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Necesidades y urgencias

Sin independencia económica, el destino de Córdoba parece atado al humor y a los intereses del presidente de turno.

04 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Necesidades y urgencias

El gobernador Juan Schiaretti no oculta su fastidio cuando los opositores cordobeses le exigen mayor rigor en el reclamo a la Nación por más fondos para Córdoba. El mandatario provincial tampoco puede evitar molestarse cuando los periodistas remarcan su ambivalente relación con el poder central.

"Yo tengo que gestionar. Desde afuera, es fácil opinar", suele rezongar en privado.

La realidad le da la razón en un aspecto a este razonamiento. Schiaretti administra una provincia que debe hacer frente este año al pago de 1.500 millones de pesos de vencimientos de la deuda y un creciente déficit de la Caja de Jubilaciones, que este año puede trepar a 1.200 millones de pesos, de los cuales la Nación se ha comprometido a financiar 800 millones (aunque siempre con algún retraso, de acuerdo a los vaivenes políticos).

Pero hay dos condicionamientos que echan sombra sobre el argumento del gobernador: fue parte importante (ministro de Finanzas y luego vicegobernador) de la gestión de José Manuel de la Sota, cuando se agigantó la deuda provincial. Además, Schiaretti se comprometió en la campaña y luego, ya en el poder, a enfrentar a la Nación para "defender" los intereses de Córdoba.

El gobernador tomó distancia en varias oportunidades de la Casa Rosada, pero siempre volvió cuando en la Casa de las Tejas se encendieron las alarmas del peligro de no poder pagar los salarios a los empleados públicos.

Córdoba, como el resto de las provincias, resignó recursos en favor del poder central. Esta es una larga historia, de la cual no se puede responsabilizar al actual gobernador.

Pero, en algún momento– con una estrategia clara, sin tantas idas y vueltas– algún gobernante cordobés deberá encontrar el camino para tratar de torcer esta realidad: sin independencia económica, el destino de la provincia está atado al humor y a los intereses del presidente de turno.

Será difícil que un gobernador pueda modificar esta realidad, acorralado por las necesidades y urgencias de una administración endeudada. La Región Centro puede ser un camino. Pero, por presión de la Rosada, está reducida a un cascarón institucional, sin capacidad de presión política.