Una educación para la paz
No debe quedar en la sala de espera una auténtica y también urgente educación integral para la paz. Federico Palacios.
En la última década, hemos presenciado con preocupación y dolor el crecimiento de la violencia infanto-juvenil.
Las causas son muchas y complejas: el aumento de las condiciones de pobreza estructural, el desempleo, el subempleo, las deficiencias en la educación familiar, el crecimiento de la adicción a la droga, el impacto visual de los medios de comunicación social y de Internet. Detrás de todo, ciertamente, podemos descubrir una inmadurez afectiva, que también se ha vuelto estructural.
Frente a este panorama, es de suma importancia dar a la educación para la paz el lugar que se merece. El papa Juan Pablo II, en dos de sus mensajes para la Jornada Mundial de la Paz (1979 y 2004), hizo una referencia explícita a la educación por la paz.
En el primero, se dirigió, ante todo, a las autoridades políticas: "Responsables de los pueblos, sepan educarse a ustedes mismos en el amor de la paz, discerniendo y haciendo brillar en las grandes páginas de la historia nacional el ejemplo de sus predecesores, cuya gloria ha sido hacer germinar frutos de paz. Dichosos los que trabajan por la paz".
Muy bien vienen estas palabras en el contexto de la celebración del Bicentenario y al contemplar la continua agresión verbal entre autoridades públicas. Si creemos y proclamamos que el ejemplo educa, los adultos dejamos mucho que desear en la formación de los niños y jóvenes. Juan Bautista Alberdi nos diría: "Eduquen al hombre de paz, si quieren ver reinar la paz entre los hombres".
En su segundo mensaje, finalizaba con una invitación a los discípulos de Cristo: "Los cristianos deben estar en primera fila entre aquellos que oran diariamente por la paz; deben, además, educar para orar por la paz".
Si bien la realidad está exigiendo una educación sexual integral, no debe quedar en la sala de espera una auténtica y también urgente educación integral para la paz; esto es, educar para pensar, para vivir y para orar por la paz.

