Promesas vanas
Cuántas veces hacemos promesas que jamás cumpliremos. Juan Carlos Carranza.
Cuántas veces hacemos promesas que jamás cumpliremos. Hay juramentos hechos desde el ardor de una resaca o desde un doloroso desengaño amoroso, que, pese a la vehemencia con que son proferidos, serán rotos a la primera ocasión que se presente... de beber o iniciar una nueva conquista. La clásica autopromesa "¡Juro que no vuelvo a probar una gota de alcohol en mi vida!", hecha mientras la habitación no para de dar vueltas y la cabeza parece estallar, dura exactamente el tiempo que tardamos en recomponer nuestro sistema digestivo. Lo mismo ocurre después de un atracón con locro o una comida semejante.El "juro que no lo llamo más" es una de las tantas variantes de una promesa vana que, estadísticamente, tiene muy bajo cumplimiento, similar al "juro que no te voy engañar más".Hay promesas que nacen desde el arrepentimiento o desde el resultado de una situación no deseada: cuando el joven estudiante secundario, tapado de libros y yendo todas las siestas a la maestra particular, se pierde las vacaciones de verano: "Juro que este año no me dejo ninguna (materia)"."Jefe, le prometo que es la última vez que llego tarde"; "Má, te prometo que es la última vez que lo hago"; "Querida, te prometo que voy a bajar la panza". Son ejemplos de promesas hechas a terceros de mayor jerarquía (sí, incluidas las esposas).Cacho Yerom, militante activo de esta columna, aporta los juramentos que escucha de sus amigas. "Tengo una amiga que después de 'tentarse' con una 'nueva' colección de ropa de invierno, jura no gastar más en ropa el mes que viene".Yerom también ha escuchado infinidad de veces: "Juro que llego al verano con vario kilos abajo y menos celulitis". En política, también. Las campañas proselitistas son algo así como el "Oktoberfest" de las promesas que jamás serán cumplidas. Se renuevan todo el tiempo y son lanzadas por los candidatos de turno con una convicción inobjetable: "Vamos a acabar definitivamente con el problema de los baches". "Vamos a optimizar los recursos del Estado". "Vamos a atacar el problema de la inseguridad". "Vamos a generar fuentes de trabajo". Después del triunfo en las urnas, el exultante ganador dirá: "Vamos a gobernar con todos los sectores; queremos una gestión participativa". ¡Sí, cómo no!

