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"Look"

La mayoría prefiere la vida lujosa en lugar de dirigir la vista hacia la pobrería. La historia nos juzgará por haber abandonado a los excluídos. Arnaldo Pérez Wat.

29 de marzo de 2010 a las 12:01 a. m.
"Look"

El vocablo look ya está en el Diccionario de la Academia como voz inglesa, de modo que hay que ponerlo en bastardilla. Significa imagen o aspecto de la persona. No obstante, podemos obviar el término inglés, pues tenemos otros tales como: aspecto, apariencia, aire, cara, estampa, etcétera, y en lunfardo: pinta, sustantivo femenino que indica porte y elegancia; y su derivado pintón, que designa al elegante o buen mozo.

Facha (del italiano faccia = traza) ya es académico, pero facha también figura como despectivo de fascista, o sea al que nosotros denominamos "facho". De ese modo, si hablamos de alguien sospechoso de tener esa ideología reaccionaria, decimos, en nuestro lenguaje de bajo fondo: "El que te jedi, tiene facha de facho". Pero con noble estirpe castiza corresponde decir: "Andoba tiene facha de facha".

Moda real. María Antonieta, a los 15 años, se casa con Luis XVI. Sigue siendo dicharachera y corre por los salones, pero pronto debe someterse a una pesada etiqueta: desde el despertar hasta que queda vestida, pasan horas. Entran las camareras y con un alfiler, luego de larga cavilación, ella indica en el muestrario el modelo para esa mañana. La primera preocupación está despachada, pero falta todavía el peinado. Luego, con la Revolución Francesa, las papas queman y se fija una fuga para el 19 de junio de 1791. La Reina va a cumplir 36 años. La etiqueta tiene que ir con ellos. Con el traje de gala, dos camareras y Fersen, su amante, y el cochero hacen 14 personas; y todavía el vino blanco para el Rey, que no cuidaba mucho su imagen. De ese modo, dos coches resultan sospechosos, así que se encarga un coche grande, nuevo y con olor a barniz, que resulta más sospechoso. Luis XIV, antecesor, según crónicas de la época, se bañó una sola vez en su vida. Abusando de perfumes y cambiando de pelucas, consiguió, sin embargo, elevar su imagen porque inventó y usó un taco rojo de 14 centímetros de alto.

La moda posee sus imperativos. Si una presidenta debe ofrecer una conferencia de prensa y se presenta con un traje sastre rojo y a último momento nota que su traductora trae otro del mismo color, la manda a cambiarse con urgencia, sin importar la demora. Se trata de algo normal. Pero existen personajes de la escena universal que utilizan el look pretendiendo engañar al pueblo y, poco a poco, se engañan a sí mismos; además, si exageran la puesta en escena, sus figuras resultan un mamarracho.

El pobre, en cambio, no tiene estampa o figura que cuidar, porque no puede. Así, su imagen es siempre igual. Pero, como esa estampa, desde antaño, ha sido trasmitida a todo el mundo por eximios pintores, ha llegado a una cierta perfección que adorna la humildad. La mayoría caracteriza o asocia la pobreza con una tosca vestidura, alimentos que no son tales y su hacinamiento en una choza. Por desgracia, la mayoría prefiere la vida lujosa en lugar de dirigir la vista hacia la pobrería. Siempre la historia nos juzgará por haber abandonado a los excluidos, ya que las leyes no nos obligan a prestarles ayuda. Todo mejorará cuando comprendamos que no hacer el bien es moralmente vivir mal.

Retomando el anglicismo: el look no es sólo la pilcha. Una nariz prominente, un peinado estrafalario, una acentuada delgadez, contribuyen a modificar la pinta, al igual que una gordura extrema. En un banquete al que asistía gente que se conocía relativamente entre sí, de pronto un individuo codeó al joven que tenía al lado y le preguntó:

-¿Quién es la vaca esa que está en la cabecera de la mesa?

-Es la madre del ternero con el que está usted hablando -contestó.