Los cacos también viajan en tren
Para los amigos de lo ajeno, cualquier medio de transporte justifica sus fines.
Es por demás censurable lo que viene ocurriendo desde algún tiempo a esta parte con los equipajes y cargas que se entregan al servicio de transporte de las empresas ferroviarias. Repetidas veces ha sucedido ya que esos equipajes, cuando no se pierden en circunstancias comprometedoras y que afectan la seriedad y crédito de esas empresas, son entregados a sus destinatarios presentando señales evidentes de haber sido violentados, faltando cosas que allí se remiten. Esto es verdaderamente lamentable y pone ello de manifiesto el desquicio reinante en esas administraciones, al no adoptar medidas que eviten la producción de tales hechos con los que el público viene a ser el más perjudicado. Deben seleccionar el personal de esas empresas procediendo mediante medidas severas aplicadas a los que resulten indignos de la confianza depositada. Hace muy poco tiempo nos hemos ocupado al respecto de dos o más casos de personas perjudicadas por pérdidas de equipajes, que dejan en el ánimo público sospechas mortificantes. La Voz del Interior, marzo 1910.

