arco político que recuerda en todo tiempo y en todo tema que fue vencido electoralmente y que no es otra cosa que primera minoría. Por ello consigue, mediante presiones y amenazas, imponer sus criterios o bloquear intentos de la oposición que supongan tímidos avances sobre sus muchos y variados intereses hegemónicos.

No se requieren dotes proféticas para predecir que nuevos telefonazos, denuestos y movilizaciones alquiladas se sucederán hasta las elecciones del próximo año, y quizá después de ellas. Es que, mientras se derrumban las instituciones de la República y sólo el Poder Judicial demuestra independencia y equilibrio -a pesar de presiones y denuestos, cuyo principal vocero es el jefe de Gabinete, transformado en compadrito de sainete-, la azarosa consolidación de un frente opositor parece fortalecer al oficialismo.

Según algunas encuestas dibujadas para la Casa Rosada, los vencidos de junio aparecen como la única corriente monolítica que demuestra poseer la solidez necesaria para enfrentar y derrotar a quienes sólo están unidos por el espanto y no logran definir bases mínimas de coincidencias programáticas. Por lo general, las elecciones en nuestro país fueron saltos al vacío. Lo será todavía más la próxima si venciera una coalición de referentes opositores que hasta ahora sólo coincide en hablar de unidad, mientras procura imponer sus antagónicos personalismos.

Con la economía estragada por una de las inflaciones más elevadas del mundo, con una corrupción sistematizada, con toda la esperanza puesta en la fórmula milagrosa del canje de papeles de la deuda externa, con una incentivada crispación de los espíritus, la República es, cada vez más, una nave desarbolada que avanza en el azar de las olas hacia un frente de tormenta. Pero su tripulación confía en que será salvada del naufragio por la carga que transporta y detesta: porotos de soja.