Para convivir con nuestra penumbra
Una penumbra generalizada cubre a la Córdoba nocturna. Germán Negro.
-No sé cómo lo observa usted, Juan, pero a mí se me plantean dudas sobre si festejar o no el Día del Trabajador.
-¿Considera que lo que hace no alcanza para merecer semejante calificativo? ¿Qué le pasa, vecino? Siempre con mala onda.
-No pretendo amargarle el locro que, seguramente, compartirá con sus colegas taxistas, pero no puedo olvidar que en la Argentina hay alrededor de un millón de hombres y mujeres que no tienen trabajo, Juan.
-Comparto la mirada general, pero me permito un brindis por tener este bendito oficio de conductor de taxi. No quiero parecer egoísta, pero me gana el recuerdo de mi viejo, que manejaba una "Merceditas" con llantas cromadas.
-"!Merceditas!". Qué hermoso recuerdo. Sería imposible pensar en tener hoy en las calles de Córdoba a un Mercedes Benz como taxi. Pero, Juan, me parece que nos están haciendo falta aquellos autos de la década del 50.
-Vamos, vecino... Ahora, le agarró la onda "retro".
-No, no es una vuelta para atrás, Juan. Sólo pienso en la seguridad que nos aportarían y el servicio que darían.
-¿Por qué lo dice, vecino?
-Usted que los disfrutó con su padre, Juan, debiera recordar que una de las particularidades de aquellos autos era el brillo que despedían los paragolpes, las llantas. Incluso, tenían un estribo con un borde metalizado.
-Sí, es como si los estuviera viendo. Pero, ¿qué tiene que ver con la seguridad?
-Piense, Juan... Aquel brillo cambiaría la noche de Córdoba. Si usted me decía hace algunas semanas que en la mayoría de los barrios de la ciudad se ve bien sólo con Luna llena y cielo despejado.
-Tiene razón, vecino. Imagino avanzar a la madrugada por Bulnes al 2800. El resplandor del niquelado rozado por los faros permitiría que la gente se dé cuenta de que viene un taxi para servirle.

