No tienen documentos y son invisibles para el Estado
Son el 10% de la población, pero no existen para los organismos oficiales.
Elina tiene 28 años y su hermana, Paola, 27. Las dos, a pesar de sus casi tres décadas de existencia, jamás tuvieron un DNI. Como una suerte de mal hereditario, tampoco tienen documento Alan, de tres años, y Lucas de 11 meses, hijos de Elina.
Son sólo cuatro personas, de las tantas "no se sabe con precisión cuántas" que son invisibles para el Estado. "Si hoy no tenés documento de identidad, sos un muerto civil". La definición es contundente y es nada menos que de José Ávalos, director del Registro Civil de la ciudad de Córdoba.
Según Ávalos, el 10 por ciento de la población no tiene DNI, pero en esa cifra entran tanto los que nunca lo sacaron y como los que no lo tienen porque, por ejemplo, se les extravió.
Basta poner la mirada en esa problemática y los casos aparecen de a montones. Autoridades de los hospitales Pediátrico y Rawson contaron que es común tratar con pacientes que jamás tuvieron documentos. "No hay articulaciones a nivel macro, sólo de institución a institución. Nosotros tenemos un acuerdo con el CPC Empalme para acelerar la gestión de documentos", cuenta Yolanda Reshou, responsable del servicio social del Rawson.
Indispensable. Es que el DNI es indispensable para tratamientos prolongados, como los del sida. O el Plan Nacer: según la vicedirectora del Hospital Pediátrico, Silvia Ferreyra, las niños de 0 a 5 años y las embarazadas sin documento no acceden a beneficios de ese programa, como la leche.
La escuela tampoco es ajena. Son miles los chicos anotados precariamente, que van al colegio pero que cuando quieren certificar la finalización de sus estudios no pueden hacerlo, según confirmó Delia Provinciali, secretaria de Educación provincial.
Ni hablar de otros derechos básicos como parte de la ciudadanía que no pueden ejercer, como votar o ser candidato, sacar una cuenta bancaria, hacer aportes para aspirar a una jubilación o conseguir un trabajo en blanco, entre muchos otros.
Ante esta situación, hace varios años el municipio, en coordinación este año con la Provincia, llega a los barrios con el Registro Civil Móvil, para acercar a la gente la posibilidad de regularizar su situación identitaria.
Excluidos. Hay que subir una calle de tierra angosta por la que apenas si pasa un auto para llegar a la casa de Silvia "madre de Elina y Paola, y de seis más", donde vive casi toda la familia. Es en Campo de la Ribera, al sudeste de la ciudad de Córdoba, un asentamiento de gran vulnerabilidad social, cerca del cementerio San Vicente.
La familia vive allí donde lo básico es una permanente necesidad sin resolver. Es que si hay algo que caracteriza a los indocumentados es que están entre los más pobres y postergados de la sociedad.
Las pocas cifras que existen lo confirman: de las 1.375 personas atendidas por el Registro Civil Móvil en marzo, el 75 por ciento de los mayores de 18 años no logró terminar el secundario. De ese grupo, un 17 por ciento no completó la primaria o no tuvo estudios, informó la Secretaría de Promoción y Desarrollo Humano.
Con DNI, su situación mejoraría. Por ejemplo, Elina, quien sufrió raquitismo infantil y apenas puede caminar, podría tramitar una pensión por discapacidad. Y podría cobrar la asignación universal de 180 pesos por cada uno de sus hijos. Y si Elina y Paola tuvieran documento, Silvia podría cobrar el subsidio para mujeres con siete o más hijos.
Sin conocimientos. La falta de DNI de gran parte de la población tiene causas complejas, como las económicas pero también contribuyen la falta de información, las trabas y demoras burocráticas y la resolución de necesidades más urgentes que postergan hasta el infinito la realización de trámites.
Es lo que pasa con Elina y Paola, que nacieron en Mendoza. Cuando hace años su madre inició en Córdoba los trámites, le pidieron constancias de la provincia cuyana. "No tenía dinero para viajar, no tenía con quién dejar a mis hijos", cuenta Silvia.
Tampoco sabía que su caso podía tramitarse vía judicial, un caso que ya lleva cuatro años en tribunales. "Uno se cansa de golpear puertas. Hasta le pagué a un abogado que luego desapareció. No estábamos enterados de que podíamos ir a la Justicia", cuenta Silvia. Ypide por favor que el Registro Civil Móvil vaya a su barrio porque, asegura, hay cientos de vecinos en la misma situación que la de sus hijas y nietos.

